Road so far - Hell bells ~ No vi lo rápido que sucedió todo. No lo recuerdo ¿Dónde están todos? ¿Morí? ~
Anteriormente.
De pronto estaba en lo más profundo del bosque, con unas pequeñas trampas las cuales no sabía si iban a funcionar, a mi lado estaba Eric con todos sus sentidos a mil, yo preparada para cualquier cosa, lo sentía en mi, se acercaba. ~~~~~
El frío se dejó sentir alrededor, el viento soplaba cada vez con más fuerza, a penas se escuchaban los pensamientos de Salem. Eric estuvo en todo momento alerta hasta que en un momento se vio envuelta en un portal mágico, siendo transportada hasta el inframundo. Nada funcionó - Pensó- De pronto cayó sobre el suelo frío, sus manos se juntaron lentamente contra su cabeza y sus ojos se abrieron con la misma lentitud, encontrándolo a él, en toda su gloria frente a la chica rubia. No tuvo miedo en ese momento, solo rabia « ¿Qué había pasado con Eric? ¿Morí? »
Pensaba rápidamente mientras que su respiración se hacía cada vez más lenta entrando en una especie de trance. - Julene Morningstar - Se escuchó la voz del hombre en toda la habitación que hacía acústica con su voz grave.
La rubia de un salto se incorporó para observar con odio al hombre que estaba en frente, le sorprendía que fuera humano, era alguien hermoso pensaba, era el señor oscuro como les decían sus tías, era satán en persona. - Julene Spellman - Le corrigió la rubia mientras se sacudía la ropa y arreglaba su cabello con rostro de pocos amigos. - Te esperé por mucho tiempo, querida hija - El hombre que mantenía su semblante calmado y la rodeaba tanto con su presencia como con su mirada, ladeó una sonrisa ganadora. Julene mantenía su respiración lenta y concentrada recordaba todo aquello que le habían enseñado, el autocontrol era su arma más fuerte en ese momento, porque quería lanzarse sobre él en todo momento - ¿Dónde está Eric? - Preguntó por su novio, en ese momento, pero el hombre soltó una carcajada. - ¿Ese lobo impuro? No es para ti, querida Julene, tú debes de aspirar a algo más, ahora que te quedarás acá, debes de buscar alguien a tu altura, eres hija del señor oscuro, todos te desearán. Balbuceaba el hombre mientras hacía alabanza a lo que podía suceder en ese lugar. Sentía su interior pudrirse mientras el hablaba pero no podía moverse como ella quería, o pensar en un hechizo claro ¿Qué sucedía? Sintió una conexión extraña, una voz susurrando muy suavemente en su interior, era Salem. ~ Prepárate ~ Fue lo que escuchó de Salem. En ese momento sintió su cuerpo fuera de sí, pasando por pasadizos oscuros hasta llegar al bosque nuevamente, era Garret trayéndola de vuelta, su profesor. Cayó de rodillas, y miró a todos los que estaban ahí. - ¡Deben de correr! A penas alcanzó a gritar aquello y una fuerte explosión se escuchó bajo sus pies y la tierra comenzó a abrirse, miles de demonios en forma de bestias escaparon por aquel agujero, comenzó a correr lo más rápido que pudo, en su mente sentía la voz de su padre diciendo « "no puedes escapar, los mataré a todos si es necesario" » Se detuvo con fuerza mientras los demás corrían para poder buscar un lugar donde poder defenderse, de pronto vio a más de 10 personas batallando junto a ella. Si algo había aprendido de las clases de artes marciales era a dar un buen golpe y así lo hizo, en un par de movimientos se sacó de encima a un par de demonios que la atacarían. A lo lejos vio a sus tías aparecer por un portal, se levantó del piso y corrió hacia ella tomándola de las manos, juntas podían ser más fuertes pero una de las bestias se lanzó sobre la mayor de ellas y un grito la hizo llenarse de ira. Observó su alrededor, y de un simple aplauso lanzó una onda expansiva que dejo a las bestias tiradas en el piso, a las que estaban más cerca de ellas. Corrió de vuelta para levantarla del piso y observándolas a los ojos, con rostro preocupado y decidido. - ¡Tías deben de retener a los demonios! Debo terminar con un asunto. Decía con sus palabras llenas de odio. De soslayo veía a Eric luchar con Austin, y del otro lado Garret y Kylo librándose de algunos espectros. No pudo detener más la mirada para ver quién más estaba luchando a su lado, pero lo agradecía. Se tomó unos segundos para cerrar sus ojos. Recordar aquellos momentos que vivió con todos. Estaba decidida a morir para que ellos no lo hicieran, era su asunto, debía de librarse de Lucifer, de su padre, no iba a ser una lacaya. Tomó un gran suspiro - Hoy no Satán - Susurró muy despacio y corrió directamente hacia la grieta del piso y de un salto se dejo caer hacia lo mas profundo de la tierra, pero antes de llegar al piso, el hombre la tomó por el cuello y su cuerpo con fuerza se detuvo. Casi inerte se movió bajo su cabeza haciendo una mueca de dolor. - Eres muy valiente hija, pero todos morirán, solo con el chasquido de mis dedos, veamos ¿Con quién comenzamos? Se paseaba mientras la sostenía cada vez con más fuerza del cuello. Los pies de la chica se movían sin cesar, tratando de zafarse, sosteniendo con fuerza los brazos inquebrantables del animal que tenía frente a ella porque no se podía llamar de otra manera. Su respiración se acortaba cada vez más, y su rostro se ponía cada vez mas colorado, a penas ya podía
escucharlo. El hombre de gran estatura continuó hablando. - Ese chico que te siguió ¿Cómo es que se llama? ¿Eric?...Sí el Lobo, podría comenzar con él, luego con tus tías, y amigos que están luchando por ti en este momento, no sirven de nada Decía el hombre con ojos amarillos llenos de ira por la insubordinación de su hija. - Lo mejor es matar a todos, y que tú puedas verlo. La sonrisa amplia y tétrica se dejo ver en sus labios. Fue cuando Julene reunió todas las fuerzas que le quedaban, no podía ni pensar en ver morir a alguien que amaba. Llena de odio, dolor, y cólera, colocó las manos en la cabeza del señor oscuro y lo teletransportó fuera del inframundo, donde simplemente era un humano con poderes tal como los que estaban en el lugar con ella.
Sintió la energía fluir, por sus venas como si fuera hielo. De pronto no tenía el control de sus poderes, los cuales se incrementaban cada vez más, haciendo una pulsación cada vez más fuerte, el poder se apoderó de su cuerpo, dándole una fuerza sobrenatural, apretando su cráneo cada vez con mas fuerza, provocándole dolor. - ¡No...dañarás...a mis amigos! Su voz cambió en unos segundos, sus ojos se pusieron blancos y un resplandor salió de sus manos. A lo lejos y con fuerza un pulso se dejó sentir a lo más profundo del bosque. La luz se propagó como el destello de un rayo en un día de tormenta, solo aquello se pudo ver. [Continuará]











