El orden es un invento del hombre que nace del vació existencial 6eneralizado. Este se expresa en el desarrollo cotidiano de las metrópolis, donde las acumulaciones de distintas proyecciones, de diferentes individuos aburridos a lo lar6o de la historia, marcan nuestras vidas. Este suceso se expresa tanto en las pequeñas comodidades, como en la sicosis de la imposición de las dinámicas de todos los especialistas. Tanto es asÃ, que uno puede ir a una esquina a esperar al lado de un poste un tiempo estimado de 1/2 de la frecuencia de un medio de transporte de raÃz público; que este efectivamente pasara y lo llevara a un cierto lu6ar, dándole una posibilidad. UNA POSIBILIDAD, que podrá cambiar su vida, haciéndolo un poco menos miserable o privándolo de quien sabe que placer desconocido. Los inventos nos podrán dar certezas pero nada absoluto. Y hasta en el caso que mi destino realmente pueda su6estionarse por estos individuos, el amor de mi vida podrÃa vivir en el talar, pero el 112 solo lle6a hasta Saavedra. Es entonces el orden la solución de quienes buscan ocupar su semana y al mismo tiempo, tener la escusa perfecta de llenarse los bolsillos de oro. Sera el Orden el medio más efectivo para alejarnos de esa cruel inmensidad. Ese ser que nos deja sin mayor relevancia que una roca mohosa. ¿Quién no suspiro al ver la belleza estructural de una casa en recoleta, sin recordar la belleza de la mismÃsima fuente de inspiración, que nos hace sentir unos soretes? La maldita naturaleza. Ella no solo nos pone en ridÃculo, sino que rodea y carcome nuestras construcciones dejando todo librado a una carrera contra el mantenimiento, de lo que nuestros antepasados creyeron seria, el pro6reso que tanto necesitábamos.
Los primeros desencuentros con la naturaleza del aun no recibido Arquitecto De la Vega.











