- Te amaba – chilla Alba. La insinuación de que sus sentimientos no fueran sinceros quemándole en el alma – Enserio te amaba – ahora un susurro, casi un suspiro.
Gabriel la mira, se miran, la noche se acentúa a su alrededor, volviendo difuso los contornos de sus cuerpos.
- ¿Aún me amas? – la pregunta sonaba pequeña, frágil, fuera de lugar en esa noche de otoño especialmente oscura.
- Cuando te marchaste me dolió. Creí que nunca más volvería a amar, pero las semanas pasaron, y se volvieron meses, y los meses se sumaron, y formaron años, y ese amor que alguna vez alimente con empeño, se fue enflaqueciendo – suspira – Aun siento algo por ti – confiesa resuelta, con algo de pesar en los ojos, aunque él no puede verlo – Pero es un sentimiento tan pequeño, que no se compara con lo que he vivido con Azazel. Él y yo tenemos historia, y esa historia supera lo que sea que aun sienta por ti. No vale la pena correr tras sentimientos tan endebles.