La primera vez que Nishinoya fue a recoger a Asahi a su salón cuando ambos volvieron al equipo para evitar que escapara, no tuvo que lidiar con ninguna mala mirada porque hasta los de tercer año sabían que con él no obtendrían nada de empezar a molestarlo. ¡Eso mismo gente! No llegar al metro sesenta también imponía autoridad.
Y llegar como Jesucristo resucitado al tercer día al salón ajeno, gritar el nombre de un muchacho intimidante y hacer que te siga como buena persona sumaba aún más puntos. Cosas que al libero no le importaban mucho, el ambiente alrededor le decía suficiente aunque haya escuchado en los últimos días que los llamaran “el dúo delincuente” o algo parecido. No era cierto, ambos eran un pan de Dios y los panes de Dios tienen que salir juntos, pasarla bien en sana convivencia puesto que el corazón de cristal de Asahi era para tratarlo con mucho cuidado.
Cuando terminó la práctica, dos horas más temprano porque tenían que reparar las lámparas del gimnasio., con el Sol aún en el horizonte, decidió que era aún temprano para llegar a su casa. Ya con el uniforme puesto otra vez, espero afuera al ace.
— ¡Asahi! —lo interceptó en cuanto puso un pie afuera.
— ¿Tienes algún plan? ¡Vamos a pasear un rato! ¡Vamos a tu casa si quieres! Hace rato que no voy allá. ¡Tu familia me debe extrañar!
No podía quejarse acerca de la actitud de Nishinoya hacía él. Incluso él dudaba un poco, por muy decidido que estuviese, y la verdad es que le agradecía el hecho de que se plantase fuera de su salón después de clases para ir a buscarle. ¿Como decirlo? Le hacía recordar sus decisiones y convicciones, de alguna manera. Así que todo bien.
Aunque le gustaría que la gente dejase de pensar en él como un delincuente y arrastrara a Nishinoya en eso. Tal vez eso estaba más allá de su poder.
Ya se iba re-acostumbrando a las practicas. Había perdido un poco el ritmo debido a todo ese mes sin practicar, pero ya no le suponía un problema. La ayuda de los demás y su amor por el Volley superaron cualquier problema. Aunque no se puede decir lo mismo de su carácter. No pudo evitar que su corazón diese un vuelco del susto cuando el Libero apareció de la nada chillando su nombre.
——A-Ah, Nishinoya… —Parecía que un día de estos, él solito iba a matarse de un infarto— Claro, no tengo nada planeado, así que como gustes…