Todo el mundo lo hace. A oscuras, en el baño, en la ducha. A ser posible, cuando tus compañeros de habitación están durmiendo. Pero no siempre es fácil porque si todos esperan a que se duerma el de al lado, te dan las tres de la mañana con una erección como el tamaño de la torre de Gryffindor y sin poder aliviarte. Así que más de una vez hay que hacerlo calladito y procurando que el de al lado no se entere. Pero es difícil masturbarse en paz y sin molestar a nadie, pensando en la chica que te gusta cuando te llamas James Potter y tu mejor amigo espera justo al momento final, te oye ahogar un gemido y grita, solo para molestarte.
- ¡Sí, Lily, así, dios!
Y lo peor es que todavía le dura la última contracción del orgasmo cuando le molesta su voz.
- Eres gilipollas, Sirius. Te lo juro.
- ¿Lo juras solemnemente? – pregunta. Se burla.
James se la guarda en los pantalones, y le lanza una almohada con toda la fuerza que tiene.
El resultado inmediato es que Sirius tiene un ataque de risa y James acaba intentado ahogarle. A horcajadas sobre su cama, que vibra con esa risa perruna que despierta a todos los chicos. Sirius le agarra y consigue ponerle boca abajo y sigue chillando ¡Lily! ¡Lily! ¡Haz de mí un hombre! ¡Libera mi varita mágica!
Si Remus no viviera bajo el influjo lunar de un Black les mandaría callar para poder dormir pero cómo va a dormir si le persigue la imagen de Sirius encima de un hombre, cabalgando, moviendo las caderas semidesnudo, casi de broma, casi en serio.