“hm, no creo que estés a su altura en cuanto dad jokes, te lleva delantera” comenta, sus comisuras sin poder descender y borrar el gesto divertido. “eres un juez poco objetivo” se ríe con suavidad, de forma efímera, cosquillas por el contacto, la charla, un poco de todo es lo que le roba la melodía jocosa. “lo mezclamos con agua primero… y no se toma en esos pequeños vasitos de shots, sino en… otros, vasos normales que… no sé dónde están, por cierto” habla pensativa y pausada, mientras abre alguna que otra alacena, inspeccionando. “según mi mamá es con cada sorbo, pero para mí debería ser un deseo por vaso, digo, el que mucho abarca, poco aprieta” menciona el dicho, quizá ya un día entero con sus padres hace caer esas frases de polvo, así que se ríe un poco de sí misma. “además, en serio, es muy fuerte” de nuevo repite, tiene el recuerdo de alguna que otra fiesta en turquía donde todos los adultos ya estaban con torpeza apenas al tercer vaso. “apenas conoces la tradición y ya decides cómo funciona, quizá aquí funcionan contándonos todo” se inventa, arrugando ligeramente el puente de su nariz. “pues yo no sé nada de negocios, pero…” encoge sus hombros, imitando pose pensativa mientras mordisquea labio inferior. “sé qué podría darte para que caigas” juega, pero cualquier provocación subsiguiente se interrumpe con un nuevo grito de su padre: ahora pide que lleve algo dulce para acompañar, que se encuentran en la nevera. suspira, suspicaz. “hablando de tu abuelo, ¿le deseaste año nuevo ya? creo que alemania está adelantada en horario, ¿no?” indaga entonces, con curiosidad, pues viene siendo atravesada por la preocupación del vínculo familiar del mayor. “si no lo hiciste podríamos… no sé, ofrecerle una vídeo llamada o, bueno, no sé, estoy segura de que no debe ser ajeno a la tecnología, ¿eh?” indaga, o quizá tiene personas alrededor que podrían ayudarle, quién sabe. humedece sus labios, mientras ordena todo en la bandeja, detallista. “prueba uno, lo hice yo” toma uno de los dulces de la pequeña montaña, para llevarlo a la boca masculina, con delicadeza, esperando evaluación. acto seguido, levanta bandeja con precaución, no queriendo hacer esperar más la expectativa de sus familiares en el comedor.
“supongo que alcanzaré su nivel cuando me vuelva padre,” añade adoptando dramáticos aires de fingida derrota con un suspiro profundo, antes de entregarse a las carcajadas. “pero no me puedes llamar poco objetivo, sí me dan risa.” excepto que sí podía llamarlo así, porque estaba muy lejos de ser objetivo. “hablando de tu mamá… ¿dónde está?” la busca con la mirada, asomándose a la otra sala, pero sin abandonar el lugar en donde ella también se encuentra, siguiéndola si es necesario. “ya que no quieres pedir tantos deseos… ¿me estás diciendo que hoy te embriagarás?” por tomar grandes sorbos de alcohol fuertísimo, o bajo esa impresión está. si bien molesta con que ella sea la ebria, está casi seguro que él non se quedaría muy lejos. no acostumbra mucho a la bebida, no desde hace más de un lustro. “no me vas a engañar, aysun….” y pretendía llamarla por su apellido también, pero en la presencia de padre turco, no se atreve a jugar con la pronunciación, que, reconoce, ya tiene olvidada. “¿cómo es que se pronuncia su apellido, señor?” pregunta, entonces, al padre. “no quiero cagarla.” cabe la posibilidad de cagarla con la pregunta, también, pero si todos los caminos llevaban a cagarla, quizás solo tenía que atenerse a las consecuencias. “pero sí, no me vas a engañar. en todas las tradiciones los deseos son secretos,” señala, mas la sonrisa se le ladea, estudiando con curiosidad lo que parece querer decirle. “dime qué,” pide, aunque no lo piensa mucho. ya tiene una idea. o, dado que no era certero, una fantasía. “aún no lo he saludado,” admite. “estaba esperando que los dos estuviéramos en año nuevo para no tener que hablar con él dos veces,” y una nueva admisión escapa de sus labios. no era secreto para la otra que la relación entre ellos era tensa y poco grata. “sí se maneja en la tecnología. de hecho, creo que se maneja mejor que yo. en fin, no me parece una mala idea lo de la videollamada. desde que sabe de tu existencia, solo quiere conocerte.” y no lo culpa. incluso mirándola en ese minuto la ve encantadora. observa su reloj, un minuto para año nuevo. distraído con eso, acepta el dulce, el sonido de gusto abandonando su garganta con la primera mordida. asiente en aprobación. “benditas tus manos cocineras,” suelta exclamativo, antes de tragar. “¿están listos para año nuevo, familia?” abre los brazos como si pretendiera abrazarlos a los tres de una, totalmente esperando un cómico rechazo a ese abierto y confianzudo uso de la última palabra. ella, sin embargo, sí podía considerarse tal, lo aceptaran o no sus padres.












