Ë â â â â â đ§đđŠđ 02: en la penumbra del confesionario, aprendĂ que el perdĂłn es una mentira con sotana. ( @losavntos )
Los escasos metros que lo separaban de la entrada a la sala de interrogaciones se sintieron como una pasarela diseñada para acrecentar el nerviosismo y la ansiedad acuciante de un momento tan clave. Fue capaz de escuchar las palpitaciones agitadas de su propio corazĂłn tronar contra sus canales auditivos, mas estas se vieron interrumpidas por el sonido de los tacones de Amanda Liao. CentrĂł la atenciĂłn en aquella mujer tan fĂ©rrea, tan impoluta y agraciada. Era ella quien dirigĂa la marcha; estaba unos pasos mĂĄs adelante que Ă©l y todo en su lenguaje corporal gritaba que no habĂa espacio para las equivocaciones, para los malos desempeños. Niall se habĂa relegado a dejarse entrenar tanto como fuese posible, pues, por su cuenta, se sentĂa como un caso perdido. Incluso si sus cargos no eran igual de graves que los de otros miembros del CĂrculo, el resquemor por lo que significaba encontrarse envuelto, de nueva cuenta, en una investigaciĂłn policial se encontraba tan latente que una punzada en el pecho le acortĂł la respiraciĂłn.
El detenerse frente a la puerta fue brusco, tan absorto como se hallaba en su cabeza al repasar el papel que interpretarĂa y cĂłmo repartirĂa sus cartas. Amanda se volteĂł para clavar sus ojos oscuros en sus azules. Fue una milĂ©sima de segundo que se sintiĂł como una eternidad. Era el preludio de lo que vendrĂa: miradas inquisitivas fijas en su persona. El reflector puesto sobre Ă©l y su relato. Sin embargo, en ese instante, se dio cuenta de que la abogada contaba con la capacidad de ver a travĂ©s de Ă©l. Ella lo tomĂł del mentĂłn, y sus yemas le presionaron las mejillas para que no rehuyera de su mirada.Â
âNo lo arruines âle advirtiĂł, y en sus palabras sintiĂł el peso de las expectativas no solo de la mujer, sino de su propio padre, y hasta de Ă©l mismo.
El principio de su respuesta fue un corto asentimiento. Como pudo, alzĂł la barbilla, haciĂ©ndose de una confianza en sĂ mismo que Ășltimamente le faltaba, pero que era mĂĄs que necesaria en el estado actual de las cosas. Flaquear no estaba permitido. No podĂa arriesgarse a dejarse vencer por el par de detectives, mĂĄs allĂĄ de lo implacables que fueran.
âNo lo harĂ© âreplicĂł resuelto. La mujer le palmeĂł la mejilla derecha en un gesto que se pretendĂa alentador. No obstante, en ese instante se sintiĂł nimio, un mero peĂłn en un tablero mucho mĂĄs grande del que era capaz de ver.Â
No tardĂł en abrir la puerta para demostrarle que estaba listo, y le permitiĂł que ingresara primero para establecer cierta dominancia. Ăl entrĂł despuĂ©s, encontrĂĄndose con Amanda estrechando las manos de Varela y Jesperson. ImitĂł a la abogada de manera mĂĄs ligera y simpĂĄtica, como si no estuviera en una situaciĂłn de entredicho. Se ganĂł un vistazo recargado de reticencia por la parte masculina del dĂșo. Mientras tanto, Varela hizo un ademĂĄn hacia la silla vacĂa frente a ella. La otra ya estaba ocupada por Amanda.
âTome asiento, por favor âle indicĂł y Ă©l asĂ lo hizo. Se acomodĂł en la silla con pulcritud; pegĂł la espalda al respaldo y descansĂł las manos sobre la superficie de metal. Si bien los nervios lo carcomĂan por dentro, hizo su mejor intento porque esto no repercutiera en su cuerpo.
La introducciĂłn que prosiguiĂł lo mantuvo en una especie de vilo, aun si Liao le habĂa advertido que jugarĂan con la situaciĂłn y la moldearĂan a su favor con el evidente fin de quebrarlo. Que la emocionalidad se colara bajo su piel no estaba en sus planes, mucho menos en los de la mediĂĄtica representante legal. SabĂa que el sosiego serĂa su arma principal, incluso cuando su temperamento no lo acompañaba ni lo habĂa estado acompañando en el Ășltimo tiempo. AsĂ que asumiĂł un rol silencioso, les permitiĂł montar su pequeño espectĂĄculo y se limitĂł a reacciones meramente gestuales. La mirada soslayada, pero penetrante de su abogada era lo que lo tenĂa atado a una actitud impasible. Cuando al fin concluyĂł el acto, curvĂł sus labios en una simple sonrisa con la que querĂa transmitirles que estaba listo para cooperar.
âNiall âlo llamĂł Varela, y no pudo evitar arquear las cejas en sorpresa. La detective lo notĂł y carraspeĂłâ. ÂżTe molesta que te llame por tu hombre?Â
âNo âdijo sin rodeos cuando se acompañó de una negaciĂłn con la cabeza.
âBien âla mujer demostrĂł su lado mĂĄs carismĂĄtico, que se plasmĂł en el atisbo de gracia sobre sus preciosas faccionesâ. Entonces, Niall, Âżpor quĂ© priorizĂł ayudar a Ferran Dupont antes que intervenir en favor de Otis Melbourne?
TardĂł unos segundos en procesar la interrogante. Segundos que sintiĂł perder y que el choque de la rodilla de Amanda contra la suya tratĂł de hacerle recuperar. InhalĂł profundamente, llenĂĄndose los pulmones de oxĂgeno fresco. EmpezĂł por un encogimiento de hombros.
âNo lo sĂ© âfue sinceroâ. No se tratĂł de una acciĂłn premeditada. Solo sucediĂł de esa forma. Asistirlo a Ă©l, a Ferran, fue mi primer instinto âen eso tampoco mintiĂł. Nunca supo con exactitud quĂ© lo motivĂł a desatender la situaciĂłn en general para poner su atenciĂłn en el francĂ©s. Tal vez fueron sus sentidos alterados por el estado etĂlico en que se encontraba que solo lo llevaron a enfocarse en una parte y no en el todoâ. No quise ignorar lo que pasaba con Otis ni todo lo demĂĄs. No fue adrede. Simplemente pasĂł asĂ. No tengo mucho mĂĄs que decir al respecto.
Los ojos de Jesperson estaban clavados en Ă©l, mientras que Varela se encargaba de escribir en su libreta. Niall hizo el intento de conjeturar quĂ© de lo dicho era lo que terminaba siendo inmortalizado en el papel. La mujer se volviĂł a Ă©l una vez finalizĂł su tarea y abriĂł la boca para hablar, mas su compañero le ganĂł de mano. Con la mirada entornada, denotando suspicacia, Jesperson pronunciĂł: âSeñor Byrne, dĂgame, ÂżcuĂĄl era su percepciĂłn de Otis Melbourne como becado dentro del cĂrculo?
âBueno âemprendiĂł luego de aclararse la gargantaâ, la verdad es que no tengo nada en contra de los becadosâ becados, suena tan⊠Tendencioso âno pudo evitar el comentario que le ganĂł otro rodillazo por parte de Liao.
âNo se desvĂe, señor Byrne âencausĂł Jesperson con una ceja arqueadaâ. Responda la pregunta de manera directa. Si gusta, se la repito.
âNo, estĂĄ bien âse atajĂł, haciendo un ademĂĄn con la diestraâ. Como dije: no tengo nada en contra de aquellos con una beca. En mi opiniĂłn, es una medida justa y que enriquece los ambientes educativos. Sin embargo⊠En el CĂrculo es difĂcil. Esa es una verdad que cualquiera puede corroborar. Por mĂĄs que existan personas como Clemente Caddel dentro del mismo, la falta de un apellido para respaldarte lo hace todo mĂĄs complicado. Si de por sĂ en Pomona los prejuicios prevalecen, dentro del CĂrculo se vuelven peores. Es⊠la cuna del clasismo. JamĂĄs tuve nada en contra de Otis, a duras penas lo conocĂa, pero creo que estaba desprotegido por el mero hecho de no ser un legado. No estoy diciendo que no merecĂa ser parte del CĂrculo, sino que se encontraba en desventaja por ser becado, y eso definitivamente no fue bueno.
âMĂĄs precisiĂłn, por favor âpresionĂł Varela.
âA lo que me refiero es que ser un becado dentro del CĂrculo es lo que condujo a este desenlace en primer lugar. Otis es el ejemplo de que entrar solo para formar parte de una fachada inclusiva puede ser perjudicial. AsĂ que sĂ, voy a pecar de clasista y decir que siempre pensĂ© que nunca tuvo que formar parte del CĂrculo para empezar âadmitiĂł al fin y se sintiĂł un tanto contrariado. DecidiĂł no enfocarse en ello. MirĂł sus manos por un instante. Se volviĂł al par de detectivesâ. Repito: no digo que no mereciera ser parte, es solo que⊠Por mĂĄs que nuestros lĂderes lo intentaran y lo intenten, Ă©l y el resto de la gente con beca estaban y estĂĄn a la deriva en el CĂrculo. Hay una parte que se pierden por no contar con los contactos necesarios, con las conexiones pertinentes. La mĂĄs importante es la seguridad.
Jesperson soltĂł una risa aireada mas cargada de socarronerĂa. Varela simplemente se dedicĂł a continuar anotando. El irlandĂ©s se tomĂł un instante para beber del vaso de agua que estaba frente a Ă©l. SorbiĂł despacio, con cautela, midiendo cada uno de sus movimientos para que estos no demostraran la intranquilidad que fluĂa por sus venas. No obstante, la interrogante que siguiĂł en la boca de Jesperson provocĂł que sus manos temblaran: âEn ese momento se encontraba en una relaciĂłn con Albertina Solanas, Âżesta relaciĂłn resurgiĂł durante el reencuentro previo a su fallecimiento?
DepositĂł el vaso de nuevo sobre la mesa no sin cierta dificultad. Se lo vio visiblemente consternado y, en un momento de descuido, mirĂł a Amanda.
âNo hay ninguna relevancia en la pregunta para los cargos que se le adjudican a mi cliente. Estamos aquĂ por el caso de Otis Melbourne, no por el de Albertina Solanas âla abogada fue sagaz en su intervenciĂłn, pero Ă©l no fue capaz de apreciarlo porque se encontraba aturdido. No previĂł la menciĂłn a Albertina, la cual suscitĂł que su estĂłmago se revolviera con malestar. FrunciĂł el ceño y entreabriĂł los labios.
âEs solo una simple pregunta, abogada. No hay trampas. Solo queremos esclarecer la situaciĂłn del señor Byrne con respecto a Solanas âhablĂł Jesperson con tranquilidad y sencillez. La mujer amagĂł con retrucar, mas Niall sacudiĂł la cabeza y llamĂł su atenciĂłn con un sutil toque al muslo femenino. Fue cohibido, no querĂa pasar por atrevido. Amanda posĂł sus ojos en Ă©l.
âEstĂĄ bien âasegurĂł despuĂ©s de una exhalaciĂłn comedida. EnderezĂł la espalda para no mostrarse compungidoâ. No, nuestra relaciĂłn no resurgiĂł porque no tuve oportunidad de acercarme a Albertina en el reencuentro âsi su voz sonĂł firme, fue por un arduo esfuerzoâ. MĂĄs bien, no me atrevĂ.
âÂżPor quĂ©? âindagĂł Varela.
âDigamos que no fui el mejor novio del mundo. CometĂ unos errores con ella y⊠No me dio la cara para abordarla âse encogiĂł de hombrosâ. Pero me hubiera gustado. La quise mucho y no pude decĂrselo con la honestidad que merecĂa.
Los detectives parecieron satisfechos con la respuesta, incluso si Ă©l mismo creyĂł que era algo escueta. No obstante, adentrarse en ese terreno no era lo que tenĂa que hacer. AsĂ que se mantuvo al lĂmite con su franqueza.
OyĂł cĂłmo Jesperson se aclaraba la garganta. Esta vez, quien procediĂł a preguntar fue Varela.
âNiall, ÂżquĂ© sucediĂł exactamente entre Otis Melbourne y el grupo de Alfred Buchanan durante la pelea?
ApretĂł los pĂĄrpados y arrugĂł apenas la frente en un gesto que buscaba evidenciar lo trabajoso que era traer a la mente las memorias de aquella noche.Â
âNo poseo recuerdos muy⊠claros de lo que sucediĂł porque para ese punto de la velada estaba muy alcoholizado. No me enorgullezco, pero tenĂa ÂżquĂ©? ÂżVeinte, veintiĂșn años? Beber seguĂa siendo una novedad y la fiesta⊠Bueno, no estaba exactamente en contra de las indulgencias âsubiĂł y bajĂł los hombros. Una mueca le torciĂł las comisurasâ. Puedo decir que me acerquĂ© cuando escuchĂ© vociferaciones. Me entrĂł curiosidad saber quĂ© pasaba, aunque estaba completamente ido. Cuando lleguĂ©, y esto sĂ lo tengo grabado en la mente, Otis estaba colĂ©rico. Contrastaba enormemente con la imagen que tenĂa de Ă©l. No sabĂa que podĂa enojarse asĂ. Y Alfred no se quedaba atrĂĄs con sus provocaciones. Nunca entendĂ muy bien las razones tras lo ocurrido. No sĂ© si fue Amelia, el maltrato, o un rejunte de cosas. No sĂ© por quĂ© Otis lo enfrentĂł. Sin embargo, las cosas estaban muy agitadas. No logro traer al presente nada preciso de ese momento. Los eventos se sucedieron con demasiada rapidez para mĂ. Vi a Ferran intentando intervenir y luego la piedra pegĂĄndole en el rostro.Â
âEntonces, ÂżquiĂ©n lanzĂł la piedra que hiriĂł a Ferran Dupont?
âNo podrĂa señalar a alguien sin que fuera una especulaciĂłn, porque lo cierto es que no vi al perpetrador âimplacable, pronunciĂł las Ășltimas palabras con marcado detenimientoâ. Por todo lo que sĂ©, podrĂa haber sido el mismo Alfred âera mĂĄs fĂĄcil arriesgarse a mencionar a quien ya no estaba que acusar a quienes seguĂan presentes y que, en el Ășltimo giro de eventos, habĂan ganado renovada relevancia en su vida. De sus labios no saldrĂa ningĂșn tipo de condena hacia su viejo grupo de amigosâ. De nuevo: solo especulo. No tengo idea porque fue todo muy fugaz. De un momento a otro, la piedra estaba impactando contra el rostro de Ferran. Solo ahĂ me percatĂ© de que la rencilla iba en serio. No estaba prestando demasiada atenciĂłn a lo que hacĂa cada uno de los presentes.
âPiense bien. Y recuerde que estĂĄ bajo juramento âJesperson golpeteĂł la punta de la lapicera que no estaba utilizando contra la mesa, haciendo reverberar el sonido contra las paredes estĂ©riles. Niall tuvo ganas de poner las pupilas en blanco, pero se contuvo. No habĂa espacio para demostraciones de emocionalidad. Las respuestas mĂĄs impulsivas a las inquisiciones no eran bienvenidas.Â
âLo sĂ©, y por eso le digo que no vi quiĂ©n lo hizo âen cualquier otro punto, no hubiera dudado en señalar de manera indiscriminada, pero ahora no podĂa ni querĂa hacerlo. AguardĂł callado unos instantes como mecanismo de aserciĂłn. PermitiĂł que sus dichos se asentaran entre los cuatroâ. No voy a caer en el falso testimonio. Afirmar una falsedad es un delito tambiĂ©n, Âżno?
âLo es âla voz de Amanda resonĂł en la salaâ. AdemĂĄs, detective Jesperson, no puede coercionar a mi cliente para que le diga lo que quiere escuchar. Si estĂĄ diciendo que no sabe quiĂ©n lo hizo, debe aceptarlo como parte de su declaraciĂłn. ÂżTienen mĂĄs preguntas o solo va a seguir ejerciendo presiĂłn?
El hombre juntĂł los labios y forzĂł una sonrisa que no alcanzĂł sus ojos. Acto seguido, negĂł con la cabeza. ResoplĂł y se reacomodĂł en su asiento. FingiĂł mirar el archivo, regurgitar su siguiente interrogante. PosĂł la vista en Niall.
âÂżSe arrepiente de no haber intervenido para evitar el ahogamiento? âel tono utilizado fue afable, y contrastĂł enormemente con el tenor de la pregunta. El joven tragĂł en seco. TensĂł la mandĂbula. PestañeĂł un par de veces para enfocarse en ambas personas de la ley.Â
âPor supuesto âfirme, contundente. No habĂa un ĂĄpice de duda en sus palabras y es porque eran certeras. La culpa que arrastraba consigo no era biunĂvoca, no tenĂa que ver solo con materias del corazĂłn, sino con todas aquellas faltas que habĂa cometido en sus años mĂĄs mozos. Una de ellas era no haber actuado consecuentemente frente a la desgracia que se desenvolviĂł en su presencia con una celeridad casi imposible de procesar. Era inevitable torturarse con su falta de acciĂłn, con la cobardĂa de no interceder en el momento preciso. Aun si no planeĂł que se diera de aquella forma, la responsabilidad que recaĂa sobre sus hombros era sofocanteâ. Una vida es una vida. No importa que no lo conociera personalmente, que pensara que no tenĂa que estar en el CĂrculo; eso no significa que quisiera un destino trĂĄgico para Ă©l âbajĂł la mirada por un instante. UniĂł las cejas, se mordisqueĂł el labio inferior. NegĂł y se volviĂł a Varela y Jespersonâ. No creo que nadie quisiera que sucediera nada de lo que pasĂł aquella noche âdejĂł salir un suspiro breve. El pecho le dolĂa y apoyĂł la zurda sobre el mismo. MasajeĂł la zona ligeramenteâ. Siempre pienso en que⊠Si hubiera estado mĂĄs alerta, menos ebrio, si hubiese visto que lo de Ferran fue solo un golpe⊠Si me hubiese detenido por un segundo para procesar la situaciĂłn y lo mucho que esta habĂa escalado⊠Otis seguirĂa aquĂ.
Varela fue asintiendo a medida que anotaba. Pronto se dirigiĂł a Ă©l y su timbre se materializĂł en el aire: âNiall, Âżfue usted testigo del golpe fatal?
âCreo⊠Creo que no. Yoâ yo no estoy seguro âtitubeĂł a consciencia. Se rascĂł la frente con la uña del pulgar; ademĂĄn de turbaciĂłn que era real mas utilizĂł a su favor. CrispĂł los puños como si estuviera haciendo un esfuerzo garrafal en rememorar. Las miradas de los detectives calaron profundo, las sentĂa en los huesos. El corazĂłn le latiĂł con virulencia. AbriĂł y cerrĂł la boca un par de veces antes de resolver cĂłmo seguirĂa:â. Solo me encontrĂ© con el cuerpo de Otis en el lago. DespuĂ©s⊠No⊠No me acuerdo âla frustraciĂłn eclosionĂł en los Ășltimos tres vocablosâ. Pasaron tantos años y, como les comentĂ©, no estaba sobrio. No puedo saber a ciencia cierta. Los recuerdos son muy difusos. A duras penas podĂa estar de pie, a duras penas pude socorrer a Ferran. Eso todo lo que atinĂ© a hacer.Â
El sonido de la punta de la lapicera contra el papel lo distrajo por un momento. DesconocĂa si habĂa procedido bien en aquella rĂ©plica; los nervios lo tomaron por completo. TemiĂł haber dado un paso en falso. De reojo, echĂł un vistazo a Liao. Su rostro no le comunicĂł absolutamente nada, ni una pista. Se resignĂł a haberla cagado, asĂ que solo esperĂł por mĂĄs.Â
âÂżPor quĂ© tomar la decisiĂłn de alejarse de su grupo de amigos anterior al incidente de Alfred Buchanan? âuna vez mĂĄs, la voz de Varela llegĂł a sus oĂdos. La pregunta le supo amarga.Â
âDiferencias âcontestĂł de inmediato. Era la respuesta que mĂĄs clara tenĂa. Ni siquiera precisĂł de un instante para pensarla; la palabra brotĂł de Ă©l con facilidadâ. Lejos estoy de querer pintarme como una vĂctima, pero a veces las personas con las que nos juntamos pueden influir en nuestros comportamientos âexplicĂł con una calma meticulosa. El tema era uno que creyĂł zanjado, mas le generĂł un escozor en el pecho, pues le resultaba arduo no divagar por su mente y recordar lo que en su momento perdiĂł con aquella decisiĂłn. Se hizo con el vaso de agua y bebiĂł un poco. Lo descansĂł sobre la superficie casi de manera imperceptibleâ. Yo fui un idiota, Alfred fue un idiota. Ăramos chicos. A veces uno no se da cuenta de que ya no encaja con una amistad hasta que algo le hace ganar perspectiva âpensĂł en Malena, en todas las veces que le habĂa dicho que Alfred no era bueno, que tenĂa que alejarse. No iba a traerla a colaciĂłn, no iba a usarla de salvavidas aun si ella se habĂa posicionado como uno por tanto tiempo, aun si le habĂa abierto los ojos.Â
âÂżA quĂ© se refiere? âquiso saber Jesperson.
âA que algunas de las actitudes de Alfred empezaron a hacerme ruido. Actitudes hacia la gente becada, hacia cualquiera que no fuera parte de los suyos. No es como si yo hubiese sido un santo, porque tambiĂ©n tuve comportamientos desafortunados, pero llegĂł un punto en que la forma en que Alfred se manejaba dejĂł de agradarme. Pude ver que su complejo de Dios estaba engullendo todo a su paso y no quise ser parte de ello. Nunca tuvo que ver con los demĂĄs âa su mente llegaron los rostros de Carmine, Theseus, Dylan, Herae y Gideon. El cariño que les habĂa profesado nunca se habĂa esfumado por completo, sin importar cĂłmo terminaron por desenvolverse las cosas entre ellos. DespuĂ©s de todo, fueron sus amigos y si habĂa algo que Niall era incapaz de dejar ir, ademĂĄs de la culpa, era el pasado. Y no iba a negar que, en la actualidad, ese querer prevalecĂa, quizĂĄs mĂĄs de lo esperado, quizĂĄs de manera diferente con uno de ellos, pero seguĂa ahĂ. ApretĂł los labios para acallar un suspiro apesadumbradoâ. Solo fue Alfred.Â
El agotamiento se prendiĂł a sus mĂșsculos. Las memorias resquebrajadas se repitieron en su mente como una cinta tan desgastada que dejaba lagunas. Se sustrajo de la situaciĂłn por un par de segundos. No veĂa la hora de abandonar aquel lugar, de poder respirar con libertad y no tener que calcular cada uno de sus movimientos. No obstante, se ciñó a mantener la compostura y parpadeĂł para regresar a la realidad que le tocaba.Â
âÂżPor quĂ© decidiĂł guardar silencio ante la investigaciĂłn oficial? âJesperson se inclinĂł sobre la mesa para ganarse su reacciĂłn, pero Niall solo prensĂł los labios en una fina lĂnea.
âPorque no entendĂa lo que estaba sucediendo âla ceja arqueada de la detective le indicĂł que no era suficiente, que precisaba mĂĄs informaciĂłnâ. Porque no recordaba nada. Porque demasiadas cosas pasaron en un lapso de unas horas⊠Dos muertes y una desapariciĂłn. Una de esas muertes fue de alguien que en un momento fue mi amigo. No sabĂa quĂ© decir. Estaba intoxicado. TenĂa miedo âen aquello no mintiĂł. La sensaciĂłn que lo habĂa embargado en ese entonces fue una que solo se replicĂł con el fallecimiento de Albertina, aunque de esta Ășltima ocasiĂłn sĂ poseĂa mĂĄs recuerdos, mas no asĂ mayor entendimientoâ. De verdad no puedo comenzar a explicarles lo confusa y distante que me resulta esa noche âinsistiĂł dentro de toda la calma que le fue posible recolectar. Era una noche tan ajena, como si no hubiese sido Ă©l quien habitĂł su cuerpo durante el transcurso de la misma. Los recuerdos parecĂan pertenecerles a alguien mĂĄs, alguien que no le daba el permiso necesario para acceder a ellos.Â
âÂżRecibiĂł algĂșn tipo de protecciĂłn o beneficio a cambio de no hablar? âinterrogĂł Varela.
âÂżCĂłmo podrĂaâŠ? âinterrumpiĂł la frase para dejarla suspendida en el aire. FrunciĂł el entrecejo y sacudiĂł la cabeza en negaciĂłnâ. No, para nada. Ninguna de las dos cosas.Â
Los dos detectives se miraron entre sĂ, hablando un lenguaje propio. Jesperson se acercĂł al oĂdo de su compañera y murmurĂł algo allĂ que ninguno pudo captar. En el Ănterin, Niall mordiĂł el interior de su mejilla y le echĂł un vistazo rĂĄpido a Amanda, quien no le devolviĂł la mirada. Se veĂa enfrascada en intentar descifrar cuĂĄl serĂa la siguiente movida. El cierre del archivo resultĂł un alivio.
âEso serĂa todo por ahora, señor Byrne âconcluyĂł Jespersonâ. Abogada, ya pueden retirarse, pero tenga por seguro que serĂĄ contactado nuevamente âla mujer se puso de pie luego de haber recogido sus cosas. Niall esperĂł que ellos hicieran lo mismo antes de levantarse de su asiento.
âLamento no ser de mayor ayuda âhizo una mueca en tanto estrechaba la mano de Varela. Ella solo le sonriĂł brevementeâ. Espero haber aportado algo para que el caso se resuelva.
Amanda lo esperó con la puerta abierta y, con un corto asentimiento, terminó de despedirse de los detectives. Salió de la habitación, cerró la puerta tras él y echó la cabeza hacia atrås, soltando un resoplido.
âDecente âdeliberĂł Liao y le palmeĂł el antebrazo antes de comenzar a andar por el pasillo.
Ăl solo se mantuvo allĂ, parado, por un minuto en el que la vio caminar hasta que decidiĂł seguirla con los grilletes de la incertidumbre aletargando sus pasos.