— Claramente no estaba hablando por nosotras, tonta. — Resopla, rodando los ojos y cruzándose de brazos, a la defensiva. En el fondo sabía que ninguna de las dos era importante. Su cuenta de Instagram no alcanzaba el número suficiente de seguidores para ponerla en el radar. Sin embargo, estaba convencida de que si fingía lo suficiente, iba a convertirse en realidad. — Por supuesto que no fui yo la de la idea, ya te dije que yo quería ir a Europa y estaba a punto de conseguir un canje. — Exclama, molesta. — Bueno, supongo que ya no importa. Intentemos disfrutar el viaje y hacer varias historias para Instagram. — Piensa en voz alta al tiempo que agita su mano en el aire, en un gesto que acompañó sus palabras. Sabía que cuando la castaña se ponía así era mejor no discutir o terminaría en una escena de llanto frente a todos los presentes. Solo eso le faltaba para terminar de arruinar su humor del día. —La indecisión es más típica de libra. Quizás puedas hacer algo para trabajar tu ansiedad. — Sugiere en tono dulce, intentando no sonar demasiado directa. En sus años de amistad, había aprendido a ser lo suficientemente cuidadosa para no activar los berrinches de la de ojos verdes. "Seguro, culpa a tu signo zodiacal. El hecho de que tu madre sea una auténtica control freak que decide todo por ti desde que naciste no tiene absolutamente nada que ver. ", piensa mientras asiente con fingido entendimiento. — Estás perfecta. — Suelta mientras toma varias fotografías en simultáneo. — Cualquier cosa, puedo editar los detalles que no te gusten más tarde. — Agrega con la intención de apaciguar a su amiga. Al escuchar las palabras ajenas, mira en la dirección indicada. A pocos metros de ellas, encuentra el objeto de las críticas. — ¿Las puntas? Me preocupa más el bikini que lleva puesto. Es una pésima decisión y ese color no pega bien con su tono de piel, parece un outfit elegido por un ciego. — Replica con malicia, riendo por lo bajo mientras miraba a la pareja de reojo. Al cabo de unos segundos, tras una inspección más detenida, nota que había una gran diferencia de edad entre ellos. La chica probablemente ni siquiera alcanzaba la mayoría de edad. Además, por sus movimientos corporales se la notaba incómoda. En otras condiciones, la morocha jamás habría pensado en ayudarla, después de todo, era partidaria de que cada uno debía valerse por sí mismo. Sin embargo, situaciones como aquella le provocaban un desprecio profundo, el cual envenenaba su sistema y llevaba su sangre hacia el punto de ebullición. Los hombres como aquel le hacían pensar en su progenitor, rico, poderoso y omnipotente, dispuestos a abusar de su status y opulencia para conseguir lo que querían. — Vamos a buscar a Vitta. Si sigo viendo esta escena de mal gusto por un segundo más juro que voy a vomitar. — Molesta, toma del brazo a su amiga y comienza a caminar en dirección al par. — Tú puedes ir a Italia por tu cuenta, Lei. No necesitas que un don nadie como ese te invite, ¿recuerdas? Tú eres un hombre rico. — Pronuncia esa última frase imitando la voz de Cher. — Cuando tu padre te preste el Jet privado podemos ir a la semana de la moda, ¿qué te parece? — Manifiesta con fingido entusiasmo. Sabía que su padre jamás le iba a prestar el Jet, sin embargo, contaba con que la castaña se olvidara rápidamente de aquella propuesta. — Además, no sé si reparaste en su mano derecha. Ese bronceado de mal gusto resalta la marca de una alianza, obviamente está casado. ¿Te imaginas ser el plato de segunda de un tipo como ese? Qué horror. — Agrega mientras pasaban por al lado de la pareja, en un tono lo suficientemente audible como para que ambos pudieran escucharla. Confiaba en que esas palabras lograrían hacerle sentir lo suficientemente incómodo para desistir de su cometido y alertar a la muchacha. Al fin y al cabo, los hombres así solían ser unos cobardes. Sin aminorar el paso, le dirige una última mirada de reojo a la joven y continúa su camino. Eso era lo máximo que estaba dispuesta a hacer por ella, después de todo, cada uno era responsable de cuidarse las espaldas.