FrunciĂł su ceño, no entendĂa quĂ© era lo que la persona al otro lado de la lĂnea telefĂłnica estaba diciendo y por alguna extraña razĂłn comenzaba a sentir un malestar en todo su cuerpo, al parecer era lo que los humanos llamaban enojo â Mire señora no sĂ© quĂ© es lo que dice, Âżpor quĂ© no me responde lo que le digo en lugar de siempre repetir lo mismo? â el pobre arcangel ignoraba que aquello era un mensaje pregrabado y llevaba fĂĄcil una hora en el telĂ©fono discutiendo â ÂĄAh! Maldita tecnologĂa humana â bufĂł sintiĂ©ndose inmediatamente mal pues no sabĂa si aquello podrĂa haber ofendido a su padre y creador, fue cuando por mirar al cielo no visualizo un desnivel y al tropezar con este su cafĂ© fue a dar al suelo.
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