Me levanté a las 8:30 como todo emo funcional. Bañado, cama ordenada (porque el caos interno no se proyecta al entorno si tenés ansiedad), salà a pasear al Hotch (el verdadero terapeuta), y compré alimento para mi diosa Anubis (aka mi gata) y el cuadrúpedo que hace quilombo.
Desayuno con mate y mi tÃa Karina mientras veÃamos El Eternauta versión Netflix: final abierto, pero al menos no me spoileé solo. Yo ya habÃa leÃdo el libro (culto, claro), ella no, asà que fui su guÃa espiritual del apocalipsis argentino.
Almorcé tarta como dios manda (jamón, queso y huevo... porque la muerte lenta tiene sabor), y trabajé solo 2 horitas porque feriado puente, pero no se confundan: esas 2 horas valen por 12.
Montaña de cajas, distribuidores vomitando mercaderÃa, y clientes con actitud de saqueadores: un dÃa más en Mordor. Mate para sobrevivir, piernas destruidas, mente al borde, y cero robos (¡milagro!).
Salida = energizante + pancho venezolano con más toppings que dignidad. Banda sonora del regreso: Lofi-anime-openings, el equivalente a meditar en un templo de Tokio.
Ya en casa, todo el mundo dormÃa. Recalenté tarta, miré a Alex el Capo jugar Bob Esponja (sÃ, eso es real), y luego vino el momento más bizarro del dÃa: mi tÃa intentando meterme en una sitcom sin consentimiento.
Spoiler: no quiero conocer a nadie, y menos si la piba tiene 18. ¡Soy asocial, no antisocial! No soy un NPC que necesita emparejamiento forzado. Tiré bomba de humo ninja y me exilié en PES 6.
Fin del dÃa. Sigue la resistencia.













