Muchas cosas se han dicho de las fraternidades, secretos que se albergan detrás de una hermandad que fue construida hace decenas de años. Los rumores que se esparcen con el viento, y mentiras que se visten de verdad para hacer la vida de las presentes más entretenida. Los recuerdos suelen ser peligrosos, sobre todo cuando se trata de escapar del pasado. Una hija de Eva cansada de cargar con cadenas, el alma de un ser que desea despojarse de todo lo que lleva cargando por mucho tiempo. Semana tras semana organizan una fiesta, con el único propósito de continuar con su tan acamado título dentro de la universidad. Todo se resume a una simple palabra: vanidad. Las presentes portan un manto del color de la inocencia, se disfrazan para simular ser ovejas. Ansiosos, cada uno de ellos al idílico paraíso que les prometen las Kappa, recibiendo uno que otro cumplido, dejándose hipnotizar por lo que les ofrece el Olimpo. La tranquilidad siempre la acompaña, se mueve de manera elegante –trata de llevar bien su personaje-. Palabras suaves, apenas audibles para alguien que está acostumbrada al silencio total, una oración que parece incitarla a danzar con sus demonios, y ella, obligada a cerciorarse que todo sea perfecto. “No se puede fumar dentro de la fraternidad.” El deseo de llevar un poco de nicotina a su cuerpo la consume, pero sabe que se encuentra en la mira de sus demás hermanas. Una sonrisa casi invisible adorna sus facciones de hielo, tratando de aparentar –como lo ha hecho durante varios años-.