Nueva Zelanda - Marzo 2016
Bueno, ya que al momento de escribir esto (Febrero 2021) estamos entrando en el segundo año de cuarentena post explosión pandémica gracias al COVID-19 y no se puede viajar a ningún lado, se me ocurrió que sería una buena oportunidad para escribir el post de uno de los tantos viajes sobre los que en su momento no escribí nada: Nueva Zelanda.
Como ya he mencionado en reiteradas ocasiones, la idea de estos posteos es como diario personal de viaje, ya que hay miles de detalles y cosas que las fotos no pueden captar que de otra forma se pierden.
Tiempo atrás, una de las tantas noches de cuarentena y de quedarse en casa con Cris, nos fumamos un porro, nos tomamos una birra y nos pusimos a ver fotos viejas y a tratar de rememorar el minuto a minuto de las cosas que pasaron en ese viaje. Eso sumado a que el otro día luego de haber leído la noticia sobre el golpe de estado en Myanmar, me puse a leer uno de mis posts en los que la gente local me contó la situación del país y su trágico historial con los milicos al poder, me dije: “uh… re extraño escribir en mi blog!”.
Ahora bien, habiendo pasado 5 años del viaje en cuestión, va a ser un desafío tratar de hacer memoria y recordar cosas sobre las que en su momento no tomé ninguna nota, pero bueno... vamos a intentarlo.
Para el 2015 yo ya estaba viviendo una lujuriosa vida de año sabático a puro viajes, habiendo vuelto a instalarme en Buenos Aires luego de haber dejado Londres y pasado 6 meses recorriendo Asia y USA. Aún manija con seguir visitando destinos y continentes nunca antes recorridos, hicimos nuestro research y bookeamos para el año siguiente ir a visitar Australia y Nueva Zelanda, aprovechando la conveniencia de viajar hacia dicha parte del mundo desde Argentina, haciendo uso de la próxima a inaugurar ruta aérea Buenos Aires - Auckland non stop de Air New Zealand. Un golazo, considerando que volar a ese continente desde Europa es un pijazo atómico de escalas y jet lag.
Decir que estábamos re manija desde el día cero, sería un understatement. Aeropuerto de Ezeiza; finalmente llega el momento de embarcar y la emoción no paraba de crecer… los aviones eran 0km, el personal de abordo tenía unos uniformes hermosos con símbolos maoríes y la mejor onda, la comida era buena y hasta el video previo al vuelo con las medidas de seguridad y de emergencia estaba filmado de manera muy cool con deportistas y personalidades locales de NZ. Todo al ritmo de Young Folks, que tiene uno de los silbidos más catchy del indie. Buena onda por doquier.
Luego de unas 12 horas de vuelo y habiendo viajado en el tiempo unos cuantos husos horarios, finalmente arribamos a Auckland a eso de las 5am. Si bien teníamos un itinerario súper ajustado y action packed (como siempre), decidimos de cualquier modo pasar ese primer día recorriendo Auckland, como para ver que onda, antes de volar nuevamente a la isla sur de NZ que es donde está la papa.
Teníamos reservado un AirBnb por ahí en un barrio residencial en las afueras del centro, pero aún era muy temprano para hacer check in, así que nos quedamos en el aeropuerto a tomar un café y hacer un poco de tiempo hasta que se haga la hora. Finalmente llegamos a la casa y la pareja que vivía ahí eran súper copados, nos contaron que habían estado en Argentina también. Además tenían un michi blanco hermoso, a nosotros que siempre nos da abstinencia estar lejos de los nuestros.
Nos pegamos una ducha e intentamos descansar, pero estábamos muy pasados de rosca y fue imposible, por lo que decidimos aprovechar el día y salir directo a recorrer el centro, cosa de volver temprano y bien cansados para poder dormir de corrido a la noche y que se nos acomoden los horarios y el ritmo circadiano.
Arrancamos a pata hacia el centro, que resultó ser un tirón para nuestros cansados y hambrientos cuerpos, hasta que finalmente al llegar a las periferias del centro, encontramos un restaurant chino medio dodgy de esos al que van los estudiantes ya que se come abundante y barato. Nos clavamos unos altos guisos que nos dieron energía para continuar con el paseo. De ahí bajamos todo por la avenida principal que desemboca en el puerto, con la idea de encontrar un pub para tomarnos unas birras, pero todos los de la zona eran más bien restaurantes y del tipo careta, así que seguimos dando vueltas hasta que caímos en un pub irlandes frente a la icónica torre de Auckland y nos clavamos un par. Dimos un par de vueltas por el centro y nos volvimos al AirBnb ahora sí, a descansar.
A la mañana siguiente fuimos en busca de un mercadito para comprar algo para desayunar y hacer unos sanguches para almorzar previo a viajar, pero terminamos caminando un largo trecho hasta encontrar algo, ya que para nuestra sorpresa, era feriado y estaba casi todo cerrado. Encontramos un supermercado chino pero vendía cosas muy bizarras y nada medianamente normal o apropiado para un desayuno occidental rápido. Llegamos hasta otro supermercado más grande un par de cuadras más adelante y también estaba cerrado. Por suerte había una panadería abierta así que compramos un par de bollitos y volvimos a la casa a desayunar.
Ya desayunados y con las mochilas armadas, hicimos un poco de tiempo hasta mediodía ya que nuestro vuelo salía tipo 3pm y estábamos relativamente cerca del aeropuerto. Como no habíamos podido armar un sambuchito, decidimos arrancar tranqui mas temprano y con tiempo para almorzar algo por ahí, así que agarramos las mochilas y encaramos al aeropuerto, pero en el camino a la parada del bondi encontramos un bolichito que vendía fish and chips, así que aprovechamos para comer ahí ya que se veía rico y era bastante afordable.
Ya comidos y listos para partir, nos fuimos al aeropuerto a la espera del vuelo a Queenstown, principal ciudad de la isla sur y capital nacional de los deportes extremos. El vuelo era corto y para la tardecita tipo 5 o 6 ya estábamos en Queenstown haciendo check in en un hostel para pasar la noche antes de arrancar la aventura. Salimos a caminar alrededor del lago a absorber la inagotable belleza natural que es Queenstown (y todo el país en verdad). Habiéndonos regocijado y absorbido la paz del lugar, nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente se puso en marcha desde muy temprano el protocolo aventura. Desayunamos algo y mientras Cris hacía el checkout y demás preparativos, yo me tomé el bondi al aeropuerto para acortar distancias y abaratar el costo del taxi (mi familia es jurío) que me tuve que tomar desde ahí para retirar la campervan que sería nuestro hogar y móvil por el resto de nuestra estadía en la isla.
Estaba emocionado porque además de que me encanta manejar, era mi primera vez en un vehículo con el volante a la derecha, estilo inglés. Igualmente estas camionetas tenían todas caja automática así que no costaba demasiado adaptarse. El único problema era que la luz de giro está también del lado opuesto al que nosotros acostumbramos, así que en vez de indicar mi giro, prendí el limpiaparabrisas unas 20 veces hasta que me acostumbré.
Me volví directo para el hostel en el que estábamos y estacioné la camioneta ahí mismo en su parking. Cargamos nuestras mochilas y cosas ahí dentro y nos fuimos directo en vistas de cumplir uno de los sueños más grandes de mi vida, que era hacer SKYDIVING!! Todo lo que sea adrenalina me encanta, así que no daba más de la manija de tirarme desde arriba de un avión en caída libre.
Fuimos a las oficinas del lugar en el centro, desde donde te llevaban en una combi hasta el hangar en las afueras donde tenían su base de operaciones. Te hacían todo el briefing, como te tenías que posicionar, etc y te daban un chaleco para que te pongas. De ahí directo al avión con tu instructor asignado. Por suerte Cris y yo fuimos en el mismo vuelo y nos tiramos con una o dos personas de diferencia nomas.
Sure, sex is great… but have you ever flown in an avioneta? ESO es volar! ¡Nada de cabinas presurizadas! Sentís que sos el hijo del viento, como el Pájaro Caniggia (?). Sumado al hecho de que hacía un día un 5000% peronista, ni una nube en el cielo y visibilidad perfecta, ya solo el mirar el paisaje de las montañas y lagos por la ventanilla era terriblemente emocionante.
Finalmente cuando el avión alcanzó la altitud crucero, se prendió una luz verde, se abrió la puerta y off you go!! Cuando llegaba tu momento de saltar, la emoción era indescriptible… te sentabas en el borde de la puerta con las piernas hacia el vacío, el instructor te preparaba y ponía en posición de banana y antes de que puedas rescatarte de nada… FIUUUM!! El chabón te tiraba y en menos de un segundo estabas en caída libre!!. Nunca voy a olvidar la sensación… porque una cosa es saltar onda tirarte un clavado al mar o la pileta desde un par de metros de altura, pero aca estas arriba de un vehículo en movimiento yendo a fácil más de 150 km/h y a unos 4 km de altura!
Apenas saltás el estómago (y las bolas) te suben más o menos hasta el cuero cabelludo. Después es pura adrenalina y emoción mientras caes en picada por lo que se siente como unos largos minutos hasta que el tipo tira de la piola y se abre el paracaídas principal. Una vez que se despliega sentís como te frena inmediatamente de un tirón y empezas a descender lentamente mientras aprecias la inmaculada belleza de los picos nevados, valles de agua cristalina, ríos turquesa y campos verdes hasta donde te da la vista.
Un par de giros y maniobras en el aire para absorber la absolutamente increíble experiencia y belleza del lugar, y ves como te vas acercando al campo de aterrizaje. Cuando estás ya a pocos metros, levantas las gambas y aterrizas de culipatín. Te desenganchan del arnés y volvés al hangar con la adrenalina hasta los párpados y una manija que te dan ganas de gritar. Y así quedas por un rato eh… la experiencia es tan fascinante que es difícil de asimilar.
Finalizada la maravillosa experiencia, la combi nos llevó de vuelta al centro y ahí nomás agarramos la camper y decidimos aprovechar el resto de la tarde para visitar Arrowtown, un antiguo pueblito minero ubicado a pocos kilómetros de Queenstown. Era muy pintoresco, todo con casitas de madera onda lejano oeste americano que se ve en las películas. Era tan sólo un par de cuadras de largo así que luego de caminarlo en toda su extensión, nos subimos de vuelta a la camper y fuimos a ver el lago Hayes que quedaba de camino en la vuelta a Queenstown.
Ya de vuelta en el centro al caer la tarde, fuimos en búsqueda de algún camping donde pasar la noche, ya que no teníamos nada reservado aún. De acuerdo a nuestra investigación previa, no era muy complicado conseguir camping, ibas a uno como walk-in y listo… peeeeeero resultó que tal como habíamos descubierto el día anterior, era feriado nacional y finde largo, y los kiwis aprovecharon para hacer turismo local por lo que todos los campings del centro estaban bookeados hasta la re chota. Un bajón, pero no nos preocupamos demasiado y decidimos ir en búsqueda de otros campings alternativos.
Finalmente cayó la noche y no encontramos ningún lugar donde pasar la noche, estaba todo reservado. Ahí si nos empezó a pintar la desesperación y dijimos… que tal si vamos al lago en el que estuvimos hace un rato? Habían varias campers acampando ahí!. Llegamos bien de noche al lago en cuestión, y en la entrada al camino había un cartel que decía “Self contained vehicles only”. Mmh. ¿Qué querrá decir eso?, nos preguntamos inocentemente. “Se debe referir a que no podés clavar una carpa” asumí yo. Si total nuestra camper tenía cama adentro, y todo lo que necesitábamos para pasar la noche sin dejar huella en el camino. “Bueno, ya fue”, dijimos y nos aventuramos a buscar un lugar tranquilo y conveniente frente al lago donde pasar la noche. Para ser honestos, a esa altura no teníamos otra opción tampoco.. Habíamos agotado todos los recursos.
El lago era hermoso y la paz absoluta. Sacamos nuestra garrafita y cacharritos y nos preparamos una fantástica cena campestre en la naturaleza. Como el lugar era hermoso y la noche estaba bien despejada, sacamos las colchonetas de la camioneta y nos tiramos en el pasto a mirar el cielo, sobre todo las miles de estrellas que se veían desde ahí al estar tan alejados de los grandes centros urbanos y su contaminación lumínica. Fue genial, incluso vimos una estrella fugaz y todo. Pero como estábamos on a tight schedule con miles de cosas por hacer en tan poco tiempo, nos fuimos a dormir para arrancar temprano la mañana siguiente.
Al otro día me levanté muy felizmente a mear y a estirar las piernas y disfrutar de la brisa matinal, y en eso veo un papelito enganchado debajo del limpiaparabrisas. Me pareció muy raro y no se me ocurrió que podía ser ya que estábamos bastante alejados de la ciudad en el medio de la ruta donde no había nada más que éste lago, al cual te tenías que adentrar un tramo por un camino separado. Agarré el papelito con curiosidad, y para mi deleite me desayuné con que nos habían enchufado una multa por acampar en un lugar no permitido. QUE??!! Dije, si estábamos en nuestra camper lo mas tranqui sin joder a nadie!! Como puede ser!?! Con la luz del día pude ver alrededor y al juzgar por los autos acampando me di cuenta que los “self contained vehicles” que mencionaba en la entrada, se refería a las RV de esas onda casa rodante con baño y toda la pelota. No se bien por qué, ya que el lugar ofrecía baños habilitados para que la gente use gratis! Qué diferencia hace??. En fin, la jodita me terminó costando la friolera de 200 DOLARES!!!!! Ok, eran dólares neozelandeses, que convertidos en dólares americanos eran algo así como… 140, ja! Que pijazo la puta madre, yo que siempre al alquilar vehículos en vacaciones soy re consciente y respetuoso de todas las leyes locales y no te excedo el limite de velocidad bajo ninguna circunstancia… una bronca. Pero bueno, para ser honestos no tuvimos mucha alternativa, no teníamos idea donde pasar la noche si no, y no conocíamos las reglas de wild camping.
Por esa misma razón y de cualquier modo sorprendentemente no me dolió tanto pagar esa multa, que encima pagar online desde el celular inmediatamente y evitar que el rental me cobre un interés extra más adelante en mi tarjeta. Me dolió muchísimo más ser estafado y pagar 20 dólares un pancho de mierda en New York… ciudad overrated del ojete y la puta que la parió!. Pero eso es historia para otro momento. Lo que sí me dió bronca de la multa es que la hora de expedición del ticket marcaba algo así como las 5am, y era onda daaaale… TAN gorra vas a ser!! Sobre todo porque yo me había levantado a eso de las 6 y pico, y me perdí por poquito la oportunidad de escapar o de llorarle al zorro que no me abroche de esa forma.
Un desayuno y doscientos dólares más tarde, arrancamos viaje hacia Milford Sound, una zona de fiordos al sudoeste de la isla. El camino hacia allí bordeaba el Lago Wakatipu (sobre el que está Queenstown) y luego seguía por toda la zona montañosa, y esto fue un denominador común de todo el viaje y caminos que agarramos, por lo que los paisajes nunca eran nada menos que hermosos e impresionantes.
En teoría el viaje hasta Milford Sound no era tan largo, unas tres horas y media desde Queenstown, pero para cuando llegamos a Te Anau, que era el primer pueblo en el que desembocaba la ruta hacia la bahía oeste del lago Te Anau, fuimos al centro de información turística y nos dijeron que el último ferry de Milford Sound salía a mediodía, y si bien aún era temprano, no había forma de que lleguemos a tiempo ese día.
Decidimos por lo tanto aprovechar el día recorriendo la zona de Te Anau, compramos los tickets para el ferry al día siguiente en una agencia turística para ganar tiempo, aprovechamos para stockearnos de víveres en el supermercado y luego seguimos viaje para pasar la noche en el último camping más cercano a Milford Sound, cosa de arrancar el día siguiente lo más cerca posible de los fiordos y agarrar el primer ferry disponible para poder aprovechar el resto del día y ganar tiempo y acortar distancias con los siguientes destinos que queríamos visitar, para los cuales teníamos que volver por donde vinimos hasta Queenstown ya que no habían otras rutas o caminos que te conecten directo hasta allá.
Llegamos a la tarde temprano al último camping en cuestión, y el lugar era una hermosura. Era más bien un camping para campers, no había planicies donde poner carpas o cosas así, ya que estaba en el medio de las rocas y de los arroyos que desembocaban en el lago. Un lugar increíblemente tranquilo y relajado, estaba administrado por una pareja de viejitos que vivían en un trailer y todo se manejaba con el sistema de honor. Había una cucheta en la entrada en la que agarrabas una especie de ziploc que tenía un papelito donde anotabas la patente de tu auto y ponías la plata con lo que costaba la noche. Esa bolsita la depositabas dentro de un buzón y ellos luego la checkeaban.
Esa tarde estuvo lloviendo por un par de horas cuando llegamos, por lo que aprovechamos para hacer absolutamente nada más que chilloutear. Estacionamos debajo de unos árboles que nos daban refugio y teníamos convenientemente cerca ahí detrás un arroyo de agua que circulaba por las piedras, lo cual inmediatamente aprovechamos como heladera natural y enterramos un par de birras para refrigerar. Un rato más tarde dejó de llover y salimos a caminar por un sendero que había en el camping que desembocaba en un lago medio escondido.
Habiendo disfrutado el día a pesar de no haber ido exactamente de acuerdo al itinerario, finalmente arrancamos hacia Milford Sound a la mañana siguiente. El clima en esa zona es medio tramboliko y cambiante, pero cuando llegamos al estacionamiento del lugar no llovía y no hacía tanto frío, por lo que agarré una camperita normal ya que me parecía suficiente.
Una vez que subimos al barco y arrancamos fuimos una vez más cacheteados por la indescriptible belleza del lugar, y si bien estaba nublado, por suerte no llovió y pudimos estar en la cubierta del barco apreciando el paisaje. Lo malo es que no calculé que en el medio del agua iba a soplar el chiflón el doble, y con mi magra camperita me terminé cagando de frío. Pero bueno, eso no me empañó la experiencia en lo absoluto. Lo único fue que en teoría el paseo incluía almuerzo, que consistía en un fish and chips que si bien estaba rico, era muy escaso y nos cagamos de hambre hasta la tarde.
Habiendo concluido el paseo por Milford, nos subimos a la van y le dimos duro hasta Lake Wanaka, que era el punto de partida para la siguiente seguidilla de destinos que queríamos visitar. Como el viaje hasta allá nos tomó un poco más de 5 horas, al llegar a Wanaka recorrimos un poco el lago y de ahí nos fuimos a buscar un camping para pasar la noche y quedar más cerca de la ruta de los glaciares que queríamos hacer a continuación.
Conseguimos un camping piola y nos pusimos a preparar algo de cenar, y en eso conocimos una parejita de argentinos que estaban viviendo por un año en NZ haciendo el Work and Travel. Nos contaron que iban a hacer el sendero del Roy 's Peak, que es un mirador desde el cual se ve una panorámica todos los lagos y picos de la región. Muy lindo por lo que se veía en fotos, y me quedé con ganas de recorrerlo, pero no nos daba el tiempo. Nuestro plan, en cambio, era ir al parque nacional Mount Aspiring, al oeste de Wanaka; y hacia allí encaramos la mañana siguiente. Cuando llegamos al camino que se adentraba al lugar, vimos que habían unos afluentes de agua que atravesaban el camino y carteles de advertencia sobre el estado del camino, sobre todo con lluvias. Como parecía avecinarse una tormenta en el horizonte y dado que nuestra camper era más bien un autito largo con ruedas chiquitas, no quise arriesgarme a quedarnos varados o romper la camioneta de ninguna forma, así que terminamos desistiendo y pegamos la vuelta.
El viaje hasta Mt. Aspiring en si, no era tanto, pero teníamos planeado hacer unas caminatas al llegar ahí de hasta 4 horas, pero dado que cancelamos todo eso, decidimos arrancar directamente hacia el siguiente destino, el Fox Glacier.
La ruta hasta el glaciar era súper verde y sinuosa, muy linda y divertida para manejar, sólo que efectivamente nos agarró esa lluvia que veíamos venir a la mañana, y la visibilidad era bastante reducida. Por suerte teníamos tiempo para ir tranquilos, y aprovechamos para almorzar en un parador random en el medio de la nada al llegar hasta la costa de la isla. Sin bajarnos más que para ir al baño, ya que seguía lloviendo bastante.
Por suerte para cuando llegamos al pueblo aledaño al glaciar había dejado de llover y se estaba despejando, y dado que ya era tarde para ir al glaciar, decidimos buscar campamento y pasar el resto del día ahí. De cualquier manera salimos a dar una vuelta por el pueblito, pero no había demasiado para ver o hacer así que nos dedicamos a descansar.
A la mañana siguiente fuimos al Fox Glacier. Había que caminar un rato por un sendero para llegar, el cual incluía caminar al lado de un arroyo y cascadas hasta llegar al mirador. Muy bonito todo. El único tema de estos glaciares era que desde el mirador se ve solo el extremo final de donde nace (o termina) el bloque de hielo, por lo que a menos que lo camines por arriba o hagas el tour en helicóptero, no se aprecia en toda su magnitud.
Una vez finalizado el paseo, encaramos para el siguiente glaciar, el Franz Josef. Si, hay dos glaciares casi uno al lado del otro. Para ese entonces ya era mediodía y hacía por suerte un día extremadamente peronista. Nos metimos por un camino medio random y desembocamos en un parador en el medio de la nada, con vista al glaciar, las montañas, largos campos de verde y vaquitas. Una maravilla de paisaje y tranquilidad. Ya con la panza llena y el corazón contento, finalmente llegamos al Franz Josef Glacier. Este era el más grande de los dos, pero el acceso era mucho más directo desde la playa de estacionamiento por lo que no nos tomó demasiado tiempo recorrer.
Como para casi todos los lugares que fuimos, ir de un punto al otro implicaba volver sobre tus pasos y recorrer la misma ruta en sentido contrario, lo cual en esta oportunidad significaba unas cuantas horas de manejo hasta llegar al Mount Cook, nuestra siguiente parada. Pero en esta oportunidad, casi que fue una bendición, ya que el hermoso camino que hicimos a la ida lo transitamos con mucha lluvia y no lo pudimos apreciar bien, así que esta vez sí, paramos en todos los miradores que encontramos de paso.
Varias horas de ruta más tarde, llegamos a la recta final del camino al Mount Cook, el cual iba bordeando todo por el costadito del Lago Pukaki. Si te muestro una foto de ese lago, vas a pensar que está photoshopeada, pero no… simplemente tiene el más increíble de los colores. Un turquesa intenso que parece un espejo, una locura. El camino seguía así con sus increíbles paisajes y colores hasta que llegabas finalmente al pueblito en la base del Mount Cook, que ni siquiera era un pueblito sino un par de hoteles y centros de turismo. El estacionamiento, camping y punto de entrada al sendero, estaban un poco más adelante.
Estacionamos la van por ahí y como ya eran cerca de las 6 de la tarde y el clima estaba medio sospechoso, no teníamos intenciones de hacer la caminata ese día ya que teníamos entendido que tomaba varias horas, pero finalmente al llegar a la entrada vimos que el clima aguantaba y que el sendero era super fácil de caminar, así que nos mandamos ahí nomás.
El sendero era todo una pasarela onda deck de madera e incluía un puente colgante en un momento, mientras veías la montaña acercarse cada vez más. Para cuando llegamos al mirador del final, por suerte la nube que encapotaba el pico del monte se corrió y nos permitió apreciarlo en todo su esplendor. Al final terminó siendo ideal hacer la caminata a esa hora, ya que no había demasiada gente pululando alrededor. Nos quedamos apreciando el lugar un rato sentados en unas piedras frente al lago en el cual flotaban tremendo bloques de hielos del glaciar que había al lado. Muy regocijante todo.
Recorrido el Hooker Valley track (así se llama el sendero) y con el final del día encima, nos metimos en el refugio que había frente al estacionamiento, con varias mesas compartidas y lugar para cocinar y esas cosas. Estaba bastante lleno de gente, sobre todo de grupos de pendejos escabiando y jodiendo, por lo que comimos nuestro guiso y nos fuimos a dormir, asegurándonos previamente de estacionar lo más lejos posible del grupo de pendejos ruidosos, ya que no queríamos que nos despierten a mitad de la noche con su bullshit.
Ya con el último de los puntos en el itinerario recorridos, la mañana siguiente arrancamos tranquilamente encarando de vuelta hacia Queenstown, aprovechando el día que estaba hermoso para visitar todos los lagos y miradores que se nos aparecían en el camino.
No recuerdo exactamente a qué hora llegamos, pero al llegar fuimos a hacer las reservas para ir a hacer bungee jumping al día siguiente y más tarde pasamos por el supermercado a comprar unas birras y algo de comer, y como ya era entrada la tarde noche habían un par de comidas preparadas en oferta así que aprovechamos la oportunidad. Fuimos al camping principal del pueblo en el que no conseguimos lugar la primera noche, y por suerte esta vez no hubo drama. Fuimos a hacer el check in y nos encontramos con que la piba que nos atendió era la misma que nos encontramos aquella vuelta en el camping de Wanaka!
Esa noche comimos ahí y no volvimos a bajar al pueblo, si no que aprovechamos para armar nuestras mochilas y ordenar un poco, ya que al día siguiente teníamos que devolver la camper.
La mañana siguiente fuimos a desayunar algo al comedor del camping y pusimos los celulares a cargar para tirar durante el día. Desayunamos lo más tranqui y un rato más tarde cuando nos disponíamos a irnos, Cris encuentra que su celular estaba apagado y tenía la pantalla agrietada en una esquina. Se ve que a alguien se le cayó o algo, cuestión es que no arrancó nunca más y se quedó sin teléfono por el resto del viaje (todo Australia!), lo cual fue una cagada por no poder sacar fotos ni nada de eso.
En fin.. Nos fuimos del camping y la dejé a Cris en el hostel donde nos quedamos la primera noche haciendo el check in mientras yo me fui a devolver la camper al depot en las afueras de la ciudad. No tuve ningún problema al devolverla por suerte, pero como era en el medio de la nada, no había otra manera de volver que con un taxi, como hice a la ida. El flaco de la camper me llamó uno y al toque me pasó a buscar. Me preguntó hasta dónde iba y le dije que a la parada de bondi en la entrada al aeropuerto y me preguntó que porqué no iba directamente al pueblo en el taxi. Le expliqué que era jurío y estaba on a budget y no podía pagar la fortuna que me costaba el viaje hasta allá. Me dijo que él se dirigía hacia Queenstown de cualquier modo, así que me propuso llevarme y apagar el taximetro a la altura de mi destino original (el aeropuerto) y el resto era de onda, no me cobraba nada. Un capo!! Se re portó, muy poco tachero de su parte. En el viaje nos pusimos a charlar, me preguntó de dónde era y me contó que era skater y que había estado en Buenos Aires, y que le gustó pero no se sintió muy seguro porque encontraba que la gente (los pungas, bah) lo miraba de manera sospechosa en algunos lugares. Welcome to the tercer mundo, buddy! Me dejó por ahí en el centro y me fuí para el hostel a encontrarme con Cris. Hicimos un poco de tiempo en el hostel, nos vimos The Boat That Rocked (peliculón!) que tenían ahí en DVD y finalmente encaramos hacia la última de las aventuras de alta adrenalina que teníamos en el bucket list kiwi: bungee jumping.
Un bondi nos llevó hasta el Kawaru Bridge, que es el primer puente desde el que se inició toda la actividad de bungee en NZ. Eran 42 metros de altura sobre un río cristalino de agua de deshielo. ¡Una belleza! Finalmente nos tocó el turno y toda la situación fue muy placentera. En los parlantes sonaba el Rumours de Fleetwood Mac y los pibes que laburaban ahí eran súper buena onda. Te pesaban para ajustar las sogas acorde y te preguntaban si querías tocar el agua con las manos al caer. Nosotros le dijimos que sí, obvio! Te envuelven las piernas en una toalla, te ponen y ajustan el arnés, te muestran donde están las cámaras para que saludes y te veas en el video y te explican como es el procedimiento para que te saquen del agua los pibes que están abajo en un bote.
Mucha gente se tiraba de palito, otros medio de panza, otros medio como podían. Yo me dejé caer con la cabeza para caer de manera más arqueada y optimizar el arco de la caída. Ahora, si bien es verdad que ya veníamos de habernos tirado desde el cielo a 5km de altura y acá estábamos “tan solo” a 42 metros, el vértigo no era menor, porque nadie te empujaba, te dejabas caer o tirabas vos mismo, por lo que el build up a la caída era re intenso! Ese instante en el que tu cuerpo se inclina hasta que tus pies dejan de pisar la plataforma, son espectaculares!! Pegué un grito de emoción que se puede escuchar con claridad en el video, y caí con tanto envión que no solo toqué el agua con las manos como era la idea originalmente, sino que me zambullí hasta la panza! Fue muy lo más!
Luego de rebotar un par de veces, los flacos del gomón me alcanzaron un palo largo para agarrarme (no pun intended) y de ahí me desengancharon y llevaron a la orilla desde donde subís hasta la recepción y retirabas el código para descargarte los videos de su web luego. Súper contentos de haber podido cumplir con tantas actividades de alto contenido adrenalínico que nos habíamos propuesto realizar en nuestra estadía en New Zealand, nos volvimos para el centro a disfrutar del resto de nuestro último día en el país. Aprovechamos para ir a una popular hamburguesería que siempre tenía largas filas de gente en sus puertas porque al parecer eran da shit. Nos compramos un par, unas birras, y nos fuimos a comer sentados frente al lago. As cool as it gets! A la noche salimos a caminar y comprar recuerditos y giladas en el centro antes de irnos a dormir para viajar descansados al día siguiente.
Hicimos checkout en el hostel luego de desayunar y nos fuimos tranqui a esperar el bondi al aeropuerto, donde nos esperaba el vuelo para el siguiente tramo de nuestra aventura: Australia! Capaz en un tiempo nos pongamos a rememorar esa parte del viaje con Cris y escriba el próximo post en este afán (?) de recuperar los posteos perdidos.
Pero bueno, así fue como concluyó nuestra estadía en esa maravillosa isla, que superó con creces las altas expectativas que tenía, y permanece al día de la fecha en mi Top 3 de destinos naturales preferidos, cabeza a cabeza con Islandia.










