La victoria de Bolsonaro ha engendrado un nuevo eje, conservador y ultranacionalista, en América Latina. Al compás de Trump, que ve la inauguración de una entente ideológica. Aunque el presidente electo brasileño sigue los pasos homófobos, racistas y contrarios a la inmigración de la extrema derecha europea. Brasil es el estandarte del Nuevo Continente. Hungría, Polonia, Italia son la cuna de esta explosión de tintes fascistas que invade el centro y el norte de Europa.
La victoria de Jair Bolsonaro en Brasil ha dado alas a la extrema derecha… También en América. Porque la oleada de defensores del exacerbado nacionalismo conservador en Europa ya empieza a ser una realidad cotidiana. Los movimientos de corte ultra-derechista se han asentado en el poder ejecutivo de países como Hungría, Polonia o Italia como fuerzas predominantes, si bien en Austria o, más recientemente —a partir de una moción de censura nada más conocerse la tibia victoria de los socialdemócratas en las elecciones del pasado mes de septiembre—, en Suecia, como socios de coalición de formaciones conservadoras. Todos con un perfil homófobo, racista y anti-inmigración con el que ganan enteros en las urnas de la práctica totalidad de socios de la UE. Donald Trump se ha apresurado a felicitar efusivamente a Bolsonaro, al que ya considera su alter ego en la Puerta Trasera de EEUU. Pese a que sus vecinos latinoamericanos, han sido tratados con total indiferencia por parte de su administración. "He acordado [con su presidente electo] trabajar estrechamente en materia comercial, militar y en cualquier otro ámbito", escribió Trump en su tweet como resumen de la inmediata conversación telefó










