Martes de catarsis: “Dejáme que me vaya y vea si quiero volver”
Las preguntas que me hago hoy son: ¿Hasta qué punto uno se queda en un lugar por los buenos recuerdos? ¿Hasta qué punto uno continua en una relación por lo que aquella le brindó? ¿Hasta qué punto uno permanece en la comodidad en vez de decidirse e ir en busca de lo que SABE le va a hacer mejor? ¿Hasta qué punto un muy buen pasado (que ya nunca va a volver a vivirse) pesa más que un futuro prometedor? Hay que moverse; cambiar; probar; soltar. Porque las páginas se pasan, los capítulos se cierran, los libros se terminan. Y pasan personas, miles de personas durante toda nuestra vida y nos enseñan mucho y... vienen otras. Van y vienen personas, van y vienen situaciones que, sin dudas, son mucho mejor que las anteriores. Por eso hay que moverse; cambiar; probar; soltar. Porque si con el tiempo una relación no se profundiza, no se afianza o no madura ni crece; si el vínculo resta en vez de sumar: hay que irse, hay que emprender otro caminito. De última... De última dejáme que me vaya y vea si quiero volver. Capaz que extraño y vuelvo valorando aún más lo que algún día tuve y con la intención de disfrutarlo de por vida ó quizás me encuentro más feliz y terminamos alegrándonos por haber seguido caminos distintos... Lo que sí es seguro es que, en ambos casos, el futuro es prometedor.
















