Partió de él
Partió de él. El viaje fue largo. Más que largo, dificultoso, con diferentes obstáculos que trató de sortear. Muchas veces estuvo a punto de abandonar la travesía. Durante todo su recorrido se equivocó de caminos, de acompañantes y medios de transporte. En numerosas ocasiones perdió su norte e intentó recuperarlo ayudando a los otros con la secreta intención de que lo valoraran, pero nunca puso la mirada sobre sí mismo.
Hasta que llegó a un lugar silencioso, donde descubrió una gruta (oscura y profunda como todas las grutas) y, en el fondo de la gruta, halló un arcón. Lo abrió, curioso, y poco a poco fue sorprendiéndose y sintiendo una sensación de bienestar y amor. Medio cuenta, entonces, de que estaba frente a sí mismo y que de todos lo valores que encerraba el tesoro eran sus propias posesiones -recursos y capacidades personales-, de las que nunca había logrado percatarse, o que tal vez no valoraba para sí.
Se llevó las manos al corazón y pudo entender, al fin, que era indispensable para la vida quererse y valorarse, y que la mejor manera de valorar y amar es poder brindarle a la gente que amamos lo mejor de nosotros. Se dio cuenta así de que ése no era el final de su travesía, sino el comienzo: partió desde él y llegó a él para iniciarse.
Ceberio, M. (2013), "Cenicientas y patitos feos. De la desvalorización personal a la buena autoestima", Herder - México.









