Figurémonos por un momento que en lugar de ser personas fuéramos olas en el mar y que se nos hubiera olvidado nuestra esencia, lo que nos constituye a todas y que no es otra cosa que esa misma agua de mar. Si ésto fuera así, si yo hubiera perdido la conexión con aquello que soy en esencia, consideraría a las otras olas no solo como distintas, sino también distantes.
Dicho de otra manera: Sería incapaz de ver lo que todas tenemos en común. Quizás en ese momento empezará a comprarme y fijarme en si soy más grande e importante o más pequeña e insignificante que las demás.
Por otra parte, y al darme cuenta de que con forme más me acerco a la playa más me acerco a mi final, haré lo que pueda para resistirme con todas mis fuerzas a esa muerte que me espanta. No soy para nada consciente de que, además de ser una ola de mar, soy una ola hecha de mar. Por eso, aunque la forma muere y desaparece, la esencia permanece.
La ola nace y la ola muere, pero el agua, que es vida, permanece.
- Zhuma.














