Había nieve a su alrededor, pero Andy no sentía el frío en ninguna parte de su cuerpo. Se sentía, de hecho, como una especie de cáscara vacía. Frente a él estaba la tumba, con las finas letras rezando el nombre de Jayden grabadas en el mármol. Andy pudo notar que caía, pero no notaba las rodillas empapadas. Detrás de él, como una sombra, Áedan no paraba de susurrar «No le paraste, es tu culpa, por eso te odio. No le paraste, es tu culpa, por eso te odio» una y otra vez, como un disco que ha quedado estancando en bucle. De pronto, sentía unas sacudidas, su cuerpo moverse a su voluntad y no sabía si era el llanto. Cerró los ojos con fuerza y, al abrirlos, se encontró con el techo del TRIC. El club todavía no estaba abierto, quedaba rato para eso, pero la gente de la discográfica siempre tomaba el lugar como una sala de descanso. Confundido, giró el rostro para encontrar a la persona que le había despertado. --L-lo siento, me dormí --murmuró con voz ronca, incorporándose del sofá. Todavía no había notado que tenía los ojos húmedos.