Hizo un alto para ajustar los tirantes de la mochila y secarse el sudor, era una tarde calurosa, ya llevaba menos carga y era necesario hacerla más chica para avanzar hacia el siguiente destino, ¡Bravo por la mochilas que se hacen chicas y grandes!, hoy tocaba hacerla chica para que solo cupieran otros tenis de repuesto, el thermo (obvio), la libreta y un nuevo accesorio, una vela que se irĂa pendiendo todas las noches para platicar con ella misma, con los miedos acogidos con cariño, con la ira acunada con ternura y con el dolor comprendido como fiel compañero. Esa vela venĂa cargada de intenciones, oraciones, de un amor infinito que la alumbrarĂa cada noche, en cada diálogo que la llevarĂa a dormir en paz, con ella y todos los que fueran apareciendo. En esa caminata sobraron los motivos para divertirse, algunos tan simples que parecerĂan bobos. No habĂa nada simple, todo era tan complejo que pocos comprenderĂan. SiguiĂł hablando para ella misma mientras se volvĂa a colgar su mochila y un extraño le decĂa “¡hola, me gustan tus manos, te vi a lo lejos y tenĂa que decĂrtelo!” Sin dudarlo, abriĂł el cierre externo de su mochila y sacĂł esa manita que la acompañó en el viaje anterior. Se la regalĂł y le dijo: “ya me acompañarás por otra.” Ambos rieron y fueron por un trago a mitad del dĂa, a mitad de la 46 oeste, algo muy de mitad de primavera en #NYC. La mochila, la vela, la mano, el trago, la calle, la primavera, la caminata, todo era parte de un todo en su hoy. Mañana ya veremos. #cuentosdeAna #thebag #theroad #thecandle #thehand #thelaught #walkingaround #laeternaviajera (en West 46Th Street Nyc) https://www.instagram.com/p/CPFB7CuDxmS/?utm_medium=tumblr