No es una mala idea, una idea muy nazi, pero una idea que no está mal, nazi, esp si.
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No es una mala idea, una idea muy nazi, pero una idea que no está mal, nazi, esp si.

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En tan sólo unas décadas, los patrones de población mundial podrÃan parecer totalmente diferentes a medida que las tasas de fertilidad continúan cayendo.
Mira el estudio cientÃfco aquÃ:
En tan sólo unas décadas, los patrones de población mundial podrÃan parecer totalmente diferentes a medida que las tasas de fertilidad conti
LA CAMELIA
Este otoño, el segundo después de la guerra, hemos tenido cinco alumbramientos en un vecindario de sólo diez casas.
La mayor de las madres, y también la más prolÃfica, tuvo gemelas, pero una murió a las dos semanas. La madre tenÃa tanta leche que de vez en cuando iba a darle de mamar a la nena de los vecinos, que era su primera, tras dos varones. Me pidieron a mà que le pusiera nombre y elegà Kazuko. Quizá no sea ésta la lectura más obvia de los caracteres con los que se escribe, y desde luego no era mi intención complicarle la vida a la criatura, pero lo escogà porque el primero de ellos es el mismo con que se escribe paz.
Cuatro de los cinco bebés nacidos en el barrio eran niñas. La gente bromeaba diciendo que eran los efectos de la nueva constitución, y en el mismo chiste se sentÃa la paz.
Seguramente fue casualidad que los cuatro quintos de los nacidos fueran hembras y puede que mi comunidad sea más fecunda de lo corriente, pero el caso es que habÃa una gran cosecha de criaturas por todo el paÃs. Era, claro está, por gracia de la paz. La natalidad se habÃa hundido durante la guerra y ahora estaba por las nubes, como era natural tras la vuelta a casa de los jóvenes maridos. Pero no todos los nacimientos se dieron en las familias de los retornados. También los hubo en las casas donde el marido no habÃa estado ausente. Hasta hubo nacimientos portentosos entre parejas de avanzada edad. La sensación de seguridad generada por el final de la guerra producÃa a su vez niños.
No habÃa prueba más tangible de la paz. Se trataba del más privado e instintivo de los fenómenos, ajeno a la derrota, las privaciones y la crisis demográfica. Era como el desbordamiento de una corriente obstruida, como el rebrotar de la hierba agostada. HabrÃa que felicitarse de tal resurgimiento y liberación, si el regocijo fuera de recibo en el caso de nuestra paz. También hay en ello algo animal, que nos mueve a apiadarnos de la raza humana.
Lo que está fuera de toda duda es que los bebés ayudaban a sus padres a olvidar el agotamiento de la guerra.
A mÃ, que ya tenÃa cincuenta años, el fin de la guerra no me trajo hijos. Mi asentado matrimonio se habÃa ido amansando durante los años de la contienda y nada cambió con la paz.
Me desperté de la guerra hallándome ante el crepúsculo de la vida. Me repetÃa que no tenÃa por qué ser asÃ, pero la derrota acarreó una postración tanto fÃsica como moral. Fue como si nuestra nación y nuestra época se hubieran ajado, y como si yo, apartado y solitario, observara el fulgor de la vida desde otro mundo.
La madre del único muchacho era la más joven de las cuatro. Aunque parecÃa robusta, su fragilidad habÃa provocado un parto laborioso. DecÃan que ya al dÃa siguiente, incapaz de orinar por una cánula, se levantó. Era primeriza, aunque habÃa sufrido con anterioridad un aborto.
Mi hija de dieciséis años estaba loca con todos aquellos bebés. Iba a visitar a las familias con las que se llevaba bien y me ponÃa al corriente. Si salÃa de pronto corriendo de la casa era seguro que iba a ver a uno de los pequeños. ParecÃa que un repentino anhelo de vida la habÃa arrebatado.
—La señora Shimamura dice que el otro bebé ha vuelto —vino a decirme un dÃa, sentándose a mi lado—. ¿Crees que será verdad?
—No.
—¿No? —Pareció decepcionada. O quizá no tanto decepcionada cuanto sofocada por haber venido a la carrera. No lo sé. Quizá hice mal en negarlo tan prontamente.
—¿Has ido a ver otra vez al nene de los Shimamura? —ella asintió—. ¿Es lindo?
—TodavÃa es muy pronto para decirlo.
—¿Ah s�
—La señora Shimamura entraba cuando estaba yo. Dijo que era el mismo niño de la primera vez. Tuvo otro ¿se acuerda usted? Supongo que se referÃa eso.
—Será... —mi respuesta fue vaga, aunque de nuevo apuntaba hacia la negativa—. Imagino que es natural que una madre lo sienta asÃ. Pero digo yo, ni siquiera sabemos si el primero era niño o niña.
—Cierto —asintió sucintamente.
Aunque yo seguÃa incómodo, ella no parecÃa tomarse el asunto muy a pecho, y ahà quedó la cosa. Como el aborto se produjo en el sexto mes quizá se llegó a conocer el sexo de la criatura después de todo. Pero entonces no dije nada más.
Al parecer no era sólo la madre, también el padre andaba diciendo que habÃa vuelto el primer bebé, o eso fue lo que un vecino me contó.
En un principio me pareció una idea enfermiza, pero luego cambié de opinión. En el pasado tales creencias eran corrientes y tenidas por perfectamente sensatas. Y aún en nuestros dÃas no están del todo extintas. Quizá los Shimamura sentÃan una certidumbre que sólo a ellos les correspondÃa de que el primer bebé habÃa vuelto a nacer. Lo que no cabÃa dudar era que, incluso si sólo se trataba de sentimentalismo, a ellos los reconfortaba y hacÃa dichosos.
El primer niño habÃa sido fruto de un permiso de tres dÃas con ocasión del traslado del regimiento de Shimamura, que estaba ausente cuando se produjo el aborto. El segundo llegó pasado más de un año de su regreso. Sufrimiento y recompensa; con todo, aún no habÃan superado el dolor de la primera pérdida.
Mi hija hablaba del otro niño como de una persona cumplida, pero desde luego nadie más lo consideraba asÃ. Probablemente sólo los Shimamura pensaban en él como en algo que habÃa llegado a vivir. Yo por mi parte no podÃa decir si habÃa sido asà o no. Estuvo en el seno de su madre, y nada más. No vio la luz del sol y quizá nunca tuvo alma. Pero tampoco es que haya gran diferencia, igual tuvo una existencia más pura y feliz que todos nosotros. En todo caso habÃa algo, un pujo de vida.
Nadie podÃa argüir que este niño y el anterior provenÃan de las mismas células. Tampoco se podÃa establecer una relación directa entre aquel aborto y la nueva concepción. No hay manera de indagar de dónde surge ese impulso de vida. Hasta nos costarÃa demostrar que la vida primera y la segunda son completamente independientes, o si más bien toda la vida es una sola corriente ininterrumpida. La razón nos dice que la idea de que el primer niño muerto renazca es anticientÃfica, y punto. Es tan arduo probar que no hay renacimiento como lo contrario.
Simpaticé hasta cierto punto con los Shimamura, asà como con la criatura malograda, de la que no me habÃa preocupado hasta entonces; sentà como si efectivamente hubiera vivido.
La señora Shimamura, siendo el tipo de mujer que se pone en pie un dÃa después de parir, era de las que gustan del aseo y los primores del hogar. Mi hija solÃa ir a consultarle sus dificultades tejiendo o con las labores que aprendÃa en la escuela. VivÃa sola con su madre, hasta que unos parientes se refugiaron en su casa huyendo de los bombardeos de Tokio, y mi hija se sentÃa obviamente muy a gusto con ellas. La asociación de vecinos me habÃa encargado de la brigada contraincendios y yo estaba muy pendiente de aquella madre con su hija encinta, cuyo marido estaba en el frente.
Me habÃan nombrado jefe de bomberos porque era el único hombre del vecindario que estaba en casa durante el dÃa. Quizás también tenÃa a mi favor que, siendo tÃmido, no era exigente con nadie. Pasaba la guardia nocturna leyendo y escribiendo, procurando no perturbar el sueño de los vecinos. HacÃa mis rondas sin despertar a nadie, y afortunadamente eso bastaba en Kamakura.
Una noche que los ciruelos estaban en flor me pareció ver un resplandor en la cocina de los Shimamura. Mientras intentaba asomarme por encima del portillo se me cayó dentro el bastón. Pensaba pasar al dÃa siguiente a recogerlo, pero luego no fui, pensando que un bastón europeo abandonado por la noche en la trasera de una casa habitada únicamente por mujeres podÃa dar que hablar.
La señora Shimamura vino a devolverlo aquella tarde. Llamó a mi hija desde el portal: —A tu padre se le cayó esto anoche haciendo la ronda.
—¡No me diga! ¿Dónde?
—Dentro del portillo de atrás.
—¡Qué descuidado!
—EstarÃa muy oscuro.
El nuestro era un collado al fondo de Kamakura. Cuando sonaba la sirena antiaérea yo era el primero en llegar al refugio. Una vez que alcanzaba la cueva que nos servÃa de abrigo, dominaba todo el poblado abajo.
Aquel dÃa desde la mañana temprano venÃa desarrollándose un ataque aéreo desde portaaviones. En el cielo se escuchaba un tronido continuo y ráfagas de disparos.
—Tenga cuidado señora Shimamura —grité, saliendo unos pasos de la cueva.
—¡Mire los pajarillos qué asustados están!
HabÃa dos o tres pajarillos en un gran ciruelo. Trataban de volar de rama en rama, con un continuo aleteo, pero sin lograrlo. Sus alitas no paraban de agitarse convulsivamente en el angosto espacio que dejaban las apretadas hojas. E incluso cuando alcanzaban una rama parecÃan incapaces de agarrarse y, batiendo las alas, caÃan del otro lado.
Desde la cueva la señora Shimamura, abrazándose firmemente las rodillas, no quitaba ojo al rebullir de los pajarillos allá en lo alto. Algo cayó con un fuerte estampido en el denso bambudal que tenÃamos cerca.
Junto con mi nueva simpatÃa por el cuento del niño renacido de los Shimamura volvió el recuerdo de los temblorosos pajarillos. Era por entonces que la señora Shimamura estaba encinta del primero. La segunda gestación fue como una seda.
Se produjeron muchos abortos durante la guerra y pocos nacimientos. También hubo muchas alteraciones ginecológicas. Y ahora, este otoño, habÃa cuatro nacimientos en diez casas.
Pasando con mi hija ante la casa de los Shimamura vi una camelia abriéndose en el seto. Me gusta la camelia de invierno, quizá sea por la época.
De repente me apené por todos aquellos niños a los que la guerra habÃa negado la luz del dÃa, asà como por la vida que yo habÃa perdido durante aquellos años. Me pregunté si ésta renacerÃa en algo, en alguna parte.
Kawabata Yasunari
Feminismo para principiantes, Nuria Varela
El principio del fin
Es un temor en la sociedad pensar en una futura sobrepoblación insostenible de nuestro planeta. Pero las descontextualizaciones son una causa frecuente de fallos de predicción.
La variación de una población durante un determinado periodo se obtiene sumando los nacimientos y restando los fallecimientos a lo largo del periodo. Ambos se suelen expresar como tasas brutas en tanto por mil, con un año como periodo de referencia. La diferencia entre las tasas brutas de natalidad y de mortalidad nos da la tasa de crecimiento vegetativa o natural de la población.
Con unos 20 nacimientos y 8 defunciones anuales por cada 1.000 personas para el lustro del 2010 al 2015, cada año la población crece en unas 12 personas por cada 1.000.
No solo el problemas está en la tasa bruta de mortalidad sino en la de fertilidad, que es otro punto clave que debemos tener en cuenta para comprender este problema.
España, que vivió una bajada dramática de su tasa de fertilidad de 2,80 hijos por mujer en 1976 a 1,15 en 1998, un valor considerablemente bajo que, en parte, se explica por el efecto tempo, ya que durante el mismo periodo, la edad media de la madre al tener su primer hijo subió desde los 24,9 hasta los 28,9 años; es decir, en menos de una generación, la maternidad se retrasó cuatro años.
Desde entonces, esta edad ha seguido subiendo hasta los 30,6 años en 2014, convirtiendo a España en uno de los paÃses de maternidad más tardÃa de la Unión Europea, mientras la tasa de fertilidad se ha recuperado hasta los 1,32 hijos por mujer, que sigue siendo una de las más bajas a nivel mundial. Sin embargo, estas tasas subestiman el número medio de hijos de las españolas, mientras continúe la paulatina subida de la edad media para tener hijos.
Por lo tanto, ¿estamos en el principio del fin?
Es por ello que en este diario tratamos de informarte de qué está pasando con este enorme problema a nivel mundial, hazte partÃcipe de ello en este link:
https://paper.li/f-1538472393?edition_id=9d07f2a0-c6ee-11e8-85ba-0cc47a0d15fd#/
Información datos demográficos: https://www.huffingtonpost.es/ansgar-seyfferth/la-poblacion-mundial-crec_b_9605508.html

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Catástrofe demográfica
La demografÃa, estudia estadÃsticamente las dinámicas de la población humana en cuanto a su tamaño, estructura y distribución, asà como sus cambios en el tiempo o el espacio en respuesta a fenómenos tales como los nacimientos, la migración, el envejecimiento y la muerte, asà como los cambios educativos y ocupacionales.Â
Estamos ante un descenso vertiginoso de la natalidad y parece que a nadie le importa lo más mÃnimo. A corto plazo es un desahogo, porque implica menos gasto para las familias y para el Estado, y nadie se queja porque nadie se para a pensar en las consecuencias para el futuro.Â
Según datos provisionales, el año pasado nacieron en España 391.930 niños, lo que supone un descenso del 4,5% respecto al año anterior pero, la crisis económica, el retorno de los inmigrantes y la incorporación de la mujer al mercado laboral son algunos de los factores que aún siguen influyendo en el descenso de la natalidad. La incertidumbre es la razón por la que las personas están dejando de tener hijos.
La nupcialidad descendió en 4,4% , aunque poco tiene que ver con la natalidad en este caso y la esperanza de vida ha aumentado a una media de 79,08 años en los hombres y 84,92 años en las mujeres. Hay un problema y no está en la esperanza de vida sino en la longevidad, es decir, la cantidad de personas de la «cuarta edad», ya que la mayorÃa no tiene la capacidad de ser activos socialmente.
En cuanto al marketing, entre las consideraciones a largo plazo se encuentran los factores externos que afectan al mercado donde actúa la empresa. Esos factores no solo involucran a los movimientos de la competencia o los avances de la ciencia, sino también a los cambios demográficos. Los cambios demográficos pueden barrer a tu empresa del mapa, pero también pueden brindar grandes oportunidades.
Como dije anteriormente, las tendencias demográficas son evidentes y están al alcance de todos, pero la clave está en que no todos las analizan o actúan en base a ellas. Pensando como un futuro trabajador en el campo del Marketing, deberÃamos replantearnos varias cuestiones: ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a pensar en los cambios demográficos que están afectando al mercado? ¿Y cuándo fue la última vez que tomaste una decisión teniendo en cuenta esos cambios? A partir de las previsiones, ¿crearÃas productos dedicados especialmente para estos consumidores (uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años) para sus hábitos de consumo y sus necesidades?Â
Para terminar este post, os dejo con una reflexión, del artÃculo magistral en la Harvard Business Review, ``The discipline of Innovation´´, de Peter. F. Drucker; considerado el mayor filósofo de la administración del siglo XX:  ``Los cambios demográficos son la fuente más fiable ya que son conocidos de antemano, sin embargo, como pocas empresas los tienen en cuenta, aquellos que los observan y los aprovechan disfrutan de grandes recompensas´´Â
¿Qué pensáis vosotros? Dejádmelo saber.Â
Os invito ojear mi cuenta en paper.li:Â
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El mundo del mañana
No hacen falta muchos datos para ver que la población está envejeciendo, ya que cuando salimos a la calle podemos ver que una gran parte son personas mayores. Y es que España envejece, un cuarto de la población en 2033 tendrá más de 65 años, aparte de más mayores estaremos más solos porque el número de personas que viven solos en 10 años aumentará hasta ser 6 millones más en 15 años. Será un paÃs más viejo y con más soledad.
Otro dato que está muy claro es que hay mas mortalidad que natalidad y es que parece que nos da miedo tener un hijo o más, debido al estado actual de la economÃa.
Aun asà se piensa que va a haber una superpoblación debido al aumento de la esperanza de vida y a los saldos migratorios que se calcula que en España la población aumentara en 3 millones en 2033.
https://paper.li/AlbertoTNZS/1539067104?edition_id=ed128000-cb8d-11e8-a188-002590a5ba2d#/
No Country For Young Men
¿Quien pagara nuestras pensiones ? ¿Por que en mi pueblo somos tan pocos jóvenes?
Aunque cada año la esperanza de vida española es mayor, España esta sufriendo una crisis demográfica, gracias al bajo indice de natalidad en los últimos años.
En 2017 fallecieron 423.643 residentes en España, la mayor cifra desde 1941, y un 2,3% más que en el año anterior. Las muertes superaron a los nacimientos, que fueron 391.930, un 4,5% menos que el año anterior.Â
Con un indice de vida mas alto y un nivel de natalidad muy bajo se crean problemas en diferentes sectores económicos, como los que se están produciendo con las pensiones. (mas jubilados y menos personas entrando al mercado laboral.)Â
¿Por que ha bajado el indice de natalidad?
Ha caÃdo el numero de mujeres en edad de ser madres y la mayorÃa atrasa la edad para serlo, ya sea por razones económicas o fÃsicas. Cambios en el pensamiento de la sociedad y crisis económicas llevan a menor natalidad.Â
El declive se ve menos afectado gracias a el indice de natalidad elevados que tienen las familias inmigrantes, en 2017, de los 391.930 nacimientos registrados, 75.564 fueron de madre extranjera, lo cual supuso el 19,3% del total.Â
Según el INE para 2050 la población de España alcanzara los 51 millones de habitantes de los cuales un 16% serán emigrantes. En 2017 la población extranjera representaba el 9,5% de los residentes en el paÃs.
Mantente informado sobre los cambios demográficos en España: https://bit.ly/2CMQMDcÂ
Fuente:https://bit.ly/2QUAICl