“Love makes monsters of us all”
Los acontecimientos no se habían dado ni como había planeado ni como habían esperado. Tras el descubrimiento del señor Cushing del estado civil de su hermano, habrían trazado un cuidadoso plan en el que como era habitual, Thomas se encargaría de embaucar a Edith con falsas promesas de amor y ella, como también era habitual, mancharía sus manos con la sangre del anciano.
Pero las cosas se habían torcido de manera que la joven Cushing había descubierto el chantaje de su padre y un nuevo rumbo se tomó, de forma que le llegaría el turno a la joven morena de ser quien distorsionara al hombre: si llegaba a contar alguna vez a su hija las anteriores esposas que su hermano había tenido, le rompería el corazón de manera que no pudiera recuperarse jamás e intentó defender la supuesta “pureza” de los sentimientos de su hermano por su hija. Ante un acuerdo en las sombras, la boda entre ambos se daría de manera que la pareja pudiera ser feliz y ellos no tendrían poder alguno sobre las cuentas de la familia. Por supuesto, eran solo planes momentáneos, no podían despertar sospechas hacia su persona pero deseaba poder volver pronto a Londres; odiaba aquel lugar, aquel clima, aquella ciudad, aquella situación.
Por ejemplo, odiaba las tardes como aquella, en la que tenía que ver a su hermano junto a su nueva esposa pasear, mientras ella debía interpretar el papel de tranquila hermana alegre con aquella unión. Y no lo estaba, le era imposible esbozar una sonrisa mientras los viera juntos.