Mariposa negra (III) Extracto
“Madame Benoit sabía poco de la mujer que conoció como Melissa. La describió como una jovencita sumamente atractiva, reservada y que siempre miraba hacia atrás, como si esperara que algo fuera a aparecer entre las sombras cuando salía de su departamento. Confirmó que tenía dos hijos pequeños y pese a que no era capaz de recordar los nombres, no dudó un segundo al mencionar que el menor de ellos era el bebé más precioso que jamás hubiera visto. Sin embargo, lo que sí podía relatarle con más detalle fue el día del accidente; lo recordaba con asombrosa exactitud ya que ese fue el día en que se convenció de tener el don.
Cass observó a la mujer en silencio y trató de que su entrecejo no se frunciera demasiado ante tal declaración y la sobriedad con la que habló.
―Era de madrugada y sentí un horrendo escalofrío ―explicó acomodando uno de sus chales―. Todo quedó en un silencio antinatural. Fue cuando me asomé con cuidado por la ventana que logré ver a la niña avanzar con dirección a las escaleras.
―Una pequeña de no más de cuatro, cabello largo y oscuro como la noche ―describió con incomodidad―. Llevaba un vestido anticuado y al diablo en los brazos.
―¿Qué tiene que ver la niña con lo ocurrido con Asa? ―preguntó Cass tratando de redirigir la conversación a lo que le importaba, no estaba ahí para recolectar experiencias sobrenaturales o alucinaciones.
―Fue cuando la perdí de vista que escuché el grito de Melissa ―respondió Delphine bajando la mirada―. Fue como si el mundo volviera a la vida, la niña regresó sobre sus pasos y comenzó a alejarse del edificio aun cargando ese bulto infernal. Sentí a alguien correr, pero no vi a nada más, luego varios de los vecinos comenzaron a asomarse con cautela, pero nadie se atrevió a ir a investigar, la policía llegó cerca de una hora después.”