Estoy corriendo desesperado por obtener ese algo que me de un despertar extraordinario que me orille a vivir de tal o cual manera. Busco el desenlace inevitable pero me olvido de vivir el clĂmax, las cosas son dadas a tiempo si se está a tiempo para recibirlas.
  La paciencia es el arte de saber que no controlo nada y que todo sucede de manera inesperada por más dominio que piense tener. Ciertamente, ser paciente es necesario para ser humilde, porque el humilde se ha olvidado de si mismo; y al no pensar en su persona no espera nada de nadie, y todo llega cuando tiene que llegar porque fluye con la vida misma. Ser humilde es requisito para ser sabio.
  El conocimiento que anhelo hoy llegará despacio porque yo me empeño en ir rápido, y la naturaleza de la vida es enseñar. La vida me enseña a ser paciente, a entender los tiempos y a no querer forzarlos. Me enseña que mis intenciones son otras, distintas a las que me digo que tengo; me enseña que mi ego sigue dominando a mi ser, y por eso no soy todavĂa.
  Debo vaciarme por completo y todavĂa no se que significa eso. En lo vacĂo esta lo Ăştil. Quiero ser alguien nuevo y sigo lleno de todo lo que me he esforzado en arrastrar durante años. Se lo que debo hacer pero no lo he hecho, está ahĂ la sutil cuestiĂłn que me sigue limitando. En teorĂa somos todos perfectos, pero en la práctica soy un cabrĂłn.
  En resumen, creo que debo ser paciente. Es lo que la vida me quiere enseñar hoy, debo ser paciente y estar atento a todo lo que me rodea, la vida me quiere enseñar y yo, hasta hoy, me he negado a aprender.
  Meza.











