El callar del pueblo es la voz del tirano
 Nombre completo: Mishell Tremaine Rourke
FC: Criedwolves
Fecha de nacimiento:Â 20 de mayo de 1997
Género: Hombre
OrientaciĂłn sexual: Bisexual
Nacionalidad: Isleño (francés)
OcupaciĂłn:Â Viudo
Especie: Humano
Edad:Â 23
Padres: Lady Tremaine y Lyle Tiberius Rourke
PelĂcula de la que proviene: Cenicienta
 Historia:Â
El silencio reinaba en la sala en la que Mishell se encontraba sentado. Se colocĂł un mechĂłn de su tan largo como falso cabello rubio que le llegaba hasta las caderas, mientras cruzaba las piernas y se recostaba en el sillĂłn. Era curiosa la visiĂłn que uno podĂa tener de aquel salĂłn, pensĂł distraĂdamente. La primera impresiĂłn que podĂa dar era de un lugar elegante. TenĂa unos preciosos sillones con fuertes patas de madera. En la mesa de cristal habĂa todo un juego de tĂ© de porcelana blanca. Cuadros colgaban de las paredes, iluminados por la chimenea encendida, dado que el clima de Francia por aquellos meses comenzaba a ser frĂo. Pero, conforme uno se fijaba, podĂa ver todos aquellos detalles que hacĂan perder el lujo a los muebles del sitio. Se daba cuenta de que uno de los sillones estaba rajado, y el otro tenĂa una pata rota. Que la mesa de cristal tenĂa una punta resquebrajada, y que el juego de tĂ© tenĂa los preciosos detalles de ángeles casi borrados. Que los cuadros que les observaban impasible tenĂan los nombres tachados y quemados, como si alguien se hubiese esforzado en no querer recordarlos. Y de repente, ese salĂłn digno de la nobleza no era más que un burdo intento de ser algo que, en realidad, no era.
Mishell suponĂa que lo mismo ocurrĂa con la familia Tremaine. AsĂ que, visto desde aquel punto, no estaba tan mal.
—HacĂa… Mucho que no nos veĂamos. —ComentĂł su madre, tras dar un pequeño sorbo a su taza de tĂ©. Ante cualquiera, la mujer habrĂa parecido frĂa e impasible. Pero Mishell, que habĂa crecido bajo su cuidado, pudo percibir aquel discreto tono nervioso en lo más profundo de su neutral voz. Además, sus manos estaban temblando con ligereza. —Tres años, cuatro meses y veinticuatro dĂas. —ComentĂł el menor, cruzando los brazos. Nunca le habĂa gustado demasiado el tĂ©. La mujer asintiĂł, tratando de procesar el comentario de su hijo. “¿Tanto tiempo?” parecĂa pensar. Pero asĂ era, de hecho. Mishell se habĂa ido de su lado sin tan siquiera decir adiĂłs hacĂa justamente aquella cifra. Y no habĂa regresado, ni dado señales de vida, hasta aquel mes de octubre. AsĂ, sin más, Mishell Tremaine habĂa aparecido en la puerta de la casa de su madre, bajándose de un Ferrari tan rojo como su pintalabios, con exquisita ropa de marca y el cabello ondulado y perfectamente cuidado suelto y brillante. Lo curioso era que, a su madre, de todo aquello, solo parecĂa haberle sorprendido el coche. —Y… ÂżDĂłnde has estado? —TerminĂł por preguntar la mujer. Por un eterno momento, tan solo se escuchĂł en todo el salĂłn el sonido de la cucharilla acariciar la porcelana por dentro de la taza, y el de las manecillas del reloj reclamando cada segundo como propiedad. Miles de imágenes cruzaron por la mente de Mishell. Las largas noches nevadas en las que habĂa dormido en la calle durante meses. Su llegada al club, su nuevo cĂrculo de protecciĂłn bajo los chulos empleados de los Weselton. Las miles de manos, los cuerpos, los hombres. Los hombres. ÂżQuĂ© decirle a su madre, de todo lo que habĂa vivido? InspirĂł profundamente, antes de encoger los hombros. —Me casĂ©. Dos veces. —RespondiĂł finalmente, alzando una mano para mostrar su anillo de alianza más reciente. Dorado, brillante, Madame Tremaine casi pudo ver sus ojos reflejados en Ă©l. —¿QuĂ© pasĂł la primera vez? —MuriĂł. —¿Y dĂłnde está tu actual marido? —Muerto. —Una mala suerte te persigue, hijo. —Tremaine ocultĂł su sonrisa tras la taza de tĂ©. —SĂ, pero la vida me lo sabe compensar bien. —RespondiĂł el chico. Su madre le echĂł una mirada cĂłmplice, y Mishell no pudo más que reĂr con los labios cerrados, dejando escapar algo de aire por la nariz. Era la forma de compenetrarse de madre e hijo; Mishell no iba a decir la verdad; Tremaine no pensaba sacarla a la luz. —Supongo que ahora deberĂa preguntar… —DejĂł la taza, ya vacĂa, en el pequeño platito que sostenĂa con la otra mano, y la dejĂł en la mesa, antes de acomodarse— ÂżPor quĂ© has vuelto? Era una buena pregunta, en realidad. Una muy buena pregunta. Mishell sintiĂł un peso en su vientre mientras pensaba en una respuesta para aquello. No sabĂa explicarlo con palabras; su Ăşltimo marido habĂa tenido mucha familia, que habĂan acudido al entierro entre lágrimas y lamentos. Le habĂan dado las condolencias totalmente afligidos. Y tras el discurso de despedida de la que habĂa sido su suegra durante tan poco tiempo… Se encontrĂł pensando en su propia madre. Preguntándose cĂłmo le irĂa. O, mejor aĂşn, si todavĂa seguirĂa viva. Las cosas como eran; a pesar del hechizo de Adam sobre la gente que habĂa sido internada en la isla, Madame Tremaine habĂa sido bastante mayor a la hora de tener a Mishell. El muchacho podĂa comprobarlo ahora ante la elegante anciana que tenĂa enfrente suya, esperando la respuesta. —¿Por quĂ© no iba a hacerlo? —Dijo, sin embargo. La mujer ladeĂł una sonrisa, antes de negar, y levantarse con dificultad. TomĂł el bastĂłn que tenĂa apoyado al lado del sillĂłn y, con ayuda de este, se acercĂł a la chimenea, tomando una foto. Era de hacer años; Mishell no habĂa nacido en aquella Ă©poca, por lo que la familia solo se componĂa de tres, en realidad. —Drizella se fue con el primer hombre que conociĂł lejos del paĂs; a ese punto llegĂł su desesperaciĂłn. Anthony reclamĂł la custodia de Dizzy, y ambos se quedaron en las casas de acogida para los isleños. ÂżCrees acaso que alguno de los dos se pasa por aquĂ en algĂşn momento? Claro que no. —Dijo la mujer, mirando la foto, antes de suspirar, volviendo a dejar el marco— Lucifer es el Ăşnico que viene de vez en cuando, los domingos. —…¿Sigues sin saber nada de Anastasia? —Mishell era consciente de la herida que acababa de tocar. La que nunca habĂa cicatrizado, la que seguĂa recordando el vĂvido dolor de una hija que ya no querĂa saber nada de su madre, y que repudiaba con asco incluso su mismo apellido. Tremaine, que siempre habĂa llevado el dolor en silencio, cerrĂł los ojos unos segundos, y despuĂ©s negĂł con la cabeza. —Debes odiarme. —Fue su Ăşnica respuesta. Mishell la observĂł desde el sillĂłn. Como su madre, el muchacho siempre parecĂa impasible y frĂo. Pero todo su interior se entumeciĂł con apenas dos palabras. Un minuto pasĂł en religioso silencio, antes de que el chico pudiese hablar: —…No te voy a mentir. SĂ que lo hacĂa. —La mujer se girĂł para mirarle, sostenida por su fiel bastĂłn, con la sombra de la tristeza apagando su rostro. Mishell suspiró— Pero… He tenido mucho tiempo en soledad para pensar. Y lo cierto es que… No fuiste una madre modelo. Pero tampoco una mala madre. Y puede no parecer demasiado, pero teniendo en cuenta dĂłnde estábamos, probablemente fuiste una de las más decentes de allĂ.
Mishell se levantĂł finalmente del sillĂłn. Con los tacones, era más alto que su madre, pero igualmente le tomĂł de su mano libre para mirarla. —Ya no estoy enfadado. No quiero estar enfadado. —AñadiĂł, negando— IrĂ© a hablar con Anthony y Dizzy, Âżvale? Por ahora… QuĂ©date con el sobre que te he dado. —¿Te vas? —Madame Tremaine arqueĂł las cejas— PodrĂas quedarte a dormir… —Bueno, tengo que… —Mishell. —Y el tono de su madre sonĂł entonces no de manera suplicante, porque ella no suplicaba. No de forma tajante, ni dura. Fue el tono más suave que su hijo le habĂa escuchado emplear nunca. Como si quiera decirle algo— QuĂ©date. El chico vacilĂł, pero finalmente aceptĂł. PasĂł el resto de la tarde allĂ, poniendo al dĂa a su madre de lo que habĂa pasado en su vida en aquellos tres años. Le contĂł las cosas buenas y las malas se quedaron en lo más profundo de su corazĂłn. No querĂa preocuparla con cosas que ya no tenĂan soluciĂłn, o eran demasiado viejas para arreglarlas. La nueva casa Tremaine era pequeña, asĂ que Mishell durmiĂł con su madre cuando cayĂł la noche, porque ella insistiĂł en que el sofá no era un sitio creado para el sueño. Se quitĂł el maquillaje, la ropa de calle y su peluca, y Mishell, en su forma más natural, durmiĂł en aquel viejo colchĂłn con la mujer que le habĂa dado la vida. Lo Ăşltimo que recordaba antes de dormirse del todo, fue que Tremaine le dio la mano. DespertĂł de madrugada, sin embargo. DebĂa ser casi el amanecer. Quizá fue una ventana que se dejaron abierta, o alguna puerta que se cerrĂł con el aire. Pero Mishell se despertĂł por aquel golpe. TardĂł un poco en darse cuenta de que seguramente habĂa sido el viento, y se girĂł para vigilar que su madre no se hubiese despertado por su alteraciĂłn. Pero Madame Tremaine mantenĂa los ojos cerrados. Un sudor frĂo recorriĂł entonces a Mishell, todavĂa cogido a la mano de ella, la cual estaba helada. Comprendiendo que ningĂşn ruido harĂa despertar ya a la mujer, el francĂ©s se acercĂł a ella y le apartĂł un mechĂłn grisáceo de la cara. HabĂa ocurrido mientras dormĂa; por eso lucĂa tan tranquila. Incluso sonreĂa levemente. Como si Tremaine llevase esperando eso mucho tiempo. Como si supiese que no podrĂa descansar en paz hasta recibir el perdĂłn de por lo menos uno de sus hijos. Mishell inspirĂł con profundidad, notando sus ojos humedecerse, pero no derramarse. SuspirĂł pesadamente, y esbozĂł una leve sonrisa, terminando de arreglarle el pelo para acariciar con suavidad la frĂa mejilla de su madre. —“Tout va bien, maman.” —Le susurrĂł, acercándose para dejar un beso en su frente— “Reste. Tu le mĂ©rites.”
DescripciĂłn psicolĂłgica:
 Mishell fue criado con una visiĂłn casi frĂvola del mundo, lo que ha producido que, actualmente, tenga una moralidad casi cuestionable. Tiene principios, pero estos no incluyen el hecho de que le importen personas ajenas a su cĂrculo de más confianza. Es por eso que huyĂł de la revoluciĂłn de Auradon; podĂa creer en la causa, pero no se iba a jugar el cuello por gente que ni conocĂa. En definitiva, Mishell mira por sĂ mismo y su propio beneficio.
Poderes: Magia del cristal
 Habilidades:Â
Ya desde pequeño, a Mishell se le educĂł con la intenciĂłn de hacer que su personalidad fuese encantadora e incluso camaleĂłnica. Es capaz de hilar a las personas entre sus dedos como si de hilos se tratase, tan solo usando su encanto. Es la Ăşnica arma que ha usado para enfrentarse a la vida desde que está solo, y todavĂa no hay nadie que pueda decir que no le haya resultado eficaz, teniendo en cuenta lo bien que le va actualmente.
Objetos mágicos en su posesión: Ninguno
 Datos de interés:
A pesar de tener poderes mágicos, no los ha descubierto   y, por tanto, no los utiliza.
Ha tenido la cifra total de dos matrimonios; el   primer duró dos años, y el segundo, seis meses.
Desconoce la identidad de su padre.

















