Las hojas no caen de golpe.
Se aferran al árbol como si supieran que el viento aún no está listo para llevárselas.
Algunas se tornan doradas, otras se resisten al cambio, verdes hasta el último suspiro.
Asà es el amor que aún vive en mÃ:
una hoja que sabe que su tiempo terminó,
pero que se niega a soltarse del árbol que la vio nacer.
Cada brisa me recuerda que debo dejarte ir,
pero el corazón, como el otoño, tiene su propio ritmo.
Y aunque el invierno me espera,
yo sigo siendo esa hoja que tiembla,
pero no cae


















