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—Hmm… —Se entregó a ese beso. HabÃan prometido esperar y preparar muy bien su primera vez, pero eso no significaba que no disfrutaran de esa clase de besos provocativos.
Un par de veces ya habÃan tenido la conversación sobre cuándo y de qué manera perder la virginidad, y aunque estaba totalmente de acuerdo, a veces le costaba dormir al lado de una hermosa chica, que era muy sensual sin quererlo.
Siguió besándola y al separarse suspiró -Me cuesta trabajo mantenerme en paz.
Rió suavecito. —Quizá ya deberÃamos pensar mejor en la cena. ¿O tienes algo que quieras hacer antes?
-Quiero hacer un par de cosas pero es mejor enfocarse en la cena -rió- Dime en qué puedo ayudar para comer lo antes posible. Me has abierto el apetito.
Después de reÃr, Manami lo llevó a la cocina donde le pidió que hiciera un par de cosas mientras ella ordenaba las sobras.
Cuando terminó de preparar los platos habÃa una cena bastante decente. Llevaron todo a la mesa y se sentaron a comer. Esa era una rutina que los acompañarÃa durante los siguientes años de estudios y no le resultaba para nada un mal panorama.
Regresaba de la universidad con un recipiente entre manos. Era un poco difÃcil abordar el tren cuidando que no se volteara de una forma inadecuada, pero valÃa la pena. SabÃa que Youichi ya debÃa estar en casa con Shun y se morÃa porque ambos probaran lo que habÃa preparado aquel dÃa.
Shun platicaba animado sobre su dÃa en el jardÃn de infantes. Y aunque a veces no le entendÃa mucho, se divertÃa escuchándolo y haciéndole un par de preguntas para que el niño siguiera con su relato.
-E-entonces, sensei nos pidió que mañana llevemos un juguete para explicar porque es nuesto favorito.
-¿Y cuál vas a llevar? -preguntó mientras doblaba una ropa.
-Kuma-chan -dijo seguro, pero en cuanto escuchó la puerta salió corriendo de la habitación.
-¡Papi! -lo abrazó por las piernas.
—Tadaima —dijo quedito y se agachó para cargar a su hijo con un solo brazo. El momento de ver a su amado hijo y a su novio era lo que más anhelaba durante el dÃa. HabÃa tenido práctica de judo y luego su clase de cocina y estaba agotado, pero con solo sentir los bracitos del pequeño Shun alrededor de su cuello era suficiente para ganar un segundo respiro.
Solo le hacÃa falta un beso de su novio para terminar de recargar sus energÃas.
Se unió a la bienvenida con una gran sonrisa -Okaeri -dijo mientras se acercaba y le daba un beso en los labios- ¿Estás muy cansado? -le quitó lo que traÃa en la mano- ¿Qué nos trajiste esta vez?
-¡Pastel! -gritó Shun emocionado.
—Es para después de cenar. Estoy agotado, pero si ustedes me dan otro beso estoy seguro de que tendré la energÃa suficiente para comenzar a preparar la cena —dijo rodeando la cintura de Youichi con el brazo que aún tenÃa libre.
Shun lo abrazó por el cuello y le dio un beso sonoro en la mejilla -Tu turno, pa.
You rió y se acercó -Ya tengo listo el arroz y el té. Solo falta que te ayudemos para lo que falte -susurró antes de darle un beso en los labios, bastante recatado para no dar un show innecesario al pequeño.
Shun de todos modos se rió suavecito. Sus papis se querÃan mucho y eso le ponÃa muy feliz.
—¿Les gustarÃa cenar hamburguesas? Podemos prepararlas muy rápido, asà que comeremos en poco tiempo.
-Dime en qué te ayudo para agilizar el proceso, porque es barriguita ya tiene hambre. ¿Verdad, Shun? -le hizo ligeras cosquillitas.
El niño rió y se contorsionó en brazos de Kenzo -Papi, ¿me puedo bañar antes de cenar?
-A mi me parece bien, porque te quedas dormido después. En ese caso, yo tendré que vigilar que se bañe. ¿Está bien? -le preguntó a su novio.
—Vayan. No me tomará demasiado tiempo, asà que está bien —dio un beso más a Shun y otro a Youichi antes de soltarlos. —Ve a quitarte la ropa, en un minuto You estará contigo.
El pequeño se fue corriendo y Ken aprovechó el momento para sujetar con fuerza a su novio y darle un beso un poco más atrevido. —Ahora sà estoy recargado.
Rió abochornado pero lo abrazó por la cintura -Te tengo una propuesta -sonrió al verlo a los ojos- Cuando Shun ya esté dormido, será nuestro turno de tomar un baño tranquilzante y muy relajante. ¿Te gusta?
—Esa idea me fascina —dio una rápida lamida a sus labios—, ya quiero que Shun se duerma asà que ve a bañarlo y yo haré pronto la comida.
Dio un último beso a sus labios y lo soltó. —Los estaré esperando.
-No tardamos -le guiñó un ojo.
Para cuando entró al baño, Shun ya estaba casi listo, asà que él solo templó el agua y ayudó al niño a meterse bajo el chorro. No tardaron mucho en estar listo. Shun se apreció abrazando a su osito, su fiel compañero, con un pijama azul que tenÃa perritos.
—Ya casi está listo. Ustedes dos pongan la mesa y sirvan el arroz, yo llevaré las hamburguesas en un minuto —contestó mientras ponÃa una de las tortas en papel absorbente.
Juntos pusieron la mesa y ayudaron a llevar lo que ya estaba listo a su lugar -¿Qué más hace falta? -preguntó You y Ken negó con la cabeza- Entonces hay que sentarse a la mesa.
Colocó al pequeño en su silla alta, asegurándose de que todo estaba bien ajustado. Ken llegó con la charola de hamburguesas y sonrientes ya estaban a la mesa.
Aunque esas veladas eran casi una rutina para ese momento, todavÃa le parecÃa algo increÃble que pudieran estar juntos como una familia. Hablar con sus padres fue algo que requirió mucho valor y aunque por ambos lados estuvieron muy sorprendidos, al final comprendieron y los apoyaron en su deseo de vivir juntos con Shun cuando iniciara la universidad.
TodavÃa podÃa sentir cierta molestia de parte de su padre, pero estaba haciendo lo mejor por aceptarlo y se lo agradecÃa.
Tomó la mitad de una hamburguesa y la colocó en el platito de Shun -¿Cómo se dice?
Juntó las manitas y sonrió -Tadakimasu.
Rió -I-ta-da-ki-ma-su -juntó las manos también y comió- Delicioso, como siempre.
—Me alegra… Estoy probando nuevas combinaciones. Ya sabes que me gusta experimentar y ahora que conozco un poco más me siento más confiado con eso —dijo mordiendo una porción de su plato.
-Pues te estás superando. Y ahora temo ponerme gordito porque no dejo de comer todo lo que traes a casa y lo que preparas aquÃ. DeberÃa ir al gimnasio para contrarrestar.
-Los gorditos son lindos y gracioso -dijo Shun con la boquita llena de salsa catsup.
—Podemos hacer ejercicio juntos —dijo y le guiñó un ojo—, yo te puedo ayudar con eso, ¿sabes?
Amaba poner nervioso a Youichi, pero hablaba en serio y en ambos sentidos. Disfrutaba de cualquier actividad que pudiera hacer con Youichi, fuera pasar el tiempo haciendo su rutina diaria o en actividades de alcoba.
Estaba limpiando la boca de Shun cuando el comentario en doble sentido de su chico le hizo ruborizarse hasta las orejas, y para no terminar con un clásico ataque de verborrea le dio un gran mordisco a su hamburguesa, terminando con las mejillas infladas.
-¡Papi! Dile a papito que eso es peligroso.
—Eso es peligroso. No le des un mal ejemplo a Shun —regañó medio riendo.
Continuaron comiendo mientras escuchaban algunas pequeñas historias de su pequeño hijo, compartÃan cómo les habÃa ido en sus respectivas clases y planeaban qué hacer el fin de semana.
Después de la cena, fue el turno de Ken de acompañar al menor a lavarse los dientes y arroparlo en la cama para contarle un cuento. You, se encargarÃa de ordenar la mesa y la cocina para tener una noche libre, y la verdad era que estaba algo nervioso porque Ken era bastante seductor.
—Mi amor —dijo en voz profunda cuando regresó a la cocina y lo abrazó por la espalda—, ¿ya terminaste o necesitas que te ayude?
Esa voz le causaba escalofrÃo, pero mantuvo la calma y acarició sus manos -Ya terminé, asà que estoy listo para nuestro baño juntos -se dio media vuelta para besarlo- Voy a preparar el ofuro.
—Entonces yo prepararé la habitación. Te veré en el baño en unos minutos —dijo dando un beso en su cuello, seguido por un leve mordisco y otro beso en la oreja de su novio.
Esos besos solo significaban algo: el preámbulo a un encuentro más Ãntimo y es que cuando Ken estaba peculiarmente tenso, le gustaba quitarse todo el estrés con él, y por supuesto, no se negaba a ayudar.
Todo estaba listo en el cuarto de baño y comenzó a quitarse la ropa.
Cuando todo estuvo listo en la habitación, fue hacia el cuarto de baño y comenzó por quitarse la camisa. Al entrar, Youichi ya lo esperaba asà que terminó de quitarse la ropa y se unió a él bajo la ducha.
-Hola -le sonrió y se hizo a un lado para abrazarlo después- ¿Por qué eres tan guapo? ¿Me puedes decir? -acarició sus bien formados pectorales.
—No sé. Creo que el amor me hace muy feliz y por eso me vuelvo más guapo, asà que es tu responsabilidad —dijo poniendo sus manos en la cintura de su novio, acariciando un poco hacia abajo también.
Rió -Ahora resulta que yo soy el responsable. No creo porque para mi ya eras muy guapo desde que te veÃa competir y en los entrenamientos. De lo que sà me puedo hacer responsable es de tu felicidad, porque también me haces muy feliz.
—¿Sabes que me gustaste desde la primera vez que te vi? No me cansaré de repetirlo, siento que era el destino que estuviéramos juntos. Estoy muy feliz contigo a mi lado, tan feliz como nunca imaginé estar.
Estaba sorprendido, pues eso no lo sabÃa -¿En serio desde la primera vez? Ken, en serio te mandaré analizar, no entiendo qué fue lo que te llamó la atención de mi -dijo con toda honestidad- Pero aun asÃ, me halagas mucho.
—¿De verdad no lo sabes? —comentó mientras buscaba el shampoo para lavar el cabello de Youichi— Entonces yo deberÃa mandarte con el oftalmólogo, porque tienes que estar ciego para no ver lo atractivo que eres. No encajas en el ideal japonés, pero encajas muy bien en mi ideal.
Estaba ruborizado hasta las orejas. Ken decÃa todo en sus frases y lo alegraba sobremanera -Te quiero mucho, Ken… -lo abrazó por el cuello para poder darle un beso- Quiero estar toda la vida contigo.
Frotó su nariz con la de Youichi antes de besarlo por largo rato. Luego se separó, pero permaneció con la frente pegada a la de su novio. —Youichi… quizá sea muy pronto, si lo crees asà solo dilo, pero lo he estado pensando por un tiempo. Sé que por el momento no es posible en Japón, pero ya sea de forma simbólica o alguna otra forma más oficial que encontremos, ¿te gustarÃa casarte conmigo?
Por suerte estaba bien agarrado a Kenzo, o sino sus piernas no lo hubieran sostenido, porque esa última pregunta le cimbró hasta lo más hondo de su ser. Sus ojos se llenaron de lágrimas, no le gustaba eso, pero simplemente no podÃa contener su emoción.
Estaba muy claro, desde aquel primer beso lo supo, y dÃa a dÃa lo comprobaba. Ken era el amor de su vida y con él querÃa crecer, fortalecerse y ayudar a que él lo hiciera también. Lo abrazó  y siguió llorando.
Entró en pánico, pero lo abrazó muy fuerte. —¡A-ah! Es muy pronto, lo sabÃa. Perdón, no te quiero presionar, es que… sÃ, yo sé que apenas llevamos un poco más de un año juntos, pero me siento seguro de que contigo quiero pasar toda mi vida y pues… se me vino la idea de casarnos. Lo siento, no tienes que responder ahora…
-Sà quiero… yo sà quiero -dijo levantando la mirada- Quiero casarme contigo, como sea, pero quiero que sea haga lo más oficial posible. SÃ, Ken, yo quiero ser tu esposo.
—Vamos a investigar cual serÃa la forma más oficial posible, mi amor. Quiero que seas mi esposo, quiero ser tu esposo… y que también seas padre de mi hijo. Te amo, Youichi.
Volvió a soltarse en llanto, estaba demasiado feliz -Te amo, Ken… Te amo demasiado… -se abrazó a él, escondiendo el rostro en su pecho.
Se sentÃa flotar de tanta felicidad.
Se encontraba preparando la comida para la reunión de esa tarde. No tenÃa que preparar mucho pues sus amigos traerÃan su parte, pero querÃa esmerarse en las botanas que eran su parte. En un momento comenzó a escucharse un pequeño llanto en la otra habitación y ella corrió a atenderlo. Su pequeño habÃa despertado y necesitaba un cambio. —Vamos a ponerte muy limpio y guapo para cuando vengan tus tÃos.
Desde que volvió a encontrarla, sabÃa que su vida estaba unida a ella, por eso le propuso matrimonio en cuanto se graduaron de la universidad. Ya serÃan dos años de eso, y su vida no podÃa ser mejor. Además de tener excelentes amigos con los que compartÃa momentos sinceros y de cariño.
Entró a la habitación y se recostó para besar la frente de su pequeño hijo -Mahiro… bebé lindo -le sonrió a Manami- Estoy listo. Dime en qué te ayudo para que tú también te alistes.
—¿Puedes terminar de arreglar a Mahiro? TodavÃa tengo que terminar las botanas y cambiarme.
Le dio un beso corto y le entregó la ropa del bebé. Takahiro era un excelente padre, muy paciente con el niño, aunque todavÃa no podÃa cambiarle el pañal sin hacer un desastre asà que de eso se encargó ella.
Estaba poniendo todo su esfuerzo para ser un buen esposo y un buen padre; habÃa cosas que por más que las intentara, no lograba hacer algo decente, por ejemplo: eso de cambiar el pañal, porque nadie le habÃa enseñado y jamás lo habÃa hecho, sin embargo, ponÃa todo de sà para ser de ayuda a su amada esposa.
-Bebé… bebé… -le dio un besito en la barriguita desnuda y el pequeño rió como respuesta- Te amo. Papi te ama -le sonrió mientras le colocaba el conjunto elegido por Manami- Tus tÃos están por llegar y hay que verse muy guapo.
—¿Todo bien? —gritó desde la cocina. No querÃa ser aprehensiva, pero no podÃa evitarlo. QuerÃa estar pendiente todo el tiempo de su bebé y se preocupaba de más si creÃa que no respiraba o su temperatura subÃa un poco.
Acababa de terminar de alistarlo, asà que juntos fueron hasta la cocina -Tu hijo es muy lindo, muy guapo le sonrió y Mahiro sonrió al ver a su madre- Ve a cambiarte, yo lo sentaré en su sillita mientras termino aquÃ.
—Gracias, mi amor. Prometo no tardar demasiado —les sonrió y antes de irse le dio un beso a Mahiro y otro a su esposo. —Oye, ¿a qué hora vendrá Misaki? ¿No tenÃas que ir a recogerlo a la estación?
-SÃ, pero todavÃa me quedan quince minutos para ir por él. Dijo que estaba bien si no iba, aunque ya sabes que me gusta saber que mi hermano está bien -sonrió- Anda ve.
—Está bien, amor. Me daré prisa para que puedas salir pronto —dijo en la puerta antes de entrar en la habitación.
Por su lado, Kenzo habÃa terminado de empacar la comida que llevarÃan a casa de los Takahashi. Youichi estaba encargado de arreglar a Shun y los juguetes que este le querÃa regalar a Mahiro. —Mi amor, no te olvides de la ropa también —le gritó desde la cocina.
-Estás listo -le dio un beso en la frente cuando terminó de peinar sus cabellos- Cada dÃa te pareces más a tu papá.
-¿Estoy guapo? -preguntó Shun sonriente.
-Muy guapo. Además eres tan buen niño, que eso te hace ver mucho mejor -escuchó a Ken y frunció el ceño- ¿Qué ropa?
—La que mamá nos envió que era de Shun, para dársela a Mahiro. La mayorÃa está nueva porque Shun dió un rápido estirón —le contestó. Aún conservaba algunas de las prendas más significativas bien guardadas en un mueble de su antigua habitación.