Mapa de Viaje
Jung señaló que una persona -individuada- no es lo mismo que una persona -individualista-. No se trata de conformarse con las costumbres, pero tampoco siente la necesidad de desafiarlas. No trata de separarse del resto adoptando vestimentas extrañas o comportamientos fuera de lugar. Por el contrario, se siente realmente como expresión única de la divinidad, no tiene necesidad de demostrárselo a nadie.
Cuando encontramos a una de estas personas, normalmente no se los puede distinguir a simple vista del resto de un grupo. Su comportamiento público y su vestimenta no le distinguen. Puede estar participando activamente en la conversación o en su silencio, pero casi al momento puede apreciarse su cualidad indefinible en su modo de ser que atrae. Es como si todo lo suyo, sus vestidos, sus gestos, la manera de sentarse le pertenecieran. Nada en él esta sobre-impuesto. Todo lo que dice o hace parece brotar de lo más profundo de su centro, de modo que sus más pequeños comentarios aparecen con un significado nuevo. Si esta callado, su silencio también le pertenece. Es un silencio cómodo tanto para él como para otros. A menudo, esta persona parece más presente y activa en silencio que aquellos que participan de una manera más activa. Porque está en contacto con su propio sí-mismo, y el otro responde, de modo que estar en silencio junto a este tipo de personas puede abrir nuevos panoramas de conciencia. Al estar a gusto consigo mismo, esta instantáneamente a gusto con el otro y el otro con él. Se siente como si lo conociera desde siempre. La comunicación es tan abierta y fácil que le comprendemos y, a pesar de eso, nos inquieta. Por un lado es la persona más original que hayamos encontrado jamás, y por el otro, es igual que nosotros. Es una paradoja.















