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ㅤㅤ ㅤㅤyou taught me a secret language ㅤㅤ ㅤㅤi can’t speak with anyone else.
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Las paredes de su oficina eran fieles testigos del amorío prohibido que estaban teniendo, ambos eran conscientes de lo mal que estaban haciendo y cuánto daño podrían causar sus acciones, pero ¿cómo detenerse? no era amor lo que sentían, estaban obsesionados el uno con el otro, la idea de perderse por completo en la tentación de entregarse en cada oportunidad era mucho más grande que el autocontrol que ambos poseían.
Y esa noche no fue la excepción, con la excusa de trabajar horas extras, pudieron permanecer en la oficina hasta la medianoche; las manos del hombre perdiéndose en cada centímetro de su cuerpo mientras los más leves gemidos escapaban de sus rojos labios en cada oportunidad que el más alto ingresaba en ella, recordándole porque le era tan complicado terminar con esa aventura.
Las hojas del escritorio ahora esparcidas en el piso, mientras la mujer descansaba su espalda en la fría madera del mueble permitiéndose perderse una vez más en el placer -y la culpa- del momento, era demasiado tarde para detenerse y no podía pensar en alguna excusa coherente cuando sentía como la estaba llevando a su clímax.










