Lo que importa es estar vivo y entrar a la casa en el desolado mediodía de la vida. El río pasa recogiendo la calle polvorienta. Los satélites artificiales pueden rodear la Tierra, pero nada saben de ellos los bueyes enyugados a las carretas. Es el mismo de otro siglo el gesto del campesino al descargar un saco de trigo, el polvillo de la molienda danza en el sol sin memoria, escuchamos el trote de los ratones entre los sacos dormidos en la bodega, y el oculto resplandor de las cosas tiene un secreto revelado por los aromos.
Jorge Teillier













