The Invincible

seen from Canada

seen from United Kingdom

seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Türkiye

seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Malaysia
seen from China
seen from Netherlands

seen from United Kingdom
seen from United States

seen from United States

seen from United Kingdom
seen from Greece
seen from Australia
The Invincible

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
I love old sci-fi stories. It's fascinating which aspects of daily life authors back then thought would make it into the future.
Right now I'm finally tackling the Star Diaries by Stanislaw Lem and Ijon Tichy's space ship has a whole kitchen with a stove, real porcelain dishes, eggs and meat that can spoil, and he has to wash the dishes by hand. It's a humorous story, admittedly, but funny nonetheless.
I've just started "Memoirs Found in a Bathtub" by Lem and goodness my guy doesn't pull any punches.
Stanisław Lem, “Robots in Science Fiction” (1969), tr. Franz Rottensteiner
stanisław lem, entre los muertos
"el niño estaba vivo; sus pupilas se contraían ante lo desconocido, ante el desconocido brillo de las lámparas, el cuerpecillo desnudo temblaba por el novedoso efecto que suponía la presión de las manos que lo sostenían, pero tendría que pasar todavía mucho tiempo hasta que llegara a entender qué era la luz y qué era el tacto. que no supiera nada de las nubes, de los árboles, de las flores, del cielo y de la tierra era hasta cierto punto comprensible; exige un esfuerzo mayor por nuestra parte que nuestra imaginación se acerque a su desconocimiento de la proximidad y la lejanía, de la perspectiva espacial y de la secuencia de los acontecimientos en el tiempo, pero el niño no conocía ni siquiera los olores, los sonidos o los colores, que fluían hasta lo más profundo de sus sentidos por arroyos distintos. ni siquiera cabría decir que percibiera el caos porque eso habría significado que a través de la percepción se contraponía a sí mismo al caos, pero él no conocía las fronteras entre su propio ser y todo lo demás, no tenía ni recuerdos ni memoria, no sabía ni de sus propios movimientos y el mundo le era tan ajeno como su propio cuerpo. la perfección de un conocimiento tal es imposible de imaginar, ya que no se trataba de la nada; sin conocer nada, el niño veía y sentía todo, y desde la primera hora un enorme torrente de realidad empezó a poblar de enmarañadas imágenes su hasta entonces vacío sueño. había empezado la creación del mundo, una creación mucho más sorprendente que la bíblica, ya que nada emergía del desorden con formas cuajadas y listas, y solo un incesante tropel de transformaciones generaba fenómenos recurrentes; se producía una lenta diferenciación e interrelación de las manchas blancas con la sensación de frío y de blandura, de las manchas rosadas con los sonidos y los cambios de expresión, y esa individualización, esa unión, esa agrupación en algún momento, en el futuro lejano, tendría que finalizar en una polarización definitiva, en una división en dos polos: el ser humano y el mundo. la mente que tenía que lograr aquello permaneció absolutamente impotente durante mucho tiempo; por suerte, el niño podía confiar en esa prudencia innata que recibe en ocasiones el nombre de instinto o cualquier otro nombre como explicación alternativa. se trataba de una disposición para realizar acciones intencionadas, una disposición limitada, incapaz de aprender, pero eficiente; esa inteligencia corporal oculta en los tejidos, que se reducía a simples adaptaciones, era inhumana, no solo en el sentido de que había aparecido antes que la conciencia humana, sino también en el sentido de que era despiadadamente egocéntrica y de que, centrada como estaba en satisfacer las necesidades del cuerpo, no tomaba en consideración nada más. nacía de la voraz crueldad que caracteriza siempre a los seres inferiores únicamente en los momentos de particular peligro a los seres más desarrollados. esa sabiduría que solo tiene como objetivo la supervivencia no ha de ser juzgada a la ligera, ya que nace de la necesidad. seremos también más indulgentes con ella si recordamos que, dado que se trata de una inteligencia anterior a la especie, antigua como la propia vida, único don de los miles de millones de generaciones que precedieron al niño, está dispuesta a retirarse humildemente ante las primeras palabras emitidas por el bebé. y es así como ese parco, inalterable e inequívoco saber de la especie cede su lugar al abundante y engañoso saber del individuo."
"así pues, el niño creía en la eternidad, en una eternidad terrenal, sin tener, por supuesto, conciencia de ello. aquella convicción había nacido en él de forma espontánea; no manifestada, era una convicción similar en su naturaleza íntima a esa certeza que tenemos todos de que el entorno sigue existiendo cuando cerramos los ojos."
"karolek no jugaba con otros niños, no iba al río y solo paseaba con el cura —con paso regular de adulto— planteándose en silencio todo tipo de cuestiones: no sueños infantiles, sino fantasmagorías intraducibles a ningún idioma, que ni siquiera él mismo sabía qué significaban ni de dónde salían."
"el niño guardaba silencio. una maraña de lucecillas solares y de sombras titilaba sobre su cara, como si intentara despertarlo, e irritaba sus ojos con finos rayos, pero los ojos permanecían inmóviles y solo las pupilas se dilataban y se contraían alternativamente. el viento susurraba cerca y el órgano sonó de nuevo con una música apagada para enmudecer acto seguido."
"finalizada la dosis diaria de latín, karolek se sumergía aparentemente en la lectura de un libro, pero de repente, entre dos líneas, su mirada, aún llena del blanco del papel, caía sobre la oscuridad que se abría tras el borde de la mesa como si del espacio interestelar se tratara. cerraba los ojos. le inundaba entonces la cabeza un brillo gris en cuyas fronteras se movían contornos seductores e incomprensibles, que cambiaban de forma. con una fuerza que ralentizaba el corazón, ardía en deseos de ir allí porque percibía que tras la zona de oscuridad no tocada por el pensamiento se abrían espacios infinitos. el esfuerzo era en vano. sin dejar de parpadear, como cegado, volvía a las vidas de los mártires. a veces se despertaba de noche y venía cuadrados lunares en la superficie de un enorme y viejo armario que se encontraba frente a su cama. bajo aquella luz destacaban los negros anillos de la madera, que parecían formar una especie de ojo muy abierto y muerto. cuando posaba su mirada en él, se formaba un remolino que lo engullía, que lo arrastraba irremediablemente a las profundidades. permanecía en vela horas enteras. por la mañana, con la cara pálida, iba a la iglesia y bajo la atenta mirada del anciano mascullaba las oraciones."
"eran finales de marzo, los primeros días de la primavera de aquel año, una primavera temprana e impetuosa. las hojas tiernas reptaban con su luz verde por las ramas, el paisaje se iluminaba y después se oscurecía, como arrollado por una espesa y acelerada lluvia."
"en la oscuridad, que se iba resquebrajando, se formaban las primeras constelaciones de estrellas guía: conjuntos de leyes inamovibles que regían el inmenso mundo descubierto. se formaba en él un nuevo y desconocido sentido de la vista interior, que percibía cómo unas fórmulas inamovibles en un paisaje matemático, transferidas a otro, de repente se dilataban enormemente o se hundían en la nada, cómo una misma expresión en diversos escenarios llevaba una vida en apariencia independiente, pero captada de una manera determinada, revelaba secretos de todos los ámbitos con los que estaba invisiblemente conectada. iba conociendo un mundo en el que los banales hábitos de la realidad caían como grilletes, en el que una línea podía ser perpendicular a sí misma y el volumen de una esfera con un radio creciente hasta el infinito disminuía hasta cero; como un músico que adivina el desarrollo de una sinfonía cuando la escucha por primera vez, presentía las transformaciones a las que se sometería una expresión algebraica transferida de dimensión en dimensión. (...) era como si alguien explorase a la desigual luz de una antorcha los diferentes niveles de unas cavernas subterráneas, pero en su caso encontraba vistas infinitamente más ricas, y la luz durante su deambular procedía únicamente de una mente tensada hasta el límite, de modo que en las impetuosas iluminaciones, breves como relámpagos, entreveía en el horizonte de la comprensión velados puntos de contacto entre los conceptos más lejanos; es más, a veces presentía asombrosamente los resultados de las operaciones finales cuando aún estaba a muchas noches insomnes de ellos. es muy probable que ni siquiera mucho más tarde, después de conocer la obra de genios matemáticos, desde abel a poincaré, después de que sus conocimientos se centuplicaran, volviera a experimentar revelaciones tan intensas, visiones que le aceleraran el pulso y cortaran el aliento como cuando, acurrucado en una enorme cama, a la luz de una vela que se derretía inclinada y lloraba lágrimas de cera, cerraba los ojos y desde cada página leída se elevaba a espacio, iluminado únicamente por el brillo de sus pensamientos. en algún lugar, en lo más profundo de su memoria, permanecían los ingenuos y pobres relatos sobre personas que se atormentaban, que desperdiciaban la vida entre ayunos y estériles consideraciones para alcanzar la verdad, mientras que ella estaba allí en un fuego invisible que calentaba y helaba al mismo tiempo, que saciaba y despertaba nuevos deseos, y solo allí era posible ver la realización de los más altos sueños humanos: lo que perdurará siglos, cientos de siglos, lo que no se deteriorará mientras en la tierra haya al menos un ser humano (verdades inmutables, sorprendentes por su obviedad y ante las cuales es imposible cualquier disputa, tan crudas y tan perfectas que el niño lloraba de felicidad mientras rememoraba en la oscuridad los fragmentos más bellos del camino recorrido como melodías que se hundían en el sueño. a veces le parecía que aquellas grandes revelaciones del pensamiento humano ya estaban en él desde hacía mucho tiempo, labradas en algún oscuro rincón de su cuerpo, y que las páginas del libro no eran más que herramientas para forzar la trampilla bajo la que yacían. cuando abrazaba con su imaginación aquellas revelaciones, se volvían tan cercanas como si ya las conociera bien y solo las estuviera despertando, como quien entra con una luz en una galería de cuadros olvidados."
"así transcurrió el verano de aquel año, tórrido, lleno de tormentas que se adentraban de noche en su habitación con una luz azul, amortiguando momentáneamente la llama de la vela; transcurrió el otoño, que golpeaba las ventanas con una lluvia de nubes bajas, y transcurrió el invierno, duro y silencioso. pasados cuatro meses el sol se elevó hasta lo más alto del cielo. la blanca generalización del paisaje se agrietó y se partió. minaron la homogénea masa de nieves palpitantes zigzags de agua que latían bajo los transitorios puentes de hielo. el paisaje, negro y desnudo, humeaba con una densa niebla al acercarse a a la zona de calor. de nuevo los brotes de los árboles se abrieron como escarabajos alzando el vuelo, de nuevo la hierba perforó el suelo, y karol abandonó los caminos conocidos por los que ya, más que caminar, volaba. al igual que un turista abandona los senderos señalizados y se adentra en una zona de rocas nunca hollada por un pie humano, así aquel muchacho de trece años penetró en la oscuridad y, careciendo como carecía del conocimiento suficiente, no pudo iluminarla con otra cosa que no fuera su inspiración."
"karolez soplaba con un gran fuelle. a karol le llegó a gustar aquel trabajo. cuanto más intrincado era el mecanismo que intentaba reparar, mayor alegría le producía. le gustaba ver, mientras las pestañas se le rizaban por el calor, cómo el hierro latía al rojo cuando pasaba del fuego al yunque, cómo revoloteaban sobre él negros pétalos a la manera de mariposas ignífugas, cómo se doblaba bajo el martillo y cómo se recubría con las grisáceas escamas de la ceniza."
"el mes de septiembre del año treinta y nueve fue extraordinariamente hermoso. entre las nieblas compactas como un metal solidificándose, se abrían amaneceres a un cielo sin nubes ni pájaros, tensado por las cuerdas graves de los bombardeos. en las largas y rojas tardes se arrastraban hacia atrás los pedazos de los ejércitos fragmentados y por la noche aleteaba en el horizonte el resplandor de los incendios. la retirada labró numerosos cauces en aquellos terrenos al pie de las montañas."
"al este se alzaba la pared del bosque desde el que la oscuridad se abría al mundo. al oeste ardía una franja púrpura dividida por unos sauces cercanos, negros como tizones no consumidos sobre un fondo de fuego."
"karol siguió su camino hacia el poniente rojo, que no se apagó durante mucho tiempo aunque ya hubiera caído la noche."
"le habló de la aparición de la vida en la tierra, de cómo, a lo largo de millones de años, las cristalinas agujas de una sustancia medio viva se multiplicaban, crecían y se copiaban en el fondo de los océanos gracias a la energía de los rayos solares; a medida que se iban concentrando en una forma esférica, parecida a una célula, aumentaba la fuerza de la materia muerta que las atacaba. el organismo vivo tenía que proteger su interior ante la invasión de partículas extrañas de las que estaban plagadas las calientes aguas. en el crisol de un sinfín de pruebas, las frágiles combinaciones de proteínas reventaban, se disolvían y s quebraban, decapadas por sales, lixiviadas por las dinamos de las fuentes submarinas. hasta que el azar alteró las sucesiones de metamorfosis creando un sistema que hizo frente al peligro y unió sus fuerzas al servicio de la vida. pero quedó una huella indeleble de que la vida había nacido en los arqueozoicos océanos: la prueba del origen común de todo lo vivo era la sangre, cuyo plasma no era otra cosa que agua salada del mar. cuando las plantas, que se nutrían de energía solar, desintegraron una cantidad suficiente de dióxido de carbono y el aire se saturó de oxígeno, el plasma se arrastró a tierra firme. fue dos mil millones de años atrás. la vida, ras franquear la barrera del agua que la sustentaba, chocó por segunda vez contra las leyes de la materia: la gravedad la aplastó contra las rocas del litoral. los organismos reptantes crearon infinitas variedades de soportes corporales —caparazones de quitina, de queratina, calcáreos, soportes internos de cartílago— hasta que la fuerza de la gravedad fue derrotada por el flexible fuste de la espina dorsal, mástil central del cuerpo de los vertebrados. se formó el tejido nervioso, el más veloz de todos. empezó la gran carrera de los cerebros. durante trescientos millones de años reinaron los anfibios y después desaparecieron. tras ellos se multiplicaron los reptiles, pero también les llegó su hora, porque en la caja calcárea del cráneo no habían formado suficiente masa neuronal, esa masa que refleja el mundo. los caminos de los animales se fueron separando. las aves desarrollaron núcleos grises y profundos del cuerpo estriado, pero rápidamente se fueron estancando. solo el cerebro de los mamíferos fue creciendo, hinchando sus cráneos y, cuando el hueso no alcanzaba a seguirle el paso, empezó a plegarse formando surcos y lóbulos. su corteza se retorcía y se enrollaba en un espacio cerrado, empujando hacia atrás y hacia el interior el cerebro primitivo hasta crear una estructura lobular de ocho millones de células, en las que se encendería la conciencia. los insectos tomaron caminos diferentes: desarrollaron cerebros separados en diferentes partes del cuerpo; sería como si los humanos tuviéramos una conciencia independiente para las manos, otra para el tronco y otra para la cara. wieleniecki habló del lóbulo frontal, órgano de la duda, que se desarrolló en los ancestros del ser humano y del mono, habló de la oscuridad en la que nacía la luz: del surco calcarino, centro de la visión. del enorme rinencéfalo de algunos animales que les permitía percibir paisajes de olores y vagar en sus tortuosos laberintos. de la glándula pineal, misterioso órgano rudimentario del cerebro, vestigio del tercer ojo. del caracol del oído, esa arpa viva, y de los conductos semicirculares, sensibles teodolitos. del área de broca que producía el lenguaje y de la posibilidad de que se formaran nuevas áreas, que no seríamos capaces de entender en nuestros días, al igual que nuestros simiescos ancestros no habrían podido entender nuestro lenguaje."
"¿el interior de mi imaginación? rostros y manos, y en la muerte en forma de capullo los labios. cantos de muertos, noches de silencio, sueños de pena y la cabeza separada del cuerpo - la tierra. ¿el interior de mi cuerpo? paisaje de electones, quantums muy solitarios, movimiento sin estrellas, donde en realidad flores del oído crecen negras, y, animales nocturnos, brotan bajo los párpados de los sueños. y los blancos bosques de nervios, estas raíces del rostro. y arroyos purpúreos fluyen entre recuerdos. y el hueso: roca caliza que agarrará tras de mí mi soledad y la oscuridad..."
"30.x. me gustaría ser al mismo tiempo tan sensible y tan duro como una fibra de cuarzo. sigue habiendo marea baja."
"allí acababa la página. stefan levantó la vista del cuaderno y se quedó contemplando las colinas, azuladas por la lejanía. el bosque cubría sus elevaciones y hondonadas como el negro pelo de un cordero. el sol estaba todavía bastante alto, pero en el poniente pequeñas nubes ya iban oscureciendo como mechones de la noche que se acercaba."
"se hizo un silencio. stefan acababa de cazar con la mirada un alargado y brillante rayo de luz dispersado por el espejo que colgaba tras su tío, en la pared entre las ventanas, un rectángulo de pesado vidrio con su capa de azogue y unas hojas de cristal talladas en los bordes. titilaba allí en las incisiones el arco iris que stefan, con ligeros movimientos de la cabeza, convertía ya fuera en un rojo inflamado, ya fuera en un violeta claro, ya fuera en un repentino fulgor verde. los colores le temblaban en las pestañas. permaneció sentado un rato más, pasando con los ojos de forma mecánica de color en color."
"se despertó al rayar el alba. aturdido por el sueño, se quedó con la mirada clavada en la ventana. la pared izquierda de la habitación se veía cortada bruscamente por un tejado bajo cercano a los cristales, acariciados silenciosamente por unas ramas. a medida que iba clareando, la habitación se hacía más grande. le pareció que estaba en el interior de una esfera que emergía lentamente del fondo del océano. al otro lado del cristal, las aguas azuleaban en un violeta frío. las ramas de los árboles se transformaron en algo que no acababan de ser ni jarcias de un barco elevándose con la esfera ni brazos de medusas, hasta envolver, inmóviles, la batisfera con ramitas negras de coral. en medio de un silencio creciente y cálido, stefan luchaba contra el sueño que volvía a apoderarse de él. sus pensamientos se salían de las vías, terminaciones sin sentido se adherían a las frases, hasta que se le pasó por la mente: —la conciencia sumergida en el sueño experimenta una pérdida de sufrimiento igual... al peso... de la muerte... desalojado por la misma... se quedó dormido con la confusa sensación de haber descubierto una gran verdad que olvidó inmediatamente, para siempre."
"en el primer paseo le dijo a él que los momentos más felices de su vida los había pasado veraneando a orillas del vístula, cuando tenía doce años. en el segundo, que cuando era todavía una niña tonta, se imaginaba el alma como el ascua incandescente de una lamparilla, pero de color perla, y que todavía nadie la había besado en la boca. tres semanas más tarde, mietek se había enamorado."
"stefan se quedó solo. quizá por haber ido a la ciudad un poco en contra de su voluntad, y quizá también por aquella inesperada separación, todo a su alrededor le parecía extraño e irreal; la muchedumbre que asaltaba los vagones y otra muchedumbre que se agolpaba en la salida de los andenes estaban como condenadas a una existencia momentánea y bastante problemática. esta sensación la potenciaban los jirones del vapor de la locomotora, que revoloteaban a baja altura. la gente entraba en una nube blanca y desaparecía para siempre como si se evaporara. eran las seis de la mañana, el sol aún no había salido, pero el día despuntaba ya con un brillo perlado en el este. por las grandes escalinatas de piedra de la estación bajaban corriendo grupos de campesinas que olían a leche y a establo, obreros del extrarradio y numerosos ferroviarios con sus gorras de plato ribeteadas en rojo. de los cenagosos terrenos de los alrededores, entre los cuales se levantaban, como una mano de múltiples dedos, los terraplenes del ferrocarril, llegaba la niebla. la ciudad se iba deshaciendo. las conocidas calles desaparecían, las casas se diluían como una plateada acuarela sumergida en agua. cuando todo se quedó envuelto en una claridad movediza y lechosa, stefan temió perderse. vio un pequeño bar y entró para desayunar. apartó el áspero té y, sin dejar de soplarse los dedos, que se habían quemado con la cucharilla de estaño, se puso a mirar la calle por la ventana. el sol se iba elevando, sus rayos asomaron por detrás del edificio de la esquina e irrumpieron en la niebla formando unos espectrales pasillos rojos. el viento soplaba con fuerza, el aire era cada vez más transparente. se iba acercando un tranvía, con unos faros encendidos que el sol apagó. la ventana del bar daba a una plazoleta rodeada de casas por tres de sus lados. a stefan le vino a la cabeza la idea de un alambique; el alambique era la parada de tranvía. desde la mañana tenía lugar allí una destilación fraccionada de personas. a las seis y media la multitud en la parada era homogénea: obreros con zuecos que se calentaban las manos con cantimploras llenas de café. llegaba un tranvía y se los llevaba en silencio. en el interior del vagón, iluminado con electricidad, sobre las cabezas y los hombros desaparecían varas de hierro, mazos de cables, marcos de madera. a las siete, junto al poste gris con su escudo blanco, aparecía una fracción más alborotada, que se movía nerviosamente al ver llegar el tranvía. mujeres con abrigos de piel de conejo que simulaban abrigos de piel de pantera y hombres que saludaban levantando ligeramente el sombrero se colocaban cerca de las vías para abordar la puerta. la subida al tranvía ya no era tan ordenada como antes: el conductor hacía sonar la campana, el revisor gritaba hasta que en la calzada quedaban solo algunos hombres con botas de caña, que corrían detrás del tranvía y, con flemática desenvoltura, subían de un salto al estribo en el último momento. después empezaba a llegar una fracción que parecía en estado de ebullición, las puertas de los edificios lanzaban a la calle a gente abotonándose los abrigos a la carrera, engullendo el último bocado del desayuno. junto al tranvía empezaba la lucha para entrar. al final, en la parada quedaba el último residuo: la fracción de los tímidos y los débiles."
"—sí. a ver: sekułowski no fue al sanatorio para refugiarse, de eso me enteré justo después del estallido de la guerra. él era un habitual ya antes. verá usted, necesitaba estar rodeado de locos, le gustaba la atmósfera de los manicomios porque reafirmaba su idea del mundo... «la vida es el sueño de un idiota, un delirio», ¿entiende? ¿ha oído usted hablar de los trabajos de uexküll sobre el entorno de los animales? resulta que, si en un mismo acuario hay un molusco y un pez, los objetos que los rodean, aparentemente los mismos —el cristal, la arena, las algas—, no constituyen para ellos el mismo entorno. todo organismo construye con la materia del mundo su propio hábitat, formado por fenómenos favorables y peligrosos. un animal, a diferencia del ser humano, no tiene elección. ese bosquecillo —señaló con la mano— es algo distinto para un guardabosques y para un huido de un campo de concentración, es también distinto para un campesino que va a por leña y para un botánico. sekułowski tenía una tesis vital: el mundo no tiene sentido, el mundo no significa nada. esa tesis era su veneno y su elixir... ¿y en qué se concretaba? elegía simplemente entornos que reafirmaran su hipótesis. —usted está simplificando—dijo stefan en voz baja, pero rotunda—. a veces las personas tienen una sensibilidad tal, y desde su nacimiento, que se diría que están despellejadas, con todos los nervios expuestos al mundo, y la luz les duele tanto como a otros les dolería un golpe con una porra. él era una de esas perssonas. ese es el tema. yo, yo también... —claro que estoy simplificando— dijo el extraño interrumpiendo a stefan. dio un paso adelante—. permítame que se lo cuente todo. simplifico, generalizo, cierto, pero, ¿qué hace un científico? ¿un físico? ¿un astrónomo? ¿acaso cualquier fórmula no es una simplificación? no hay y no puede haber conocimiento que no sea fruto de la experiencia y de su posterior generalización. —¡no, escúcheme usted!—stefan se encendió—. una fórmula equivale a la existencia de una estrella, pero no basta para entenderse a uno mismo. ¿acaso el mero empleo del método clasificatorio puede aliviar el sufrimiento? ¡oh, hay cierta diferencia entre los fenómenos que se producen en los seres humanos y los que se dan en el interior de las estrellas! ¿y qué sentido, qué sentido tiene este mundo: un montón de pequeños canallas pisoteados por grandes canallas? ¿y qué puede decir la ciencia al respecto? —la ciencia puede cambiar este mundo— replicó el otro, pero stefan no oyó. —no quiero que reduzca usted a sekułowski a una tipificación. él siempre quiso ser el centro, y no uno de los mil puntos en una plancha de imprenta, una partícula de polvo en el movimiento browniano. y aunque no todos los individuos quieren ser el centro, porque son demasiado estúpidos o demasiado débiles, tienen que ser el centro, y no hay nada que hacer."
"la genialidad, señor mío, consiste en dar más, cien veces más, mil veces más que sus coetáneos, en crear valores y darlos sin pedir cuentas ni esperar reconocimiento, dar, dar, dar hasta el final. ¿y él? él era un poeta de la muerte y se limitó a hablar de sí mismo. habló de la propia muerte, y esa no es la más cruel, doctor... es simplemente un asunto como de otro universo, que no nos importa porque está más allá de la experiencia: nada, nada y, una vez más, nada. solo es cruel, realmente cruel, la muerte de otra persona. alguien irrepetible, querido, único... desaparece. deja de existir y lo terrible no es la química de la tumba, la desintegración, la podredumbre, el convertirse en polvo, sino el hecho de que yo... de que el vivo permanece..."
"—eso solo son palabras bonitas o, si usted lo prefiere, poetizados truismos que nos apartan de... —¿de qué? —de la adivinación del mundo. no sé expresarlo mejor. ¿no me entiende?... no se trata de fórmulas, de cifras ni de tipologías, sino de esas preguntas que se hacía sekułowski: ¿quién soy?, ¿de dónde he salido?, ¿por qué el mundo me parece tan bello?, ¿cómo entender todo eso si no soy más que una partícula en este interminable desfile de proteínas que es la evolución?... la utilidad biológica puede, en el mejor de los casos, explicar nuestro gusto por el aspecto de otras personas, por sus caras, por el color de su pelo, de sus ojos, pero ¿por qué un amanecer en la montaña puede ser el recuerdo más intenso de una vida? —le interrumpo ahora porque en la siguiente frase preguntará usted por el sentido de las estrellas— dijo wieleniecki. hablaba de forma tranquila, pero estaba enfadado—. el mundo puede significar muchas cosas o nada, depende de nosotros... porque la gente puede hacer lo que sea con otra gente...., incluso jabón. ¿ha oído hablar de eso? —sí. —sí, ¿verdad? pero no se pregunta por qué sucede eso, tan interesado como está usted por todo lo demás, por el significado de los amaneceres en las montañas, de la música, de la existencia. quizá tenga usted bastante con su «independencia interior»... allá usted. el mundo es un «extraño juego», según la tesis de sekułowski, pero, de ser así, también lo habría sido la forma en que murió, que se arrastrara a los pies del soldado de las ss también habría sido solo un juego... —la burla no es un argumento— dijo stefan, dolido. wieleniecki lo agarró impulsivamente del brazo. —¡no se enfade! ¡de verdad que estoy muy lejos de burlarme, solo saco conclusiones de una hipótesis! nos rodea un mecanismo de exterminio a plena marcha, un mecanismo que hay que analizar, que hay que conocer para entenderlo y destruirlo."
"estaba amaneciendo: las inmóviles llamas de la aurora flotaban sobre unos enormes y silenciosos campos. stefan, que hasta entonces, había estado aturdido y embotado, como alguien con la mirada clavada hasta el agotamiento en un punto brillante, en ese momento se despejó. aquel inmenso espacio que respiraba viento y susurros de los lejanos árboles, aún oscuro bajo un azul limpio, le golpeó como un cuchillo. alguien le tiraba de la pierna desde abajo, unas manos le aporreaban la espalda y él sentía esos golpes y el dolor que provocaban con alegría, porque eran vida. la vid era aquel latido de sangre en su aturdida cabeza y su sabor en la boca. su cuerpo gritaba en silencio, deseoso de soportar cualquier sufrimiento, cualquier tormento. el primer viento del amanecer irrumpió por las rendijas entre los tablones y le apartó el pelo de la sudorosa frente. sintió que la naturaleza, que le hacía ese favor, se tragaría con la misma indiferencia la pegajosa sustancia en la que él mismo se convertiría pronto, y un miedo que nunca había sentido le agarró las entrañas."
"ambos estaban envueltos en una doble y verdosa penumbra. eran unos rayos de sol que atravesaban, en lo alto, las ventanillas cubiertas de telarañas y se encendían en el interior, en el armazón pintado. de verde oscuro."
"los años de la ocupación eran un lento habituarse a una creciente escalada de monstruosidades; en ese momento, wieleniecki se dio cuenta con una claridad deslumbrante de lo lejos que se habían adentrado ya en las profundidades del horror, incluso ellos, incluso los que luchaban contra el fascismo; unos años antes nadie habría podido escuchar esas cosas sentado tranquilamente y fumándose un cigarrillo. le pareció que aquello comportaba un repugnante y perverso triunfo del fascismo, que, si bien acabaría derrotad, dejaría tras de sí la memoria de lo que un ser humano podía hacerle a otro ser humano, y nadie, nunca, tendría derecho a callar al respecto."
"se pasaba las noches hecho un ovillo en un rincón de la oficina, golpeándose con un lápiz los apretados dientes enrojecidos por el fuego de la estufa en el que se perdía su mirada. en su cabeza se agolpaban miríadas de ideas. a las menos de ellas las inmovilizaba durante un instante y calibraba sus consecuencias, como si tensara las jarcias de un velero a punto de zarpar. por lo general, las ideas se cubrían de grietas y se caían a trozos. era rara la idea que superara la primera prueba. al crecer, la transparente estructura de los razonamientos de wilk fue llenando por completo su imaginación, confundiéndose en el horizonte cada vez más oscuro de esa imaginación y apenas abarcado por la conciencia. el chico se veía entonces obligado a trasladar las siguientes fórmulas al papel. cuando miraba los símbolos negros de la ecuación, veía en ella las posibilidades que comportaba, como alguien que, observando el hinchado abdomen de una hormiga reina, visualiza todas las generaciones a las que esta daría origen, como si estuviera presente en el interior de todos los hormigueros futuros a la vez, como si entendiera el ritmo de la silenciosa, pulsante e intensa vida propio de cada uno de ellos, y como si, al mismo tiempo, imaginara, en una oscuridad total, los caminos trazados por miles y miles de criaturas negras que recorrieran una red subterránea de galerías. mientras hacía una radiografía mental de las expresiones matemáticas, descubría los embriones de las transformaciones allí encerrados, que brotaban y se desarrollaban bajo su mirada; cuando fallaban en alguna de las sucesivas transformaciones, los desechaba sin piedad, unos tras otros, y volvía a clavar los ojos en las llamas. acabó encontrando un sistema compacto y afilado como el cristal, pero un cristal sensible porque traducía cualquier cambio de un nudo en la inmediata metamorfosis de toda la estructura. era un sistema extraordinariamente claro; cuando más se avanzaba en él, más bellos eran los planos que revelaba. wilk se lanzó hacia delante, pero no tardó en toparse con un obstáculo nuevo e inconcebible."
"siguieron noches llenas de lluvia que se solidificaba en agujas de hielo, blanqueadas por la nieve que se asentaba pesadamente sobre el tejado y que se manifestaba con un sordo eco de chapa aplastada. a veces, una ráfaga repentina arrojaba un puñado de ceniza de la estufa sobre la superficie de los papeles en los que wilk andaba enfrascado; él la sacudía con impaciencia y seguí escribiendo."
"como empezaba a helar, vertió gasolina sacada de los coches en unas latas colocadas en el suelo y le prendió fuego. anduvo trajinando con el torno entre las ondeantes e irregulares llamas rojas. a las cinco fue a casa de wieleniecki. a la luz del crepúsculo, la nieve se precipitaba formando un todo con el aire, como si estuviera inmersa en un cristal azul."
"una nieve inmaculada cubría las calles y de vez en cuando se veían en ella los huecos de unas huellas que se iban impregnando de un azul cada vez más oscuro. karol no sabía adónde iba. de repente tropezó con un escalón de piedra tapado por la nieve. tenía mucho frío. levantó la cabeza: arriba, sobre un fondo violeta, se dibujaba una forma negra que se estrechaba hacia lo alto por ambos lados a la manera de un gigantesco murciélago que estuviera doblando sus puntiagudas alas. subió los escalones mecánicamente. en el rellano había menos nieve. tanteó una puerta llena de clavos. la puerta cedió. wilk pasó de una penumbra azul marino a una penumbra amarillenta de tonos rojizos. empujó una segunda puerta, de pequeños cristales enmarcados en plomo como panales de abejas. en el interior se abría la nave de la iglesia, con sus dos hileras de columnas bajo una bóveda invisible. alrededor del altar centelleaban las azuladas llamas de las velas. más arriba, iluminados por la intranquila luz, blanqueaban unos enormes pies humanos clavados a un madero vertical. los bancos estaban vacíos. las agitadas manchas de luz rescataban de la oscuridad aureolas doradas, figuras de santos y de ángeles. wilk se sentó en el último banco. hundió el mentón en el pecho y se quedó allí. el silencio estaba encerrado en el interior de la iglesia como una burbuja de piedra contra la que se restregaba el viento."
"en el crepúsculo azul y negro se abría una brecha sanguinolenta como si el cielo mostrara en aquella fisura su propia carne. ya no nevaba, solo el viento aullaba por las calles violenta e incesantemente."
"la cerilla le quemó los dedos y cayó con un zigzag rosáceo. siguió con la vista cómo el luminoso punto se fundía con la oscuridad. mientras leía el rótulo se dio cuenta de que la puerta era la misma, y también el resbaladizo picaporte de hierro: el mismo desde tiempos inmemoriales. solo la pequeña ventanilla había sido cegada con un trozo de tablón de madera. el hombre apretó los labios, irritado. —¡depósito de chatarra!—pensó—. nunca mejor dicho. ¿quién querría vivir en ese cuchitril? ¿cuántos años hará que nos fuimos? ¿quince? qué raro, no siento ese tiempo: nada, es como una pizca de nieve que desaparece antes de que le eches el aliento."
"le voy a decir algo desagradable. un intelectual, intentando ser objetivo, diría: el capitalismo es un sistema malo puesto en práctica por gente inteligente. ¿y el comunismo? en fin..., el sistema es bueno, incluso muy bueno, pero quienes lo representan... son unos palurdos, unos necios, en una palabra: unos incultos. zafios, de modales toscos, incapaces de llorar con un poema, escuchan a chopin como si fueran medio sordos. no gesticule usted de esa manera. quizá haya exagerado un poco, pero es así. y al elegir ese sistema bueno piensa usted: tengo que formarlos un poco, educarlos a mi manera, y cuando ya estén bien pulidos, libres de asperezas, cuando todo cristalice, entonces habría llegado el momento de construir y vivir y hablar con ellos. y, sin embargo, querido camarada profesor, queda una gran pregunta: ¿quién ha de aprender qué? ¿usted es psicólogo? perdóneme, pero otra vez vamos a discutir: le diré que no tiene usted ni idea de la psique de la gente así llamada zafia, de los campesinos o de los obreros. ¿sabe usted cómo migran las aves de los grandes lagos? son tantas que cuando levantan el vuelo el cielo oscurece. es sorprendente que no choquen entre sí. pues resulta que vuelan a diferentes alturas, las grullas tienen su propia área de vuelo, los patos la suya... —suspiró—. el ser humano también tiene su área de vuelo: va por la vida entre seres semejantes. entornos, estratos, grupos dentro de diferentes clases sociales. son lugares comunes, ¿no? pero perdone que le diga: usted y los suyos siempre juzgan desde su propia área de vuelo a los demás. porque ¿qué significa la revolución para ustedes? aplicar una teoría científica para cambiar el mundo. en pocas palabras: siguen ustedes en su entorno, en un laboratorio. y, en realidad, este asunto es mucho mas complejo. se trata de cambiar la relación del hombre con el hombre, con el trabajo. ¡qué increíble reto! ¿y qué tenemos? decenas de partidos diferentes que han vaciado de significado las más bellas palabras sobre la libertad y el trabajo social; tenemos la mayor de las miserias, ruinas, fosas comunes, la memoria del terror, de las torturas; la corrupción, el contrabando, las jugarretas políticas; actuaciones ridículas cuyo precio lo paga y lo seguirá pagando el pueblo; y nosotros qué, evangelistas, pájaros de dios, ¿acaso debemos poner a gobernantas para vigilar a veinte millones de personas, esperar hasta que cultiven en ellas sensibilidad, delicadeza, amor al prójimo, y solo entonces remangarnos y ponernos a trabajar? no, amigo mío, nosotros no somos niños. ¿qué nos diferencia de los demás? ¿el conocimiento? algo de conocimiento tenemos, pero no es nada frente a lo que la vida exige y seguirá exigiendo. lo principal y, en el fondo, lo único que importa es ser consciente de la responsabilidad por los destinos ajenos, por el mundo: cuando sepamos compartir esa responsabilidad con los demás de forma que la tengan en su corazón día y noche, habremos realizado la mitad... y una persona que no quiere saber nada de esa responsabilidad, a pesar de que ve, de que oye y de que tiene cerebro, qué genio va a ser."
"—pues verá, este plomo no debilita la radiación cósmica, sino todo lo contrario, la potencia. es el llamado efecto de rossi: cuando todos los rayos cósmicos atraviesan una capa fina de metal, chocan contra sus átomos provocando la aparición de nuevos haces de partículas secundarias, las llamadas cascadas de alta energía. los ratones de la jaula central están expuestos a esa radiación en cascada potenciada. sobre los otros, en cambio, actúan los rayos cósmicos normales. —¿y cuál es el resultado del experimento? —mis resultados, de momento se basan en sesenta ratones..., y eso es poco para generalizar. en la ciencia, ya sabe, las prisas son malas. pero puedo decir que el aumento de casos de cáncer entre los ratones de la jaula central, que yo llamo jaula pantalla, es indudable. —¿quiere decir que la radiación cósmica...? —quiero decir—el profesor levantó la mano en la que sostenía el tazón— que las nubes, el aire, el agua de los océanos, los cuerpos humanos, animales y vegetales son atravesados continuamente por rayos cósmicos, como por balas disparadas desde el espacio. las estadísticas muestran un lento pero constante aumento de casos de cáncer en las últimas cuatro décadas. supongo que ese aumento tiene que ver con la urbanización y la industrialización del mundo. ¿qué otra cosa son nuestros tejados de chapa, los armazones metálicos de las fábricas, los forjados de las instalaciones industriales sino una especie de pantalla metálica que potencia la radiación cósmica y la concentra en nuestros cuerpos? verá, los rascacielos, los edificios de hormigón armado, las grandes fábricas son incubadoras de cáncer... esta es mi hipótesis, que, de momento, no tiene demasiada base. —concluyó inesperadamente con una voz muy tranquila y, tras rebañar una vez más el tazón con el pan tostado, lo llevó a la pequeña mesa."

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
It would be reeeally cool to see at least a fragment Peter Hogarth’s work where he elaborates on relation between math and language in A Perfect Vacuum among other fictional publications. I tried to find actual real papers with similar conclusion, but didn't succeed. I wonder whether this proof was only the characterization tool to tell us what kind of person Hogarth is (like the paper where he statistically “solved the human mind and ethics”) or is it actually a somewhat valid concept? “not from enumerability?” I'm so curious dude 😭😭😭
A Perfect Vacuum (Polish: Doskonała próżnia) is a 1971 book by Polish author Stanisław Lem, the largest and best known collection of Stanisław Lem's fictitious criticism of nonexisting books.[1] It was translated into English by Michael Kandel. Some of the reviews remind the reader of drafts of his science fiction novels, some read like philosophical pieces across scientific topics, from cosmology to the pervasiveness of computers, finally others satirize and parody everything from the nouveau roman to pornography, Ulysses, authorless writing, and Dostoevsky.
solaris - stanislaw lem (★★★★☆)
stranded on a distant planet, with strange, incomprehensible, fantastical processes happening upon its world-covering red sea of oily jelly-like fluid, a man discovers himself haunted by the darkest pit of his past, as the alive planet infiltrates his mind.
solaris begs the theory that humans, in our mad-dash for attempting to find distant life forms, are merely looking for “mirrors” of our own civilization. of something similar, easy to process and understand, for we are just looking for confirmation, that are race is doing things the “right” way, whether our alien counterparts are ahead of us or behind. but here, finding life, a civilization, that is absolutely incomprehensible to all our science, the humans in the world of solaris refuse to accept it. for humanity doesn’t ever accept things that it doesn’t understand, and that is where we fall into mediocrity.
the very technical descriptions do a very good job at showing the very detailed, desperate attempt humanity makes to understand beautiful and strange things as a makeshift reasoning for why those things happen. this can be a hard novel to understand, but it undoubtably pays off nonetheless, as then the incomprehensible bits add a layer of characterization and mystery to the book, as i think was lem’s intention.
the non-technical descriptions, of the planet and happenings upon it, are beautiful. lem seems to write with such a sureity of form that the words nearly float off the page in their rightness. a very beautiful novel, not flowery in the least, but the prose flows very smoothly. the descriptions of the red sea, and the unforgiving dawns were especially well done. in very few words, lem masterfully creates a dark tone and much suspense in these depictions.
overall, solaris is a science fiction novel worth the read. fantasic, original, entertaining, and philisophically probing, there simply isn’t another like it
read 15 july 2026