Episodio 4x23: “Bailando con el diablo”.
[ Bar de Greyson – 31 de Mayo 2019 ]
Durante los últimos meses, Ringo se había concentrado en él trabajo, las misiones, y las clases que impartía; y por las noches, se le veía como cliente frecuente en él bar de Greyson. Jugaba al pool y bebía, una que otra vez se le veía acompañado de alguna chica tonteando. Esa noche no iba a ser la excepción, su entrenamiento habla terminado y para seguir como buen fin de semana se dirigió hacia el bar. Era normal que por ser fin de semana el lugar estuviera lleno, y lo que más le gustaba al chico era la convivencia que había entre algunos cazadores y subterráneos, a pesar de que tenían la teoría de que estos no se llevaban bien, por su parte, Ringo se llevaba bien con casi todos, había sus experiencias pero era todo por la cuestión de egos, sobre todo con los vampiros que ahí frecuentaban y se querían pasar de listos, y para suerte Greyson, el dueño, sabia como manejar esas situaciones.
Durante la noche se turnó la mesa de billar con sus amigos, Heath y Sophia quienes lo habían invitado a unirse a ellos para continuar con la velada; jugaron un rato compitiendo como era de esperarse y casi al llegar la media noche la pareja se retiró, dejando a Ringo que quería seguir jugando y no tardó en encontrar contrincante, unos vampiros que le siguieron él juego enseguida, el ambiente entre ellos se puso tenso llegando a hablarse fuerte y pasadas las copas del rubio se puso algo agresivo respondiendo a las indirectas de los vampiros, por fortuna él dueño lo separo llevándolo a un lado de la barra para que se tranquilizara, como lo conocía ya le ofreció una bebida e invitándolo a que se retirada una vez que terminara ya que estaba mal.
La vida del hereje había cambiado desde que había vuelto a Idris hace unos meses. Había cambiado los días de cerveza y videojuegos por días de levantadas tempranas y de responsabilidades académicas. Para Malachai no era algo con lo que estuviera feliz, ya que siempre se las había arreglado para hacer lo que quería, pero debido a los últimos acontecimientos de los años anteriores, era el lugar donde estaría a salvo, a pesar de que el chico consideraba que podía cuidar de sí mismo.
Una de las condiciones para vivir en la ciudad era que se tenía que comportar; es decir, no podía realizar hechizos sobre personas sin la autorización de la Clave, pero por supuesto, siempre había una letra chica que ayudaba a pasar la ley por alto. Además de realizar clases a principiantes, se adueñó de un sector del mercado negro, por lo que llevaba semanas entregando drogas y armas ilegales a cualquiera que estuviera dispuesto a comprarlas; es por eso por lo que solía frecuentar el bar por las noches, ya que era la instancia perfecta para vender sus productos.
Llevaba un par de horas sentado en un rincón, bebiendo cerveza y comiendo papas mientras realizaba sus negocios sutilmente y sin despertar sospecha de los demás. Había estado observando a su alrededor y notó el momento en que el chico rubio era despedido por sus amigos, y con su experiencia pudo notar la amargura que se escondía bajo la despedida cordial que les había dado. Decidió observarlo un rato y no tardó mucho en notar que algo faltaba en el chico; algo que lo hacía perfecto como cliente, o mejor dicho, como objeto. A simple vista se veía como cualquier otro cazador, pero Kai era capaz de notar los conflictos interiores de la gente con facilidad, y el chico no fue excepción; es más, si quedaba alguna pequeña duda fue confirmada cuando casi se ponía a pelear con un grupo de vampiros.
Un sentimiento de satisfacción recorrió su cuerpo y se apresuró a beber el resto de su cerveza para levantarse y caminar hacia la barra. — ¿Por qué la cara larga, rubiecito? ¿La misión suicida no salió como esperabas? — comentó con un tono calmado mientras se apoyaba en la barra junto a él y hacía una seña para que le sirvieran una cerveza también — No sabía que tenían permitido eso, sino me hubiera inscrito — hizo un leve puchero, como si realmente le afectara aquello, pero en realidad no lo hacía —
Él chico bebió de la cerveza que le habían ofrecido, dándose cuenta de que en verdad había bebido de más y que estaba poniéndose tonto. Aunque ya se iba a ir prefirió irse “sano” y no causarse más problemas, así que saco su estela y la pasó por sobre su runa de curación, aliviándole solo un poco él alcohol en su sistema ya que no funcionaba del todo para esos problemas, pero era algo a comparación de a como ya estaba. Bebió un trago más y escucho la voz de alguien junto a él.
Una de las cosas que podrían poner de malas a Ringo o que le molestaba, era que le llamaran Rubiecito, así que puso mala cara al escuchar que lo llamaban así pero intento contenerse. Si hubiera estado aun con los efectos del alcohol seguramente soltaría algún golpe al instante — Siempre tengo un plan B bajo la manga, ¿quieres ver? — dijo él rubio girándose, haciendo puño sus manos, mirando de frente al chico, frunció ligeramente el ceño tratando de reconocerlo ya que se le hacía que lo había visto por ahí, pero como era de esperarse Ringo no prestaba demasiada atención a los demás como para saber su nombre o de donde lo había visto —Somos exclusivos, no aceptamos a cualquiera —Agrego con arrogancia encogiendo sus hombros como si aquello no le importara; no se quebró más la cabeza pensando en quien era el chico y decidió ignorarlo, miro hacia él frente tomando unos cacahuetes de la charola llevándolos a la boca.
Sonrió ampliamente al escuchar su respuesta y ver cómo le ofrecía el puño; sin duda era exactamente como pensó que lo recibiría. — Bueno, siempre es bueno tener un plan B. O un C. O un D. Bueno, ya sabes cómo eso sigue. — se encogió levemente de hombros y asintió una vez ante el comentario de la exclusividad. — Oh, ya veo. ¿Ser rubio es uno esos? — comentó con una leve sonrisa, la cual podía parecer sincera para los demás, pero para la gente que conocía a Kai, era una sonrisa con maldad.
— ¿Y qué sucede con los de tú tipo? ¿Cuál es tu problema? — pregunto sin siquiera mirarlo, ya que recibía el jarro con cerveza y tomó unos sorbos antes de continuar — Oh, déjame adivinar — lo señalo con el dedo, como si estuviera leyendo su actitud — ¿Líos mentales? He pasado por eso — hizo una leve mueca y se encogió levemente de hombros — Déjame decirte, qué hay muchos que pasan por eso, pero claro, los de tu especie son taaaan intensos en todo que llega a ser aburrido — alargó la palabra con aburrimiento mientras se estiraba para sacar cacahuates. Como la noción del espacio personal no era algo que Kai consideraba, no le importó apoyarse en el chico mientras sacaba algunos y volvía a su posición — No sé cómo tus amigos no se dan cuenta de que finges con ellos — se llevó un cacahuate a la boca.
— Solo digo qué hay otras formas que buscar una pelea con vampiros, que, en mi opinión, es demasiado bajo para los de tu especie. Después de todo, no se vería lindo que un cazador de sombras, que prácticamente se consideran dioses, haya sido demacrado por vampiros — negó con la cabeza con exageración — Eso simplemente es mala clase, uf — hizo una mueca desagrado y continúo bebiendo— Yo podría ofrecerte algo mejor. Un negocio. — dijo sin quitar la mirada de su jarro de cerveza.
Sin voltear la mirada hacía él escuchaba lo que el chico decía, además que era evidente que hablaba con él y no con nadie más. Colocó los ojos en blanco con fastidio y pensó que si no le seguía la plática dejaría de molestarlo, aunque no era el más paciente. Escuchó sus preguntas y su paciencia llego al límite, pero sin explotar como solía hacer; solo se giró dedicándole su mirada más despectiva y desagrado.
— ¿Te han dicho que eres muy molesto? — dijo entrecerrando los ojos y bufó volviendo a colocarse en su postura. Bien pudo levantar e irse, pero no lo hizo, últimamente no tenía cosas mejores que hacer, su trabajo como cazador era todo lo que tenía, y cuando no estaba cumpliendo con aquello debía buscar maneras de pasar el rato sin que sus pensamientos lo abrumaran y aunque el chico a su lado estuviera siendo impertinente con sus preguntas lo que decía tenía mucha razón. Sabía que sus amigos lo conocían y si lo invitaban a pasar el rato con ellos era para que se distrajera, quizás no se lo decían directamente para no incomodarlo, pero como siempre decía, las acciones valen más; con su parabatai no había por qué hablarse para saber que el otro estaba mal y con la esposa de su amigo sabía que Heath le platicaba todo y un punto de vista femenino siempre era bien recibido por los chicos. — No tengo que fingir nada con ellos — soltó como algo automático y bebió de su cerveza quedando ya solo un poco él tarro.
Analizó la actitud de su acompañante por unos segundos; un vampiro no era, aunque su arrogancia e impertinencias parecía de uno, pero también apostaba por un lobo, aunque tampoco daba el físico de uno. Conocía a las especies, cada una de ellas, y no había visto algo parecido y su instinto le comenzaba a dar señales, no era como que el ser cazador viera a todo mundo como subterráneo, pero si sabía diferenciar cuando alguien tenía intensiones maliciosas, sobre todo si hablaba en tono despectivo de los de su clase, como si no le agradaran — ¿Que sabes tú de los de mi clase? Si tienes todo él estilo de ser un subterráneo, o ¿acaso atrapamos a loa de tu clase en algo y están siendo juzgados por la clave? — dijo fingiendo un puchero, sonriendo luego de lado satisfecho de devolverle al menos algo de lo que había sido molesto para él. Bebió lo último que quedo en su tarro y llamó para pagar la cuenta; sus ganas de sacar pelea con los vampiros se había ido así que mejor iría a su habitación a dormir. Eso le decepcionaba, ir a tratar de dormir y pensar en otras cosas en lugar del dolor de los golpes, quizás fue eso, el tono aburrido con el que imaginaba el resto de la noche que fue que las palabras de Kai le llamaron su atención, que clase de negocio le ofrecería. Al final de cuentas que podía ser más divertido que pelear con vampiros — ¿Un negocio? — repitió, ya se había puesto de pie y volvió a sentarse en su banco, frunciendo él ceño, entre interesado y, todo lo contrario, su instinto aun le decía que no era de confiar.
Hizo una mueca sin mucho interés ante su pregunta y se encogió de hombros — Me lo han dicho; lo tomo como cumplido en realidad — respondió con la misma tranquilidad, pero sabía que aquello podía sacar de quicio a cualquiera. Continuó comiendo cacahuates mientras lo miraba de reojo y puso los ojos en blanco ante su ‘insulto’ — Ay, por favor, niño. ¿Tú crees que ando en manada? No, no, Kai Hunter trabaja solo — negó de una forma divertida un par de veces — Además, en este lugar… ya sabes, ‘Idris’ — hizo las comillas con los dedos — la única persona que comparte mis habilidades, o que se podría decir así porque no tiene nada de experiencia y su madre le reprime sus poderes con una pulsera, es una niña de tres años. No puedo trabajar con eso, aunque esa niña será un desastre por si solo cuando entre a la adolescencia — comentó cómo si a esa altura estuviera hablando con sí mismo; y así creía, pues una vez más se había perdido en sus pensamientos. De otra forma no habría compartido información.
Hizo una leve sacudida de cabeza para despejar su mente y volver a la conversación, ladeándose un poco para mirarlo — Así que no, los herejes trabajamos solos. Por si aún no lo descifrabas. — añadió volviendo la vista hacia delante y vio de reojo como el chico pagaba su cuenta, lo que cualquiera daría como una misión fallida, pero ese pensamiento estaba muy lejano. Y así seguiría; pues una sonrisa se instaló en su rostro al ver que volvía a tomar asiento ante su oferta. — Si, un negocio. — se ladeó nuevamente para quedar frente a él — Vamos al grano, ¿sí? De todas formas, si te pones muy reina del drama con lo que te diré, simplemente puedo borrar esta conversación de tu cabeza y aquí nada ha pasado — comentó cómo si nada — Bueno, claramente no sabías quién era, ahora lo sabes. Y sí, ¿qué hace un hereje aquí, siguiendo las reglas de la Clave? Uhm, se podría decir que me servía para distraerme un rato. Ya sabes, tener cientos de años se hace aburrido a veces — se encogió de hombros, terminando de comer los cacahuates que había sacado antes — El punto es, que además de hacer clase y seguir el horario que todos seguimos, tengo un negocio aparte. Drogas. O medicinas naturales, como quieras decirle. — rodó los ojos de forma divertida —
— Tengo mi negocio estable aquí; si, increíblemente muchos necesitan drogarse para rendir en sus clases — hizo una mueca — Pero tengo intenciones de expandir mi negocio, y es imposible estar en dos lados a la vez para negociar. Bueno, imposible no, pero me da flojera usar mi magia para eso. En fin, tengo decidido irme a Los Ángeles, a buscar más gente, pero como sabes, Los Ángeles es demasiado grande. ¿Mi propuesta? Ayúdame a negociar; o a vender incluso. Ganarás buen dinero y podrás reemplazar los golpes de vampiros por trabajo. Y si te preocupa la Clave, no te preocupes; tengo un glamour para que no sepan que eres tú — añadió enseguida vio su rostro de preocupación.
Ringo no había visto antes a un Hereje, pero si había escuchado de ellos y él rumor de que en Idris había uno, quedándose solo en eso, en un rumor, en ese entonces no le había interesado saber de él hasta ahora, recordó que había leído algo en un libro de especies — Los herejes no tienen buena fama — dijo frunciendo el ceño pero igual se acomodó nuevamente en el asiento, dispuesto a seguir escuchando la propuesta de negocio a pesar de que ya estaba advertido sobre la naturaleza del chico.
Se sorprendió de lo que hacía, él tráfico de drogas o medicinas como decía, no le sorprendía que en el instituto consumieran ya que había visto a algunos alumnos, no era su estilo consumir, y mucho menos había pasado por su cabeza la idea de vender, ni le parecía algo malo como algo bueno, ya que era de la idea que cada uno elige que meter en su sistema, nadie era obligado. Analizando su situación y el cambio de residencia que haría pronto no le pareció mala idea, sobre todo cuando agrego que podría usar un glamour, la idea de peligro y adrenalina lo nublo — ¿Por qué me ofreces eso a mí? — fue lo primero que pensó, aunque había dicho que si se negaba le podría borrar la mente, eso le trajo curiosidad — Hay otros sufridos por ahí — agrego colocando los ojos en blanco — Acepto, pero quiero saber por qué me lo ofreciste, no creo que solo porque si —se apresuró a agregar, tranquilo, la idea lo había tentado demás, pero igual quería estar seguro de que se metía en eso por una razón o solo por suerte.
Se encogió de hombros sin importancia — En tiempos desesperados, se toman medidas desesperadas — respondió con una media sonrisa al bromear con aquello. — No te creas tan importante; solo reconozco una oportunidad cuando la veo. Por supuesto, este lugar está lleno de personas con problemas y que se sienten quizás hasta la mitad de miserables de cómo te sientes tú — comentó mientras se levantaba para tomar un puñado de cacahuates y se llevaba uno a la boca mientras se volvía a sentar — Pero no todos están en la posición de ‘Me da igual morir hoy o mañana’. Oh, y también me recuerdas un poco a alguien, o quizás todos los rubios se parecen. El tiempo dirá — dijo sin importancia, aunque el rostro del chico le seguía trayendo una imagen a su cabeza, pero eso era algo que en lo que indagaría más adelante si le seguía molestando.
— El trabajo es simple. Hacemos correr la voz y prácticamente la gente llega sola. Pero hay que tener cuidado en las dosis que quieran comprar; tampoco necesito tener a la Clave encima mío porque uno de los idiotas se sobrepasó con alguna droga — hizo una mueca de molestia al pensar en eso — Algunos pedirán más de lo que se debe, por lo que hay que tener firmeza para rechazarlos, pero sin perder la compra — dijo mientras se levantaba para sacar su billetera del bolsillo trasero y sacaba dinero para pagar lo que había consumido. Le hizo una seña a Greyson mientras dejaba los billetes debajo de la jarra — También puedo conseguir armas, pero ese es otro tipo de servicio. En fin, como dije, puedes ganar dinero, tener la adrenalina que andas buscando y no morir en el intento. Oh, y por supuesto, si me respondes bien, nunca está demás tener un hereje como aliado — alzo ambas manos con poca modestia, ya que sabía que aquello podía ser atractivo en la conversación.
Su primera reacción fue poner los ojos en blanco, aunque le fastidiaba su respuesta el solo se lo buscó por creerse “especial” una cualidad que tanto le habían recalcado, el ser creído era parte de cómo era o mejor dicho como se mostraba con los demás. Encogió los hombros como el chico había hecho antes, sin importancia — Vale, entendí — respondió entrecerrando los ojos con desconfianza por aquello último que menciono que se le hacía conocido y generalizaba por su color de cabello.
Conforme lo fue escuchando, sus planes, él trabajo que desempeñaría, la adrenalina de solo imaginar que iría contra las reglas se le atraía cada vez más; Ringo no era de los rebeldes que iban contra las reglas, a pesar de tener su fama, siempre terminaba haciendo lo que le pedían, pero a su manera, por eso se sentía más atraído por la oferta. Kai tenía razón, le daba igual si moría hoy u otro día — Bien, pero quiero un trato justo en cuanto la paga, no creas que, porque soy rubio, soy idiota — dijo como si nada — Un hereje de aliado, interesante — repitió, pero solo como si se hablara el mismo — En cuanto termine de empacar viajare a L.A. y buscaré un departamento, ¿cuándo necesitas que comience? — con tranquilidad se levantó del asiento extendiendo su mano — Ringo Herondale — dijo su nombre, estirando su mano y afirmando con el apretón de manos para cerrar el trato.









