(...) y aunque me lincharan en la plaza del pueblo,    me arrojaran a una fosa oscura y escupieran en mi calavera    disputándose luego mi cola,
venerable padre, Â Â Â acepta mis balbuceos, di una palabra por mÃ,
pues ninguno de mis taberneros paternales    me regala un tonel, ningún cerdo sus gruñidos...
Thomas Bernhard















