(...) Dulce el crujir de la luz que abre las horas, dulce la espera, dulces los estambres que reparte tu mano tibiamente. Apenas hace falta decirlo. quizá sólo depositar las palabras en el quicio de una ventana, donde las encuentres. En definitiva: muy rico soy de ti, hay música en el aire y en la cama, todo valió la pena.
Jorge Riechmann












