Querido Oddie:
El tiempo se pasa volando, casi ni se siente, tanto que pareciera ayer que mientras llamaba a mamá podía ver tu carita, ya algo viejita por los años. Nunca olvidaré como desde que me fui y me oías por el teléfono levantabas tu cabecita y ladrabas, quién sabe reconociendo mi voz, quién sabe, sintiendo por Bluetooth emocional lo mucho que te extrañaba. Creo que de todas los momentos extrañamente desgarradores que tiene la vida, jamás olvidaré cuando momentos antes del adiós levantaste igual tu cabecita, sin mirar, solo escuchando, y luego cuando miraste como quien reclamaba que no estuviese ahí presente...
Desde que llegaste a casa, envuelto en una chompita, de sorpresa para Sebitas y luego para todos, nos hiciste una familia, desde ese entonces nos definimos como tu familia, giramos alrededor de tus travesuras y aventuras, de tus trastadas y tu alegría. Hacia tan poco que nos habíamos mudado a una nueva casa y luego llegaste tú y la hiciste nuestra al instante. Nos convertiste en tu máquina de engreimiento. Sacaste lo más bonito y lo mejor de cada uno. Cuando no podías subir a los sillones de tan pedazo de perro que eras; cuando pedias la cuota de cariño del día, que del día, de la hora, del minuto, del segundo; cuando hacías tour por todas las camas para acomodarte según tu conveniencia; cuando nos esperabas en la puerta con el baile de la colita; cuando ponías tu caras y expresiones que nunca antes vimos en perro alguno; cuando te robabas las toallas de mamá; cuando te robabas las medias de Javi y Sebitas; cuando te robabas los secadores de mamá, cuando te robabas todo aquello comestible que osase cruzarse en tu camino; cuando te sentabas a esperar a que te prestara atención cuando preparaba mis informes, regresando de cuando en cuando y quejándote de que no le diera mas prisa, pues los cariñitos estaban en juego; cuando te cantábamos por cualquier cosa... (siempre, te lo juro, siempre, serás mi perrito de orejas largas que sin preocupaciones va...); cuando te ibas paseando de regazo en regazo a poner tu carita y a murmurar bajito para que compartiésemos la comida con el rey de la casa; cuando te subías a la mesa y te encontrábamos; cuando te encontramos encima de la computadora y entendimos que el tiempo pasaba mejor cuando te hacíamos cariñito; cuando me aguantabas para las mas ridículas fotos desde que pisaste el suelo de tu casa; cuando ya lejos de ti te extrañaba cuando veía tus pelos en mi ropa; cuando eras el hijo putativo de mamá, el adoptadito; cuando eras el que se quedaba detrás de Javier, buscándolo para dormir en donde fuera que estuviera el, siguiéndolo como la voz; cuando buscabas a Sebitas y te acurrucabas en sus brazos, cuando todos en la sala, viendo televisión, o descansando o almorzando, sabíamos que orbitábamos en nuestro sol, porque eres y serás el centro, ese centro que nos enseñó tanto sobre el amor puro e incondicional, ese amor que nos tenemos entre todos nosotros y cuyo recordatorio fuiste tú.
Gracias por todo. Me duele decir gracias porque tiene algo de adiós, y la verdad aún tengo la esperanza irracional de regresar y escuchar desde las escaleras como ladras para recibirme en casa, por fin de vuelta. Es irracional, ya no compartimos el mismo plano existencial, y tanto palabreo es solo porque me cuesta tanto poder expresar que ya no estás, ni estarás esperándome cuando llegue a casa, a ese hogar que tanto nos ayudaste a mostrar.
La línea perfecta, o digamos usual es que diga adiós con todas las letras y como debe ser, y continúe, porque hay que seguir viviendo, porque el reloj pasa y las horas no perdonan. Pero no puedo. Soy tan humana como para poder ver por primera vez que pese a que las horas pasen y la vida continúe, aun no me pueda desapegar de esta manera de ti, Oddie. Cuélguenme por egoísta, llámenme a terapia, pero aún no estoy lista. Es solo que no puedo contener tanto y necesitaba este pequeño escape, dejar ir un poco de todo lo que eres tú, pare seguir manteniéndote a mi lado, en ese lado llamado sueños imposibles. Quizá sea esa mi manera para seguir adelante, de a pocos, avanzando a pocos, soltando en escupitajos lo mucho que tú y algunas cosas me pesan en el corazón. Por favor, sabrás ser paciente con mi egoísmo incapaz de despedirse y seguir adelante.
Veremos al final que ocurre, hasta entonces!












