Misteltoe Kisses
Había cosas jodidas y tener que trabajar en Nochebuena. Supongo que debía estar teniendo algún tipo de beneficio por mi puesto, por la fecha o por el hecho de que era mi cumpleaños. La verdad, no me importaba el hecho de volverme un año más viejo (y pasar oficialmente al grupo de treintañeros de la oficina). Lo que yo quería era regresar a casa, pasar un rato con Ritsu y dormir.
La temporada había estado bastante pesada y casi quise llorar cuando veía a todos mis compañeros irse, no sin antes desearme un feliz cumpleaños o una feliz navidad. No les escupí en la cara simplemente porque estaba muy atareado, pero aún así, no podía culparlos del todo por no ser tan perfeccionistas y trabajólicos como yo.
Ya eran las diez, pero todavía me faltaban unos papeles que archivar y,bajo ningún concepto, iba a dejarlos ahí abandonados. Me iba a tardar unos veinte minutos más. Le mandé un mensaje a Ritsu para avisarle que iba en camino, sólo para que no empezara a angustiarse y a llamarme cada diez minutos para comprobar que no me había muerto, que no me habían secuestrado y si no estaba con alguien más.
Me apresuré tanto como pude y, al terminar y salir del trabajo, estaba que me dormía, y en el taxi, cabeceé unas dos o tres veces. El conductor tuvo que tocar el claxon en una ocasión para despertarme y preguntarme a dónde íbamos.
Casi suspiré de alivio al llegar al edificio donde vivíamos. Ni siquiera me importó subir las escaleras, yo sólo quería llegar y dormir, aún si fuera en el sofá. Necesitaba cerrar los ojos, descansar. Arrastraba los pies sobre los peldaños y por el pasillo, harto, hastiado, cansado y con un frío del demonio.
Cuando entré al departamento, vi los zapatos de Ritsu en el genkan. Al descalzarme, anuncié mi llegada. —Ya estoy en casa.














