Se Acabó
Ciclo C. Rotación 26. Satélite Natural Phonnibel.
El viejo les echó la verdad en la cara, todos se quedaron callados por el miedo que les infundaba Nyagurath, una suerte de masa cósmica que se tragaba la vida a su paso. Al parecer vivía en los túneles subterráneos de Phonnibel mucho antes de que lo poblaran, miré a otro lado ignorando la cobardía de los presentes, entonces algo me distrajo. Una alarma se presentó en mis sensores, sonreí mientras el silencio explotó en la cámara de consejo, luces púrpuras reemplazaron las luces rojas que indicaban el número en cada podio.
<< ¿Qué está sucediendo?>>.
En esta luna tenían problemas de recursos porque vivían mucho tiempo, aunque dejaron de reproducirse su población no podría sostenerse, ni siquiera con la gran cantidad de ciudadanos que se fueron a Cathalla. A mi parecer su problema es el progreso: su tecnología es impresionante pero se han olvidado de adaptarse ellos mismos, saben cómo pelear pero no son los mejores guerreros, pueden vivir pero no sobrevivir ¡blandengues! Presioné el auricular en mis gafas y tiré a la mierda mi posición de artículo sumiso.
<<Puedo ir y exterminarlos>> Detuvieron la alarma y el silencio regresó.
<<Androide número diecisiete, adquirido cómo prisionero para uso técnico…>>
El viejo comenzó a decir el historial dado por el Consejo Intergaláctico cuando se enteraron de su nueva adquisición. Una vez terminó, todos soltaron sus opiniones.
<< ¡No podemos ir y dejar un arma suelta!>>
<< ¡Tenemos que entregarlo al Consejo Intergaláctico!>>
<< ¡Es un peligro para esta raza!>>
El viejo mandó a todos a callar, se quedó pensando un momento. Los demás podían ser idiotas pero él no, sabía perfectamente la posición de su gente, los soldados de Cathalla eran más salvajes que los suyos y no esperarían mi presencia.
<<Haz lo que necesites>> sonreí con todo, al fin tendría algo de diversión <<sabes que cualquier cosa fuera de nuestra aprobación será castigada con tu desactivación>>.
Eso no me desmotivó, era el peor momento para deshacerse de mí, y aunque me importaba una mierda el planeta, estaba aburrido hasta los huesos.












