Christopher Alexander llegó al mundo el primer día de enero del año 1999, pasados pocos segundos de las doce campanadas que indicaban un nuevo año, siendo el cuarto y último hijo de la familia Gold, portando sangre también del respetado clan ruso Volkov. Como cuarto hijo de una familia de tal renombre creció con un gran peso en sus hombros, debido a que era el hijo menor estaba obligado a cumplir las peticiones de su padre sin ser menos que sus tres hermanos mayores. Robert Gold, su padre, era un hombre estricto, firme e incluso violento, graduado de la escuela Durmstrang. Quien se había encargado siempre de hacerle ver su lugar, recordarle las expectativas que tenía en él y nunca de una forma amable. Debido a todo esto, creció siendo un niño serio, ambicioso por superar a sus hermanos y debido a que le impidió el disfrute de una infancia también creció con un rencor oculto a su padre, quien no dudaba en demostrar su disgusto ante sus ambiciones.A contraste del contacto que tenía con su padre, el pequeño Christopher amaba a Milla, su madre, una mujer dulce y maternal pero también bruja talentosa y fuerte, una digna ex-Gryffindor graduada con excelencia de la escuela Hogwarts, en la que sus hermanos estudiaban durante su niñez. Ella, quien no estaba de acuerdo con los tratos de su esposo tampoco podía objetar ya que su trabajo como auror le impedía pasar demasiado tiempo en casa y por eso era imposible para ella cuidar de su hijo todo el tiempo. Pese a eso Christopher adoraba a su madre, aferrándose a los momentos que pasaba a su lado.La relación con sus hermanos era buena, Jeffrey era un gran hermano mayor, ex-Gryffindor como su madre y actualmente vivía en el país natal de ella, ayudando a su abuelo materno con los asuntos del clan Volkov. Las gemelas, Isabelle y Emma se graduaron también de Hogwarts las dos de la misma casa y con ellas también llevaba una buena relación. Era con su progenitor con quien la cosa siempre se veía mal porque aun siendo un infante Christopher podía verlo en los ojos de su padre, como su mirada cambiaba cuando pasaba de el a sus hermanos. Robert parecía sentir un irracional desprecio por su hijo menor.Su escape a los tratos de su padre eran los libros, tanto mágicos como de orígenes muggle, desde el momento en que aprendió a leer buscó refugio en ellos. En ellos descubrió un motivo para vivir opuesto al que su padre veía, la razón de su odio hacia él y algo que terminaría por cambiar su vida, todo en una sola palabra: Mortífagos|27 - 12 - 2013| “― Pórtate bien Chris, siento que no te quedaras en casa pero tu padre ha estado muy preocupado últimamente. Lamento tanto que pases tus vacaciones asi―” Explicó Milla, dejando a Christopher en la casa de sus hermanas. “― No te preocupes madre, ten un buen viaje.” “― Gracias cariño, volveré para tu cumpleaños, lo prometo. Todo estará bien.” Las últimas palabras de su madre resonaban en su cabeza, una sonrisa ladina apareció en su rostro. “Todo estará bien madre” pensó mientras caminaba fuera de la casa en donde le habían dejado a pasos lentos. Jugueteando con una varita extraña llegó a su hogar, su sonrisa se amplió al anticipar lo que seguiría.
Un grito se escuchó por los corredores de la mansión Gold, seguido por aun aullido de dolor, ambos providentes de la habitación principal.“― Crucio.―” Exclamó la persona que habia gritado al inicio, un hombre de cabellos dorados quien observaba a su víctima sonriendo cínicamente, que causó otro quejido en Robert que se retorcia de dolor en el suelo “― ¡Crucio!―” Esta vez fue una orden más alta causando que al hombre gritara aún más fuerte. Repitió dos veces más el conjuro y se detuvo con una sonrisa triunfante, acercándose a su víctima y tomando su mentón.“― ¿Qué tal estuvo? ¿Se sintió bien?―” Cuestionó y sin esperar respuesta soltó su rostro bruscamente, caminando en dirección al cuerpo inerte que estaba en frente, Robert observó con terror como el hombre levantaba ese cuerpo, el cuerpo de un hombre idéntico a su atacante y lo dejaba en frente de él. “― Tranquilo, no despertara hasta mañana y tú ya estarás muerto…. Padre.” Al mencionar la última palabra el cuerpo del hombre se deformó y tomó la forma de un joven. Christopher sonrió con fingida inocencia, acercándose Robert y al cuerpo desconocido, tomando el rostro del hombre inerte y comenzó a inspeccionarlo con curiosidad.“― Claro, ya no puedo llamarte padre ¿No señor Gold?―” Christopher volteó hacia Robert y sonrió cínicamente. “― Madre te engañó con un mortífago, pero tú necesitabas al abuelo y no dijiste nada.―” Acercó el rostro del extraño al suyo aun sonriendo. “― ¡Mira nos parecemos!”En efecto, el hombre quieto entre ellos resultó ser su verdadero padre y la razón del desprecio de Robert. Tras investigar un año entero sobre las guerras mágicas Christopher descubrió con facilidad y le encontró. Le había llamado diciendo que era su hijo, bastó mencionar a su madre y su dirección para tenerlo ahí, justo como esperaba. En realidad no le interesaba él o su historia con Milla, ni siquiera recordaba su nombre y tampoco era de su interés, sabía que volvería a Azkaban en un día asi que preocuparse por él era inutil.“― Eres un demonio.―” Escupió Robert atrayendo su mirada.“― No Gold, soy solo un villano. ―” Rio soltando el rostro del sujeto y apuntó al hombre ahora aterrado con la varita que tenía en sus manos. “― Pero algún día seré un todo un demonio…. ―” Llevó la varita directo al cuello de Robert. ―….y tú estarás muy orgulloso Padre.Un último hechizo, una luz verde invadió la habitación y el cuerpo muerto de Robert Gold cayó a sus pies.
"Haz sentir orgulloso a tu padre Chris" Fueron las palabras de su madre antes de que subiera al expreso de Hogwarts, entre toda la pompa que se armaba alrededor. Y cuando el sombrero gritó: Slytherin no fue una sorpresa, Christopher sonrió con orgullo sintiendo que cumplía con la petición de su progenitora. Estaba seguro que su padre estaba orgulloso, desde su celda en Azkaban.Caminó con la cabeza en alto a la mesa de las serpientes, siendo acogido con los aplausos y vitoreos que recibían a cada nuevo alumno, seguro de que continuaría llenando de orgullo a su padre, a cualquiera de los dos.