Siempre que veo vĂdeos de la Transpyr me entran muchas ganas de repetirla.
El año pasado no pude ser Finisher,  me faltaron los 30 Ășltimos kilĂłmetros de la primera etapa.Â
Ahora pienso que me dio un arrebato en aquel momento y decidĂ subir la bici a la furgoneta muy rĂĄpido, tendrĂa que haber descansado, comido y seguido como hicieron muchos otros. Pero en aquel momento estaba harto de sufrir en la bici y ahora es fĂĄcil pensarlo.
La mente es puñetera, cuando estĂĄs en medio de una etapa subiendo a cinco por hora o bajando por una cuesta que te estĂĄ dejando sin espalda o llevas una hora andando por un barrizal piensas que es la Ășltima vez que te apuntas a una cosa como esa.Â
Pero cuando acabas la etapa, te duchas y te cuentas las aventuras con el resto de participantes se te olvida el sufrimiento y te levantas al dĂa siguiente con la ilusiĂłn de terminar la siguiente.
Cuando llegas a San Sebastian es muy especial. La Transpyr merece la pena por muchas cosas pero llegar allà es especial. La organización hace una ceremonia emotiva y el ver a tu familia allà esperando, es bonito.
Hay que entrenar mucho para sufrir lo menos posible. Yo el año pasado entrené pero no tanto como para ser capaz de recuperar bien.
Cuando fui al masajista despuĂ©s una semana despuĂ©s de acabar me comentĂł que habĂa pasado de 0 a 1000 muy rĂĄpido, vaya que muscularmente no estaba muy bien preparado para ese esfuerzo.
No se si repetiremos el año que viene, todo dependerå de las ganas que tengamos de entrenar lo suficiente.
De momento nos conformamos viendo vĂdeos como este.