Salgo al balcón a tomar aire y un vecino del 1º piso del edificio de enfrente -por descuido, desinterés o por morbo- se pajea con énfasis y la ventana abierta ante una imagen que el ángulo no me permite otear. Tras varios minutos de subibaja troncal, sólo me quedan en claro dos cosas.
Que el tipo tiene poco estilo pero bastante aguante. Y que soy mucho más hétero de lo que me convendría.













