Tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano— Hebreos 8:1-2

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Tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano— Hebreos 8:1-2

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En estos tiempos Dios me ha hablado mucho acerca de la obediencia, lo cual me llevó a buscar en la Biblia lo que ocurre cuando decido obedecer las enseñanzas del Señor y me encontré lo siguiente:
Las instrucciones que Dios le dio a Josué cuando guio al pueblo de Israel a conquistar la tierra prometida.
7 Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas. 8 Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.
Josué 1:7-8
Además, leer, meditar y obedecer la palabra de Dios trae bendiciones. El salmo 119 habla acerca de las excelencias de la ley de Dios, así los siguientes son los beneficios de seguir las enseñanzas de Dios:
Salmo 119: 1-3,6-7,9,11,28,32,35,45-46,50,56,93,98-100,102,104,105,114,130,143,165.
Vamos a ser íntegros
Vamos a ser felices.
Tendremos verdadero entendimiento acerca de lo que es realmente malo, así no pecaremos contra el Señor.
Hablaremos de Dios con personas de autoridad y no seremos avergonzados.
Viviremos agradecidos.
Sabremos cómo vivir una vida que agrade a Dios.
Seremos más sabios que nuestros enemigos y ancianos.
Tendremos más entendimiento que nuestros maestros.
Encontramos alegría cuando viene la presión y el estrés.
Tenemos vida.
Ampliamos nuestro modo de pensar.
Caminamos en libertad
Nos consuela en la aflicción.
Nos bendice.
Es nuestra fuente de esperanza.
Nos guía constantemente.
Nos dirige para hacer todo con excelencia.
Adquirimos entendimiento e inteligencia
Empezamos a odiar todo camino falso de la vida.
Tendremos mucha paz y no tropezaremos.
Los jóvenes se mantendrán puros.
Salmo 119:105
Que la palabra de Dios sea una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino.
salmos 128:1
¡Dios bendice a todos los que lo obedecen y siguen sus enseñanzas!
Arrodillense todos ante su nueva majestad.
@la-costurera-cuerda20
I’ve never had someone this special, beautiful, glorious, talented, mesmerizing, alluring; if she went missing it wasn’t me. 🖤

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day 18-Fritillaria
la Flor fritillaria significa “majestad”
Pasando
Sin premeditar [U
@dospuntosele - Corelia
“Van a matarme por esto”. La frase retumbaba en su cabeza una y otra vez, como si no hubiera allí ningún otro pensamiento en el cual centrarse. “Me matarán, ¡me matarán!”; Falkner recordaba la desesperación con la que el hombre se aferró a sus hombros buscando al menos una gota de empatía.
La noticia que Dodrio había traído hacía que la situación diera un giro insólito. Habían pasado diecisiete días desde el encuentro con el anciano que le había dado aquel mensaje fantasioso. “Hablo en serio, ya es tarde para mí, van a matarme”, recordaba Falkner. En ese momento no le prestó atención, en ese momento le aconsejó que fuera a su casa a relajarse, que quizás había soñado todo. En ese momento desestimó los presagios del viejo por creerlos nada más que presagios de un viejo.
Los medios se hacían eco de la noticia que afectaba a la región entera apenas una décima parte de lo que afectaba a Falkner: encontraron el cadáver del anciano en un callejón perdido. “Van a matarme por esto”: ya era tarde.
El maestro de los tipo Volador continuó sentado. Trató de no demostrar que por dentro se le destrozaron todos los órganos. Con un gesto tibio, agradeció al Pokémon de tres cabezas por haberlo informado.
Para todos los demás la noche llegó pronto. Para Falkner demoró un poco más, pero llegó. Dormir era algo que ni siquiera estaba en sus planes ni para esa noche ni para las siguientes. La ausencia de sol solo le sirvió al muchacho para aclarar sus pensamientos, para reflexionar sobre lo que había hecho y —más importante aun— lo que no había hecho. Pero, principalmente, le sirvió para recomponer en su mente la conversación completa que había tenido con el ahora fallecido.
—¿Sí?
—¡Oiga, escúcheme, por favor! ¡Tiene que escucharme!
—De… acuerdo, yo… lo escucho…
—Van a matarme por esto, pero ya no tengo fuerzas para seguir huyendo, me matarán, ¡me matarán!
—¿Qu… ¿De qué habla?
—Escúcheme, por favor. Hablo en serio, ya es tarde para mí, van a matarme, pero usted puede evitar que sigan.
—Oiga, este gimnasio es mi trabajo. Si no vino hasta aquí a desafiarme, ¿por qué no vuelve a su casa y… duerme?
—Porque lo que tengo para decirle es importante, di mi vida por esto.
—¿Dio su vida? Usted está aquí, vivo, ¿no?
—Por ahora, ¿me entiende?
—De… acuerdo… ¿qué quiere decirme?
En ese momento Falkner volvió a la realidad, a esa maldita realidad en la que un hombre había muerto y, en parte, por su culpa.
Eran las cinco de la mañana. El anciano había vaticinado dos cosas. Una ya se había cumplido. Para la otra quizás había tiempo. Era momento de actuar.
Se vistió silenciosamente. Fue a la cocina, tomó algunas provisiones y las guardó en un morral sucio que encontró sobre un ropero. Tomó también algo de dinero. El sigilo era crucial: no quería que sus Pokémon se enteraran de lo que ocurría. Bajó a la planta principal. Zubat estaba dormida sobre el respaldo de una silla (qué suerte). Salió del gimnasio, suspiró.
Abandonar la región sin transporte aéreo era sencillo, pero requería tiempo. Una lancha salía de Ciudad Olivo cada hora y transportaba entre treinta y cuarenta personas. Falkner llegó a pie hasta allí y se embarcó a las siete y cuarto. A las diez y media llegó a Pueblo Petroglifo, de donde partía un autobús que lo llevaba a destino en cuestión de cuarenta y cinco minutos. Pasadas las once, ya estaba en Ciudad Yantra.
Eligió entrar al gimnasio porque sabía que allí tenían la obligación de recibirlo, allí no habría problemas estúpidos que pudieran frenar el asunto. Por primera vez fue un alivio verla: todavía no era tarde.
—Escucha, necesito que tomes tus cosas y salgamos de aquí ahora. Es en serio. Tú y todos tus Pokémon. Todos. Ahora, Corelia.