Raspando la olla de lo que producen los currantes… Por Luis Casado* Ellos no se cansan. Yo tampoco. Ellos son los giles que envían insistentes mensajes destinados a aligerarte de tus escuálidos ahorros, suponiendo que tu pinche salario y tus inesquivables necesidades básicas dejen a fin de mes un discernible saldo, resto o remanente que puedas guardar preciosamente para tiempos (aún) peores constituyendo así un modesto peculio atesorado en una humilde hucha. Eso que alguna vez fue un cerdito de greda provisto de una ranura en el lomo, en fin, una alcancía que de vez en cuando alzabas sacudiéndola para estimar por el peso y por el ruido lo que habías economizado. “Ud debe decidir si prefiere anticipar o padecer. Sus ahorros que duermen en una cuenta no sólo no duermen, sino que se derriten, se funden, pierden valor. Hay tres colocaciones financieras que le harían ganar dinero en períodos inflacionarios…” Así comienza su perorata un genio de las finanzas –te ahorro su chapa– que continúa muy seguro de sí mismo y de tu inconmensurable boludez: “Desde el año 2002 mi trabajo consiste en informar a mis seguidores, en un lenguaje claro y directo, sobre las oportunidades de inversión que hay que aprovechar para hacer fructificar su patrimonio”. Este benefactor de la Humanidad no duerme, inquieto como está de la mala gestión de tus ahorros, él, que sólo busca hacer el bien sin mirar a quién a cambio de una modesta retribución que uno sospecha doble pero no necesariamente sinalagmática. Doble, porque cuando los giles le pasan su billete, este experto financiero lo coloca –lo invierte– en productos financieros comercializados por gangsters más importantes que él, a cambio de lo cual percibe otra modesta comisión de ese lado. No sinalagmática porque la comisión que recibe a cambio de tus ahorros no espera el resultado de la inversión, o sea los cuantiosos intereses anunciados. Además, en el papelito que recibes a cambio de tu billete figura una mención en letra pequeñita que suele pasar piola, y que dice: “La inversión a través de entidades no autorizadas comporta elevados riesgos de pérdida del capital, ya que actúan al margen de los controles establecidos por las autoridades financieras.” En lengua castiza: pagas ANTES de recibir los intereses prometidos, ese anzuelo que muerdes felicitándote de ser tan avispado. Lo que ocurra después es materia de conjeturas, presunciones, ilusiones y sueñitos irresponsables. Cuando uno termina de cagarse de la risa de lo que precede, cae en la cuenta de que las inversiones efectuadas a través de entidades autorizadas también comportan elevados riesgos de pérdida del capital… En otras palabras, no sólo arriesgas no recibir intereses por la suma depositada, sino que puedes perder hasta tu manera de andar. El mundo de las finanzas tiene estas cosas, admitidas, toleradas, aceptadas incluso de buena gana visto que el terreno de caza no debe dejar escapar ninguna presa, por insignificante que parezca. El fulano que te describo, que a mis ojos comete un robo caracterizado, con premeditación y alevosía, sobre seguro y en despoblado, no es sino el rastrillo fino que se asegura de no dejar escapar ninguna víctima. Este tipo de malandra abunda. Por encima de él se encuentran importantes traficantes de quimeras, anhelos y fantasías que inventan fórmulas industriales para hacer caer a los incautos, fórmulas que luego usan como publicidad legal. En estas tierras de Francia, quienquiera practica un aborto fuera del hospital, hace de partera, o te recomienda tomar paracetamol para el dolor de cabeza sin tener un diploma de médico es acusado de ‘práctica ilegal de la medicina’ y puede ir a cana. Pero la venta de promesas ilusorias en los mercados financieros, o la práctica de la usura en los mercados de deuda privada, son extremadamente legales, póngale no más, de eso que no falte. Hoy mismo leí un cuento de hadas de un engendro llamado DLA Piper, “a global law firm delivering seamlessly executed legal solutions across 40+ countries”, publicado en Les Échos, diario financiero parisino, el...








