Ella le entregaba su alma en ese abrazo cálido y tierno en el que la envolvía. Sabía que el tiempo no le pertenecía pero disfrutaba cada instante con él.
Soñaba desde hace muchos años con un amor así y rogaba por que durara toda la vida, entre sus inquietudes estaba el destino que reúne y separa a los seres que buscan el amor.
Ella lo amaba, amaba cada parte de él, era el motivo de sus alegrías y de esa felicidad que se guarda en lo más profundo de su corazón.
Cada tarde con sus dedos tocaba el borde de sus labios hasta robarle una sonrisa y un te amo, él la tomaba entre sus brazos y le arreglaba su cabello con la yema de los dedos, así, sin palabras, en medio del silencio se hablaban de amor.
Él entrelazaba sus dedos, con su dedos, guardando el calor de sus manos y en sus labios, la dulzura de sus besos. La abrigaba entre sus brazos siempre con la ternura de la primera vez.
Ella sabía que el tiempo no le pertenecía y ansiaba tener momentos infinitos, de esos que se guardan en el corazón, alargando esos besos en medio de sus recuerdos cuando habían ausencias.
Cuando llega el amor hay que vivirlo, sin límites, a cielo abierto, hay que irlo despertando en el alma, disfrutarlo con los cinco sentidos, mirarlo con los ojos cerrados, probarlo con los labios, tocarlo con las manos, para hacerlo eterno.
Ella le entregaba su alma en su abrazo mientras que él le llenaba el corazón de amor…






