Sonrisa.
Comienzan a extenderse los labios, se achinan los ojos negros, grandes, vastos, como el universo.
Como el universo.
Como el universo.
Terminan de formarse las comillas en las comisuras de los labios, y es que es imposible no compararlo con un componente literario si verle sonreÃr es tan ameno como regocijarme entre las páginas de mi libro favorito durante el dÃa más frÃo del invierno.
La sonoridad de su risa rompe mi apatÃa en mil pedazos. Adiós a mi desdén. Hola a mi vulnerabilidad.
Y hola a mi afecto.
A mi afecto.
Ahora veo su sonrisa.
Ahora le quiero.
Y lo admito, le quiero.
Porque no hay complacencia, que se asemeje a verle sonreÃr.
Le quiero.
Te quiero.

















