“Nunca comprenderé por qué los locos se quejan de que los tengan encerrados en ese lugar. Uno puede arrastrarse desnudo por el suelo, aullar como un chacal, enfurecerse y morder a quien le dé la gana. Si alguien hiciera eso en la calle el mundo se sorprenderÃa, en cambio allà todo resulta natural. Existe tal libertad, que ni los socialistas se han atrevido a soñar nunca algo parecido. Uno puede hacerse pasar por Dios Padre, por la vÃrgen MarÃa, el Papa, el rey de Inglaterra, el señor Emperador, o hasta por el mismo san Wenceslao, a pesar de que a este último lo mantenÃan desnudo y continuamente atado a una celda de castigo. Por lo general se vive allà como en el paraÃso. Uno puede gemir, rugir, cantar, llorar, aullar, saltar, rezar, dar volteretas en el aire, gatear, saltar sobre un solo pie, correr en cÃrculos, quedarse todo el dÃa acurrucado o tratar de trepar por las paredes. Nadie llegará a decirle: ‘¡No haga usted eso! ¡Su conducta resulta inconcebible! ¿No le da vergüenza comportarse de esa manera? ¿Y pretende asà que se le considere como a un hombre civilizado? Repito, los pocos dÃas que pasé en un manicomio han sido los más felices de mi vida."
- Las aventuras del buen soldado Schveik (fragmento) Jaroslav Hasek







