Encuentros y desencuentros
Sobre la llegada de cierta florecilla a la vida de Myu.Â
Continue Reading
Empezó… empezĂł con una chica. Obviamente, Âżno? Como un chick flick cursi y barato que tiene a todas las colegialas suspirando por su prĂncipe azul, porque igual que en esas pelĂculas vomitivas, este patán perdedor borracho e inconsciente se fue a fijar en la chica más dulce y pura y gentil e inalcanzable. Pero esto era diferente a esas tramas taquilleras, porque ella era diferente. ¡En serio, lo juro! SĂ© que suena al mismo clichĂ©, pero lo digo de verdad. Ella no era como las demás en el sentido de que tenĂa algo, que por mucho tiempo no supe exactamente quĂ© era, tenĂa algo que se me hacĂa terriblemente irresistible, que me hacĂa sentirme como la mosca pegada a la miel, como la polilla atraĂda por la luz fatal. ¡SĂ, yo sĂ© que soy Papillon! Pero es que tĂş no entiendes, esto es literal. Yo, la mariposa, y ella la flor. Te repito que no estoy siendo poĂ©tico, asĂ tal cual te lo digo es. Ok, me voy a saltar esa parte que es más complicada. Si hubiera algo de sencillo en todo esto…
Nosotros no Ă©ramos exactamente novios, como una pareja declarada o algo asĂ, pero hacĂamos las cosas que los novios hacen. Paseábamos, platicábamos, visitábamos lugares. Lugares decentes, sĂ, Âża dĂłnde creĂas que la llevaba? Te digo que ella era especial. SĂ, soy consciente de lo cursi que estoy sonando, Âżme dejas terminar? Bueno, yo le contaba algunas de mis cosas, ella nunca me contaba las suyas, sĂłlo escuchaba. Y reĂa. Y cantaba. Jugaba con mi cabello, jugaba con el agua del estanque, con las hojas rojizas desprendiĂ©ndose de los árboles, con los dientes de leĂłn, con las libĂ©lulas. En algĂşn punto pensĂ© que estaba saliendo con una princesa Disney. Y es que era como si todo a su alrededor le maravillara sin importar lo simple y cotidiano que fuera. Cada puesta de sol para ella parecĂa la primera que veĂa en su vida. Creo que eso era lo que más me gustaba, su infinita capacidad para sorprenderse de todo lo que tĂş y yo damos por hecho. Me invitaba a que yo me sorprendiera junto con ella. Yo encantado de la vida hubiera seguido descubriendo el mundo a diario a su lado. Hasta que desapareciĂł.
AsĂ como habĂa llegado, de repente se fue sin dejar rastro. Sin previo aviso, sĂłlo, ¡puff! Bye. No, ni eso, ni una despedida, ni una explicaciĂłn, nada. Yo estaba como loco, pensĂ© lo peor, pensĂ© mil cosas que podĂan haberle pasado. BusquĂ©, preguntĂ©, investiguĂ©, golpee a un par de gentes; ni con la ayuda de las hadas del inframundo pude dar con una pista siquiera de lo que habĂa pasado con ella. Era como si la tierra se la hubiera tragado.
Y luego la tierra me la devolviĂł, con los brazos extendidos hacia mĂ y su risa cantarina. HabĂa estado tan preocupado que ni siquiera se me ocurriĂł preguntarle dĂłnde habĂa estado. Yo sĂłlo estaba feliz de verla de nuevo, y ella parecĂa feliz de verme tambiĂ©n, porque no me dio razones de nada. A mĂ no me importó… la primera vez.
Las cosas habĂan regresado a como eran entre nosotros, pero un par de meses despuĂ©s, volviĂł a ocurrir, se me desapareciĂł. Igual que la vez anterior, ni una palabra de su parte, mi ataque de pánico/paranoia, mi bĂşsqueda implacable, su regreso tan inesperado como su partida. Pero esta vez sĂ preguntĂ©. “SĂłlo estaba paseando” me dijo riendo. Como si desaparecerse asĂ como asĂ fuera una cosa sin importancia. Mira, yo no soy un celoso posesivo stalker que necesita reporte constante de dĂłnde y con quiĂ©n está su chica, pero estamos de acuerdo en que eso no se hace, Âżverdad? Dejarlo a uno sin saber en dĂłnde está, si está bien, si va a regresar o quĂ©. Pero la perdonĂ©. O sea, no es que me haya pedido perdĂłn, pero yo la perdonĂ©, y volvimos a nuestra rutina.
Hasta que, adivina. ¡Volvió a desaparecerse, la muy… AAAAGGHHH!
AhĂ empezamos una nueva rutina de “Euthalia desaparece casualmente, Myu jura que es la Ăşltima vez que la acepta de vuelta, Euthalia regresa y el idiota de Myu la perdona”. Era un maldito cĂrculo vicioso en donde el Ăşnico afectado era yo. Yo la querĂa, pero no podĂa estar asĂ, nunca sabiendo si la iba a volver a ver o no, si aquel dĂa me iba encontrar con que ya se habĂa ido de nuevo o estarĂamos viendo las estrellas en el bosque. AsĂ que pensĂ© “que se vaya a la mierda si me vuelve a buscar porque para allá voy a mandarla cuando regrese”. Pero no podĂa hacerlo, no tenĂa la fuerza. Cada vez que ella volvĂa, con la consciencia tan tranquila y esa sonrisa sobre su rostro, como si no me hubiera lastimado su completa falta de consideraciĂłn, yo caĂa a sus pies de nuevo como el imbĂ©cil que soy. ÂżVes por quĂ© te dije que era literal eso de la mariposa y la flor? No podĂa evitarlo, y estaba matándome. Quise renunciar a ella y la tortura a la que me estaba sometiendo tantas veces, que me odiaba como no tienes una idea cada vez que me encontraba abrazándola de nuevo, derrotado y humillado.
Un dĂa, en uno de sus… “paseos”, notĂ© que ya estaba tardando más de lo normal en aparecer. Siempre se iba unas tres o cuatro semanas, pero quiĂ©n sabe, a lo mejor ahora quiso tomarse un poco más de tiempo. No le quise dar importancia, de todos modos siempre acababa volviendo cuando más convencido estaba de que no la recibirĂa, quitándome otro pedacito de dignidad al hacerme romper mi promesa. A las seis semanas ya estaba algo nervioso. No sĂ© decirte quĂ© sentĂa, porque no querĂa que volviera, pero sĂ querĂa. Empezaba a preocuparme pero yo mismo me convencĂa de que estaba bien, y de que no me importaba de todos modos, pero sĂ lo hacĂa, y mucho, porque a los dos meses empecĂ© a buscarla. De nuevo a preguntar, a investigar, a buscar, a golpear, a mandar a las hadas, ¡por Hades, puse de cabeza la oficina de Lune! ÂżTe acuerdas el caos de aquella vez? ¡Fui yo! Estaba buscando en sus registros para ver si no se habĂa muerto ya y estaba en quiĂ©n sabe cuál prisiĂłn.
Tuvo que cumplirse un año para que me convenciera de que no la iba a volver a ver nunca más, que estuviera donde estuviera, esta vez ahĂ se iba a quedar. O más o menos. La verdad es que de tanto en tanto pensaba en ella, habĂa cosas que me la recordaban, y a veces de la nada llegaba su recuerdo. Me sentĂa tan patĂ©tico, porque sabĂa que si un dĂa se le ocurrĂa aparecerse, ahĂ iba a estar yo detrás de ella como un perro, y una parte de mĂ deseaba que asĂ fuera pero la otra trataba de aferrarse a su orgullo, y otra sĂłlo querĂa tener la certeza de que al menos estaba bien; una más juraba que no le importaba. Me dividĂ en no sĂ© quĂ© tantas partes.
Pues bueno, resulta que sĂ regresĂł. Hace un mes. Cuatro jodidos años despuĂ©s. Cuatro años de altibajos, de darme de topes contra la pared, de creer que ya lo habĂa superado para luego darme cuenta de que no, cuatro años de mierda. Pero en fin, ahĂ estábamos los dos… y tenĂamos compañĂa. Una niñita que parecĂa un clon suyo pero con el cabello rosa. ÂżSabes cuántos años tenĂa? Poco más de tres. Saca las cuentas, dale. Me hubiera desmayado ahĂ mismo de la impresiĂłn de no ser porque habĂa algo que me preocupaba aĂşn más que la nueva dueña de mis quincenas. Euthalia estaba sonriente y alegre como siempre, pero no se le veĂa tan radiante y llena de vida. Vaya, no se veĂa sana. Estaba muy pálida, muy delgada, su cabello antes perfumado y brillante ya no le caĂa juguetĂłn y alborotado por los hombros, más bien como que escurrĂa pesado y opaco.
No tenĂa parientes, y con esa vida nĂłmada que llevaba nunca trabĂł una amistad tan significativa y comprometida como para cuidar de la niña por ella. Hice lo que debĂa, tomĂ© responsabilidad, las llevĂ© conmigo, cuidĂ© de Chloe, cuidĂ© de Euthalia, hice todo lo que pude, pero ya no habĂa marcha atrás. Se veĂa tan tranquila. Resignada no, no era resignaciĂłn, era aceptaciĂłn. De que todo lo que comienza debe terminar, de que hay un orden natural para las cosas que no tiene sentido intentar alterar, y en donde no hay espacio para los “hubiera”. Ella estaba en paz con lo que habĂa hecho en su paso por esta vida, y habĂa crecido tanto que hubiera… que se jodan los hubiera.
Ahora sólo somos Chloe y yo. No puedo hacerla dormir, sólo duerme cuando está cansada de llorar; extraña mucho a su mamá. Tampoco me habla más que para preguntar por ella. No te voy a mentir, no tengo idea de qué estoy haciendo, pero de verdad lo intento, quiero hacerlo bien por ella, quiero ser lo que ella necesita.