Un dÃa todo cambio y la casa de la abuela sola se quedó.
Jamás me despedà de ti, pero cuando entre por última vez a esa casa, sentà tu adiós en mi oÃdo.
Mire tu cuarto, que aún tenÃa tu aroma a flores dulces que tanto amabas, tu pequeño televisor con fotos nuestras encima, tu cama perfectamente tendida, ese labial carmesà que me manchaba la cara de besos.
TodavÃa seguÃas ahà y yo me negaba a dejarte ir, no podÃa dejar de ser tu chiquita, no podÃa resignarme a no oÃrte cantar las mañanitas en mi cumpleaños, ni dejar de verte sentada en la punta de la mesa en año nuevo, no querÃa dejar de tocar tu cabello, no querÃa olvidar tu voz.
Pero finalmente eso paso, nadie me canta las mañanitas por teléfono, la silla de la mesa está vacÃa en año nuevo, jamás toque tu cabello de nuevo y la peor de todas, no pude recordar más tu voz.