𝗇𝗈𝗐𝗁𝖾𝗋𝖾 𝗍𝗈 𝗋𝗎𝗇 Si había algo bueno que JaeMin aprendió de su antiguo amigo japonés Kenji, era conducir. Kenji era mayor que él por 5 años y cuando el coreano tenía apenas los quince recién cumplidos, él le enseñó a conducir de manera clandestina pues a esa edad era ilegal manejar un automóvil. Realmente se lo agradecía ya que justo ahora estaba a punto de hacer una de las locuras más grandes de su vida, misma que estuvo planeando durante semanas: el robo de un auto. No era muy común ver autos viejos o abandonados por las calles de Seúl, casi todos eran modelos de los últimos años o al menos tenían buena pinta, pero si se transitaba por calles alejadas del centro de la ciudad, era posible ver uno que otro. Durante días observó un auto promedio estacionado en una calle donde transitaba muy poca gente; nadie le daba uso así que era el candidato perfecto. Esperó a que comenzara a oscurecer para acercarse a él y aunque lo más viable era que no tuviese daño alguno, no le quedó otra opción que romper el cristal de la ventanilla del conductor logrando introducirse en él. Kenji también le había enseñado a como encender un automóvil sin cables y era entonces donde agradecía haberlo conocido. Tomó los cables indicados y en menos de lo que pensaba, el auto encendió. Estaba mal, muy mal, lo sabía pero no podía hacer nada ya que el dinero era realmente necesario. Sin más remedio, pisó el acelerador y avanzó lo más rápido que pudo con el temor de que alguien pudiese haberlo visto y que llamara a la policía para que viniesen tras él, era lo menos que quería ya que si eso ocurría el plan fracasaba. Debía de relajarse, nada podía ocurrir así que en lo único que debía pensar era en que debía llegar al depósito de automóviles de inmediato. Apenas circuló por una avenida principal, escuchó las sirenas de la policía acercarse y entonces el alma se le salió del cuerpo por unos instantes porque al parecer venían tras él. “Rayos, rayos, rayos” se repetía vez tras vez en la cabeza comenzando a llenarse de ansiedad, mientras buscaba desesperado en los bolsillos de su chaqueta su reproductor de música. Las sirenas se escuchaban cada vez más cerca y a la par en la que trataba de avanzar entre los autos, logró colocarse los audífonos así que como le fue posible, pulsó el play mientras sonaba una canción en aleatorio. Era magia o un don (así lo llamaba él) porque mientras la música sonaba, la preocupación desapareció en un dos por tres llenándolo de vida conduciendo como nunca antes y con la adrenalina a todo lo que daba acompañado de una gran sonrisa en el rostro. Algo que le pareció extraño era que delante de él un auto negro avanzaba a toda velocidad interponiéndose en su camino yendo prácticamente en la misma dirección. Como pudo se posicionó a un costado del otro vehículo observando que el conductor era un hombre adulto, quién le miró dándole una señal con los ojos acompañada de una cómplice sonrisa; entendió entonces que debía seguirlo y así lo hizo hasta que ambos se adentraron a un estacionamiento. En cuanto ambos estuvieron en alto total, JaeMin sintió temor por unos instantes cuando el otro se bajó del automóvil caminando en dirección suya. Tragó saliva sin quitarse aún los audífonos cuando el hombre se acercó a la ventanilla mirando los restos del cristal roto de esta. —Así qué también estabas huyendo. ¿No eres muy joven para robar autos, chico? —No dijo nada aunque volteó a ver el rostro del sujeto quien aún mantenía aquella sonrisa. —Hay dos opciones. La primera es que bajas y los dos escapamos, la otra es que te quedas y te atrapan. ¿Cuál quieres tomar, 𝘣𝘢𝘣𝘺? —¿Lo había llamado 𝘣𝘢𝘣𝘺? Refunfuñó. Era joven, pero no era un bebé. Al parecer notó el desagrado en su rostro, ya que empezó a reírse como un desquiciado mientras avanzaba a otro vehículo diferente estacionado a unos metros de ahí. El ruido de las patrullas nuevamente se escuchaba ya que su canción había terminado, suspiró cerrando con fuerza los ojos puesto que al parecer no tenía otra opción, y terminó por correr tras el desconocido subiendo al auto. En ese momento JaeMin no sabía lo que se le iba a venir por delante.












