Historias de engranajes muertos
Yo ya estaba muerta cuando me encontraste dormitando, junto a esa lápida, sin nombre ni apellidos, menos aún fecha de nacimiento o defunción. Mis pulmones hace mucho que dejaron de funcionar, mi moreno desapareció de mi piel. Yo ya estaba muerta, pues me mató el veneno de sus mentiras, de sus promesas incumplidas, de todas esas cosas que pudieron ser y no fueron. Me mató la acidez de mis propios sueños rotos. Había un mito en mi ciudad, que decía que aquel que muere por un corazón roto es capaz de revivir con el contacto y el cuidado de su alma gemela. ¿Pero como ibas a encontrar a tu alma gemela en esa marea de gente? Mis días ya estaban contados, desde que él me rompió el corazón, ahora solo estaba esperando a que llegara a mi amargo final cuando él apareció. Mis lágrimas flotaban, nunca llegaban al suelo, y eso era lo especial de los fantasmas de corazones rotos, nosotros aún podíamos llorar. Nosotros aún podíamos morir por amor otra vez. Moriríamos una y mil veces hasta encontrar a ese ser que respiraba, que nos sacaría del limbo. Entonces ahí me encontraste. Me cogiste en brazos y fue como si se iluminara el mundo de nuevo. Como si me hubieran desterrado del limbo en el que me había sumido. Aunque mi mente se preguntaba, ¿cómo es posible que alguien cogiera a un fantasma como si tal cosa? Poco me importaba, por fin había alguien que me había recogido y que deseaba repararme. Eso era lo importante. Ahora estoy esperando, tumbada sobre una camilla, con el pecho descubierto, esperando a que vuelvas con nuevas manillas para mi pobre reloj destartalado. Él era un relojero enamorado de un reloj destrozado, y yo era un una chica mecánica hechizada por su relojero.
- Fonte












