Ya entendí.
El circo es mi cabeza, y el trapecio colgando en el centro de la pista son mis párpados.
Cada noche hay función, desde las gradas vacías observo.
Caminas, subes la escalerilla y tomas el trapecio con tus maravillosas manos, te balanceas de un lado a otro.
La función termina y abro los ojos.
La trapecista no está, solo está la luz reflejada de su vestido y el perfume de su corto paso por mi vida.


















