Me levante a primera hora al dĂa siguiente en Hogwarts, no entendĂa si eran los nervios, la emociĂłn por asistir a clase o simplemente ambas cosas. Para cuando mis otras dos compañeras estuvieron despiertas, yo ya me habĂa ocupado de mi aseo personal y mi cama y por supuesto, poco despuĂ©s corrido fuera de la habitaciĂłn pues mi habilidad “socializadora” parecĂa estar por los suelos como para susurrar un “buenos dĂas” si quiera. Enfile rumbo al comedor con el horario bajo el brazo esperando ansiosa en no toparme con alguna persona que deseara dirigirme la palabra porque no corresponderĂa. Era demasiado antipática o como decĂa mi hermano Liam, una amargada y gruñona.
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Scorpius seguramente seguirĂa dormido o arreglándose a esa hora, asi que ni siquiera me dedique a buscarlo. La mesa estaba ocupada por pocas personas, no como la noche anterior, ahora apenas y se ocupaba media si se juntaba a todos los grupitos regados. Tome lugar justo al centro, donde solo un chico de cabello rizado se encontraba, con un par de hojas y plumas a su alrededor. Alcance un par de panecillos con mermelada y un jugo de naranja para comenzar. No sabĂan para nada igual a los de Daphne, debĂa confesarlo, pero superaban lo regular.
Cuando el chico a escasos metros de mĂ, alzo la hoja a la altura de su cara y frunciĂł el entrecejo soltando un bufido, la curiosidad avanzo en mĂ y me obligo a elevar la mirada tambiĂ©n hacia Ă©l. TendrĂa mi edad, cabello semi rizado de un color prácticamente obscuro y sus ojos; que en ese momento dieron con los mĂos, de un tono verde brillante.  Quizás esa fue la primera razĂłn por la que decidĂ desviar la mirada algo apenada y tambiĂ©n la que me animo a acercarme.
—No es como que me incumba, pero… creo que le hace falta algo de sangre —hable alzando una vez más la mirada, sintiendo un suave calor subirme por las mejillas. El chico giro a verme, de nueva cuenta aĂşn más confundido— ÂżTe parece? No pretendo que parezca macabro, de echo —la comisura de sus labios se estiraron un pronto una risilla se hizo presente, una bastante mona y divertida. SacudĂ la cabeza apretando los labios para evitar la sonrisa que se aproximaba en mĂ. Deje el panecillo picoteado a un lado y me corrĂ sobre la banca hasta llegar a quedar frente a Ă©l— Para nada, solo le haremos un poco más interesante —alcance la hoja y de mi bolso saque un frasco de tinta roja.
No estaba segura de que ganaba yo haciendo aquello, pero no me detuve. El dibujo era bueno, una enorme serpiente, mejor conocida como basilisco, atravesada a la mitad con una espada brillante y que hasta solamente siendo un dibujo transmitĂa su fuerza. ComencĂ© a trazar lĂneas irregulares alrededor del “cuerpo” y le rellene, asĂ como tambiĂ©n, sus ojos, abiertos de par en par. PodĂa sentir la mirada curiosa del ojiverde sobre mĂ y eso me hacĂa sentir verdaderamente incomoda. Trate de no darle importancia.
—¿QuĂ© te parece? —volvĂ a extenderle el dibujo inclinando un poco mi cabeza para ver mejor su reacciĂłn. Se quedĂł callado por unos momentos y si, temĂ haberle arruinado tan gran trabajo con mi “macabridad” — Es… muy rojo —¿QuĂ©? ÂżEnserio solamente eso iba a decir? Arrugue el entrecejo un tanto molesta debatiĂ©ndome internamente en si soltarle una barbaridad o no. Eso me pasaba por tratar de hacer amistad— ÂżY…? —le presione apretando los dientes, no querĂa tampoco que notara mi molestia.
—Y… creo… creo que, me gusta —balbuceo volviendo a sonreĂrme. El calor se extendiĂł una vez mas en mi rostro y me reprendi mentalmente por ello ÂżQuĂ© diablos estaba sucediendo conmigo? — ÂżEnserio? Crei que dirias algo como “es muy espeluznante”, “has arruinado mi estupenda obra de arte niña” o algo por el estilo. Estaba lista para correr, creeme —ironice pues era lo Ăşnico que me salĂa bien Ăşltimamente. Sus cabello se sacudiĂł ante el movimiento de negaciĂłn— Por supuesto que no, bueno, no te niego que es algo espeluznante”… —rode los ojos, ya decĂa yo— pero, es real —concluyo todavĂa sin despegarle la mirada. Era como si buscara algo dentro del dibujo.
—Pues, creo que… gracias —no estaba segura si aquello era un “Me gusta” de su parte o simplemente callara el “Sigue sin parecerme atractivo” pero lo deje pasar, solo por aquella vez; porque realmente, el muchacho me agradaba.
Guardo la hoja, la tinta y la pluma en su bolso antes de volver con un par de Grageas en su mano— Soy Severus, por cierto —le di una ojeada alternativa a su ofrecimiento de caramelos y Ă©l. ÂżSeverus? AbrĂ los ojos como plato— ÂżSeverus Potter? —cuchichee y Ă©l atino a asentir. Mi padre me habĂa hablado millones de veces de los Potter y su facilitad para estar metido en los problemas gordos. Cuando lo hacĂa, su tono de voz se tornaba más agria de lo normal y a veces, terminaba las conversaciones con un “No importa. Tan solo, alĂ©jate de ellos Âżquieres Danielle?” Nunca habĂa comprendido su deprecio hacia ellos y Ă©l nunca lo habĂa comentado— ÂżY tĂş eres? —no conteste. La regla de Anthonin se repitiĂł como eco en mi cabeza. Seguramente, en otras circunstancias habrĂa salido huyendo y cumpliendo la orden de mi padre, pero por alguna razĂłn, no lo deseaba.
Potter no parecĂa malo, ni un poco, es más, parecĂa muy agradable y hasta cierto punto… lindo. No veĂa inconveniente alguno. SonreĂ— Danielle…