Los pasos de Katrina resonaban por el metal del suelo, los pasillos de la nave se encontraban completamente vacíos, la mayoría de la tripulación estaba ocupada en el comedor gozando de la comida del día.
En las manos, la rubia llevaba una charola con un montón de comida, no para ella, más bien, para la persona a la que iba a visitar, su nuevo invitado por llamarlo de cierto modo.
Slavik recientemente se unió a la tripulación y eso fue porque ella misma lo decidió para evitar que continuara pasando por el mal tiempo de vivir como un esclavo, podía ver en los ojos del muchacho su potencial para alcanzar algo más, ser alguien más en la vida, no una herramienta para un rico.
—¿Te sientes mejor? Como no te vi en el comedor, decidí traerte comida, el médico dijo que no puedes estar sin comer— Preguntó después de que las puertas se abrieran para hacer acto de presencia. El médico de la nave se encargó de tratar todas las heridas del chico y ahora solo quedaba hacer que su espíritu se recuperada, cosa que iba a poder hacer mediante descanso y un buen alimento.
Katrina distaba mucho de ser aquella bestia que acabo a golpes con casi todos los hombres que se pusieron delante suyo en esa nave en donde rescató al chico, ahora se veía como una persona, como una mujer común y corriente. Sin más, la rubia puso la charola en la pequeña mesita a un lado de la cama en donde descansaba el muchacho.